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Domingo 13 de Mayo de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.387. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 3,20 Bélgica: 3,00 Estados Unidos: 3,50 USD. Francia: 3,05 Irlanda: 3,00 Italia: 2,80 Holanda: 3,00 Portugal: 2,45 Reino Unido: 1,80 LE. Suiza: 5.40 CHF. Marruecos. 30 Dh. Mao está que arde En la plaza de Tiananmen, escenario de las manifestaciones estudiantiles de 1989, algún osado se atrevió ayer a prender fuego al retrato de Mao Zedong, que despidió llamas y humo durante algunos minutos POR PABLO M. DÍEZ asi treinta y un años después de su muerte, Mao Zedong sigue vigilando la vida de su país desde el retrato suyo que aún cuelga en la Puerta de la Paz Celestial, el mismo lugar de la plaza de Tiananmen por el que se accede a la Ciudad Prohibida y donde fundó la República Popular China el 1 de octubre de 1949. Pero este centro de peregrinación para millones de chinos vivió ayer un extraño incidente, ya que, según informaron algunos testigos a la agencia de noticias Reuters, alguien arrojó un objeto ardiendo al cuadro. Como consecuencia, el lienzo parecía tener unos restos de hollín en su parte inferior, por lo que varios operarios se apresuraron a montarse en una escalera para limpiar la pintura. El retrato estaba ardiendo en su parte izquierda declaró a France Presse un diplomático que circulaba en taxi por los alrededores de la plaza. De momento, no se sabe si la Policía atrapó al intrépido vándalo, que puede acabar pagando muy cara su osadía. No en vano, el último que se atrevió a manchar el retrato del Gran Timonel fue el periodista Yu Dongyue. Durante las protestas de 1989 en la plaza de Tiananmen, que fueron aplastadas por la fuerza por el Ejército y dejaron varios cientos de muertos, Yu Dongyue lanzó pintura roja contra el cuadro. Un auténtico sacrilegio porque, a pesar de la apertura económica del país y de los desmanes que cometió Mao durante el Gran Salto Adelante (1958- 61) y la Revolución Cultural (1966- 76) el dirigente comunista sigue siendo venerado como el padre de la patria De hecho, fueron los propios estudiantes que se manifestaban contra el régimen en 1989 los que entregaron a Yu Irene Lozano EL PERDEDOR oda caravana electoral tiene algo de cortejo fúnebre, con su caminar metódico hacia la urna. Algunas a duras penas pueden ocultarlo, porque los latidos del candidato no se oyen y sus facciones se ven desdibujadas: los pómulos emergen, adheridos a la piel violentamente, y la boca se hunde a toda prisa. Su rostro quiere abreviar el trámite de convertirse en calavera. Se sabe inmerso en un irreversible proceso de deterioro, y sospecha que hasta puede haber sobrepasado el punto de no retorno, a pesar de lo cual, ha de salir de casa el decimoquinto día anterior a la elección fingiéndose vivo y seguro de su victoria. El séquito de asesores de imagen, dinámico y animoso en toda circunstancia, se encarga de conservarlo perfectamente embalsamado, pues su sueldo se gana así, rellenando cavidades e inyectando en los vasos sanguíneos líquidos que disimulen la putrefacción. Quedan catorce días y ya no se puede confiar en que la jalea real devuelva el color a la tez. El perdedor sonríe mientras calcula cuánto tiempo le resta de ahuyentar a las Parcas. Le han dicho que, ante todo, no mimetice sus gestos ni sus expresiones, nunca dieron imagen de triunfadoras. El candidato sabe ineludible el tránsito del entierro. Quedan trece días. A ratos imagina su resurrección, pues estar muerto es aburrido. Y espera que la mano amiga que le tomó las medidas para el ataúd lo saque de allí en cuanto caiga la noche en el cementerio municipal. Pero en su agónica cuenta atrás, no puede evitar pensar en esas tribus australianas que exponen los cadáveres en el suelo para que los devoren las aves carroñeras. Y en que la costumbre la están adoptando las mejores familias de París. Sólo quedan doce días. T C Los operarios apenas tardaron un cuarto de hora en adecentar la imagen de MaoREUTERS Dongyue a la Policía por desfigurar el retrato, por lo que aquel fue condenado a 16 años de cárcel. Cuando salió de prisión el año pasado, no era capaz de reconocer ni a su familia y se hallaba mentalmente enfermo, casi con seguridad por las torturas sufridas entre rejas. En el incidente acaecido ayer, la Policía desalojó al instante de la plaza de Tiananmen, la mayor del mundo con 44.000 metros cuadrados, a los miles de turistas y viandantes que la abarrotan cada día. Al ser un punto especialmente sensible de Pekín, numerosos soldados y agentes, tanto uniformados como de paisano, la vigilan las veinticuatro horas del día. Revisando bolsas y mochilas y pidiendo la documentación cada dos por tres, intentan impedir que tanto los disidentes como los peticionarios como se denomina en China a los que han sufrido injusticias por parte de la Administración y vienen a la capital a reclamar, lancen pasquines en la plaza contra el régimen comunista. A Mao, aún presente, no le gustaría.