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90 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo DOMINGO 13- -5- -2007 ABC Proponen inyectar sulfuro en la atmósfera para enfriar la Tierra La geoingeniería, en el ojo del huracán del debate sobre el calentamiento del planeta ANNA GRAU NUEVA YORK. El escenario es: vamos de cabeza al desastre. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático de las Naciones Unidas no para de escupir informes como sapos y culebras, que pronto serán iguanas y dragones. O se frenan las emisiones de gases invernadero, o el calentamiento global va a ser dantesco. Y justo en este momento, sale un Premio Nobel a sugerir que la solución podría ser contaminar aún un poco más. Lanzar aún más gases a la estratosfera para velar los rayos del Sol y ganar tiempo. El holandés Paul Crutzen obtuvo en 1995 el Premio Nobel de Química por sus investigaciones sobre el deterioro de la capa de ozono. Trabaja en Alemania y no es sospechoso de connivencia con los gigantes contaminantes norteamericanos. Pues fue Crutzen quien hace un año ayudó a dignificar el debate sobre la geoingeniería, algo que empezó como un invento del TBO, y que ahora, voces tan autorizadas como la suya se preguntan si no puede ser la salvación- -aunque provisional- -del mundo. En 1991, el físico californiano Michael MacCracken defendió en público por primera vez la posibilidad de lanzar gases escogidos a la atmósfera para cegar un poco la radiación solar, que es lo que en última instancia calienta el planeta. Pocos días después tuvo lugar en Filipinas la erupción del volcán Pinatubo, que lanzó piedras, cenizas y gases hasta 40 kilómetros adentro de la atmósfera. A una distancia de 20 kilómetros quedó en suspensión una miríada de partículas de dióxido de sulfuro, durante años. Durante los cuales la zona experimentó una luz solar más difusa... y un clima más frío. Los promotores de la entonces incipiente geoingeniería Tantear en el Ártico En su película Manderley Lars von Trier muestra cómo los esclavos de una plantación talan jubilosamente unos árboles, que sus amos siempre les prohibieron tocar, para hacer leña. Luego resulta que esos árboles eran la única defensa natural frente a las tormentas de arena. Ese es uno de los terrores de la geoingeniería: ¿cómo puede intentar el hombre modificar un ecosistema que no domina lo suficiente? pregunta Ronald Prinn, del Instituto Tecnológico de Massachussets. Teniendo mucho cuidado, y no haciendo nada irreversible responden MacCracken y Caldeira, impulsores de una experiencia piloto de enfriamiento artificial de la Tierra en el Ártico. Suspenderán partículas tan bajas, que en un año volverán a caer. Sobre cero habitantes. Cegar la radiación solar Crutzen sugiere lanzar aún más gases a la estratosfera para velar los rayos del Sol y ganar tiempo Otros sostienen que, si se toma este atajo, se debilitará toda la lucha de fondo contra las emisiones tóxicas no podían esperar una demostración más espectacular de que interponer más gases entre la radiación solar y la Tierra sí contribuía a enfriar esta última. Desde entonces, la polémica ha sido y es a cara de perro. Lo cuenta esta semana la revista Nature rebobinando la cara y la cruz de un dilema casi hamletiano. Los defensores de la geoingeniería afirman que la reducción de gases inverna- Campesinos filipinos trabajando no muy lejos del volcán Pinatubo, en julio del año 1991 dero no se logrará a tiempo, y que, sin renunciar a ella, hay que coger un atajo. Los detractores sostienen que si se toma este atajo, se debilitará toda la lucha de fondo contra las emisiones tóxicas. Es como dar nuevas ideas a un yonqui para que robe a sus hijos expone en Nature no sin cierta brutalidad, Meinrat Andreae, del Instituto Químico Max Planck de Mainz, en Alemania. Es el mismo sitio donde trabaja Paul Crutzen. Andreae le suplicó a su laureado colega, cuentan, que no publicara su estudio, en 2006, a favor de la geoingeniería. Desde entonces, la bola de nieve no ha parado de engordar. Michael MacCracken dirige hoy el Instituto del Clima en Washington. Y se le siguen sumando voces. Ken Caldeira, de la Institución Carnegie, también en Washington, hizo una medición comparativa de un mundo con el doble de emisiones de dióxido de carbono, y lo mismo, pero con un 1,8 de radiación solar rebotada por partículas cegadoras en la atmósfera. El resultado fue un 97 de calentamiento global en el primer caso, frente a un 15 en el segundo. Las cifras no convencen a todos por igual. Los enemigos de la geoingeniería recuerdan que jugar a esconderse de la luz solar tiene un efecto desigual- -no es lo mismo el día que la noche, no es lo mismo un país tropical que uno nórdico- mientras que el daño de las emisiones tóxicas es inexorable y es constante. También recuerdan que mantener partículas como el dióxido de sulfu- AP Una bola de nieve ro en los niveles más bajos de la atmósfera puede causar millones de muertes prematuras. Los geoingenieros no se desaniman, y proponen alejar el velo de partículas, si es menester, fuera de la atmósfera misma. Quieren usar una especie de cañón electromagnético para lanzar 16 trillones de microsatélites, una especie de sombrillas solares Los costes en tiempo y en dinero son por ahora disuasorios. En sus últimos informes, el IPCC es tajante: ni atajos ni experimentos, guerra sin cuartel contra los gases invernadero, gravámenes a las empresas, reducción del crecimiento económico mundial en un 3 por ciento, si es necesario. Más información: www. atmospghere. mpg. de