Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
84 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos DOMINGO 13- -5- -2007 ABC El espéctaculo de Irak da asco, aunque ahora no es el momento en que los americanos deben retirarse Manu Leguineche s Periodista y escritor El gran reportero español publica ahora su nuevo libro, El club de los faltos de cariño (Seix Barral) título que retoma de un club que él mismo fundó hace cuarenta años y del que formaron parte solteros y casados carentes de calor POR TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Podría ser uno de esos tipos que se pasan todo el santo día y durante años practicando el autobombo. No lo es. El gran Manu (Manuel Leguineche, Arrazua, Vizcaya, 1941) el reportero de todas las guerras, el periodista que tantos palos ha tocado, el escritor de temas que son la Historia del siglo pasado, es sólo un ser cuya condición humana se sustenta en la moral que alimenta la decencia. Es la serenidad frente a la prepotencia del protagonismo tan al uso; su sencillez no es vacua; su cordialidad no es fruto de un interés vano. Este vasco afirma, con humor y pasión, que el Athletic es su religión. En lo más profundo de su alma, en el meollo de su corazón, en el punto más sensible de su cerebro se encuentra la clave de su modo de entender la vida. Decidió hace ya años que en la verdad reside lo sagrado y con esa fe se consagró al periodismo. Es un testigo del siglo XX. Hace 12 años dejó Madrid- es muy absorbente y se trasladó a Brihuega (Guadalajara) donde ha escrito su nuevo libro, El club de los faltos de cariño (Seix Barral) título que retoma del club que fundó hace 40 años y del que formaron parte solteros y casados faltos de calor. Vive en el centro de una miscelánea compuesta por una diversidad en la que caben personas, animales, árboles y otras plantas. Amigos de siempre lo visitan con frecuencia, amigos recientes y cotidianos lo rodean día a día, la gata Muki- -hasta hace poco el pato Toribio al que se cargó una comadreja, son vampíricas dice- los árboles del jardín que evocan, entre otros, a Baroja, Delibes, Hemingway y a su querido Umbral a quien los duendes que juegan en las imprentas han borrado del libro. Leguineche cree que la vida es lo mejor que se ha inventado, porque pase lo que pase, descubres que es lo que te queda. En mis momentos de depresión que no son muchos, ni notables, sé que hay que agarrarse a ella tros en un etc. que recoge sus vivencias a uno y otro lado del mundo. Una veintena de obras, en fin, entre las que está La ley del mus prologada por el Rey. -Usted ha estado rodeado de peligros. En Camerún, por poner un ejemplo, estuvo a punto de ser linchado. ¿Ha pasado mucho miedo? -No. Todos tenemos un poco de prevención, el horror al vacío que tenían los romanos, pero conocer el mundo da seguridad y un cierto fatalismo oriental. Aventurero romántico ¿Fue ese espíritu el que le llevó a dar la vuelta al mundo con apenas 20 años? El único piropo que admite durante el diálogo es el de aventurero romántico. El horror, el horror, el horror escribe en El corazón de las tinieblas Sin embargo, lo peor es que te das cuenta de su existencia y de que al final nada cambia. Es como si el hombre estuviese incapacitado para resolver sus conflictos. Le dé el nombre que le dé, guerra económica, de religión, de odios interminables, siempre aparece una razón para justificarlas. -Conrad describe muy bien el horror... Manu Leguineche ción humana, ¿usted? res dijera aquello de derribemos las fronteras Algunas cosas se arreglan; otras, nunca. No hay felicidad permanente. -La situación política de España fue determinante. Franco era un sargento y poco menos. Yo necesitaba una revolución interna como tantos otros jóvenes españoles que hacían sus pinitos por Europa. El mundo te llamaba y el salto al exterior renovaba no sólo el tuyo, sino a tu propia persona. Trabajé en oficios diversos como, por ejemplo, camarero, en nuestro continente y luego, con un grupo de periodistas norteamericanos di la vuelta al mundo en jeep. Su bautismo de fuego como corresponsal de guerra lo recibió con veintipocos años. Ha estado en todas, incluidos serios conflictos: Vietnam, Líbano, Bangladesh, Camboya, Irán, Palestina, Israel, Nicaragua, Chipre, Marruecos, Guinea Ecuatorial, China... Todo ha quedado escrito en libros como La destrucción de Gandhi La vuelta al mundo en 81 días Sobre el volcán Filipinas en mi jardín Los palestinos atacan En el nombre de Dios Portugal: la revolución rota La guerra de todos noso- -Camus confiaba en la condi- -Quiero hacerlo, pero los hechos son tercos y está claro que por muy buena voluntad que le echemos, después de dos guerras mundiales no hemos adelantado mucho, a pesar de que un ministro inglés de Exterio- ¿Pesimista? ¿Realista? -No se trata de algo personal, sino de observar como se redoblan el sufrimiento y el hambre. -Solidaridad. Además, el hombre sufriente es el que te habla, te pregunta. ¿Qué sintió al tenerlos cerca? -Kapuscinski hablaba de los otros refiriéndose a las personas con las que el periodista debe contactar para sentir la verdad. -No me extraña, usted como él se ha alejado del cinismo, tan frecuente, por desgracia, en este oficio. -Lo conocí y nos caímos bien. Me han contado que cuando vino a Oviedo a recoger el premio Príncipe de Asturias, preguntó por mí. En Afganistán, durante la vuelta al mundo que dio en 1965 ABC -Si estuviera en la guerra de Irak, ¿qué escribiría? -Es una tentación fácil cuando se contemplan el hambre, el dolor, la crueldad, pero es detestable. No se puede caer en eso. Guerra económica, de religión, de odios interminables... siempre aparece una razón para justificarla Me siento incapaz de mentir. La mentira siempre pasa factura, y la historia también afirma el periodista -Lo que en verdad sucede. Hay una escuela de pensamiento según la cual nunca debió declararse. La revolución iraquí actual ha derivado en una situación difícil de comprender. El espéctaculo da asco, aunque ahora no es precisamente el mo-