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42 INTERNACIONAL Tribuna abierta DOMINGO 13 s 5 s 2007 ABC Cristina Palomares Historiadora DE LA BLAIRMANÍA A LA BROWNFOBIA ODAVÍA no hemos alcanzado su ecuador y este mes de mayo ya está plagado de acontecimientos para el primer ministro del Gobierno británico, Tony Blair. El miércoles 2 de mayo, Blair celebraba su décimo aniversario como primer ministro; el jueves 3, se celebraban elecciones locales en Inglaterra y regionales en Escocia y Gales, con una importante pérdida de poder para los laboristas; el domingo 6, el primer ministro celebraba su cumpleaños; el martes 8, la restauración de la autonomía de Irlanda del Norte; y el jueves 10, y tras una dilatada espera, Blair anunciaba su renuncia como primer ministro y líder del partido laborista. El pasado mes de septiembre, el vespertino Evening Standard publicaba que dicha decisión había sido pactada por Tony Blair y Gordon Brown tras un golpe acometido contra Blair. Un golpe interno que, aunque mal orquestado, Blair no pudo controlar. Blair prometió entonces que dejaría Downing Street en un año. Tras diez años de mandato, la popularidad del hombre que transformó el partido laborista, consiguiendo incluso el récord histórico de llevarlo al poder tres legislaturas seguidas, ha caído en picado hasta el punto de convertirlo en una carga para el partido. El momento del cambio, por tanto, ha llegado. Blair dejará el número 10 de Downing Street el 27 de junio, tras reunirse con la Reina. Está previsto que el partido laborista celebre una conferencia extraordinaria alrededor del 30 de junio para confirmar al nuevo líder, que no será otro que el Canciller Gordon Brown. stas últimas semanas, Tony Blair ha sido un primer ministro obsesionado con encontrar el legado que deja tras una década en el poder. Según el semanario The Economist, el mayor logro de Blair ha sido consolidar las reformas pro- mercado que comenzó Margaret Thatcher que sólo extendió a las áreas de educación y salud en su segunda legislatura, a pesar de llegar al poder con el slogan educación, educación, educación en 1997. Para muchos críticos, el Gobierno de Tony Blair se ha preocupado más de la imagen de sus propuestas que de su contenido. Lo que se ha llamado la política del spin. ¿Qué deja enton- una sólida reforma si no por la elevada inversión pública. Los ciudadanos no ven que el nivel de mejora se corresponda con el dinero invertido. or otra parte, una de las primeras reformas del Gobierno laborista fue la decisión del canciller de otorgar al Banco de Inglaterra libertad para controlar los tipos de interés. Los laboristas también establecieron el salario mínimo y nuevos derechos para los trabajadores. Sin duda, el Reino Unido ha disfrutado una década de bonanza económica, pero los analistas señalan que ningún Gobierno puede continuar con el altísimo nivel de gasto público hasta ahora mantenido por los laboristas (700.000 puestos de trabajo creados han ido a parar a funcionarios de la administración) Los impuestos han subido considerablemente, las familias están endeudadas y las pensiones en situación crítica. El Gobierno laborista ha roto la hucha. Entre los logros del Gobierno Blair destacan: (I) la reforma constitucional por la cual, y tras un referéndum celebrado en septiembre de 1997, se creaban los parlamentos regionales de Escocia y Gales; y (II) el histórico Acuerdo de Viernes Santo finamente hilvanado por su antecesor, el conservador John Major, el cual garantizaba la autonomía de la región y eventualmente le otorgaba un Parlamento. n el ámbito internacional, la histórica relación del Reino Unido con los Estados Unidos llevó a Blair a volcarse por completo en apoyo de la Guerra contra el Terror de George W. Bush. Los terroristas nunca se rendirán si nosotros nos rendimos dijo Blair en su discurso de despedida. Blair también ha puesto en la agenda internacional la cuestión del cambio climático (ahora acertadamente adoptada por los conservadores) y de la pobreza en África. El resultado negativo para el partido laborista de las elecciones del pasado 3 de mayo ha confirmado que Gordon Brown va a tener que trabajar mucho para ganarse de nuevo la confianza de los electores. El acercamiento al centro político de su adversario conservador, David Cameron, puede jugar una mala pasada en las próximas elecciones generales (previstas para 2009) al canciller Brown, que juega en la izquierda. Su difícil carácter y sus métodos auguran que el nuevo Gobierno será más laborista y drásticamente distinto al de Blair. Muchos ya están pidiendo elecciones anticipadas. Con Blair llegó la Blairmanía. Con Brown parece que la Brownfobia El resultado negativo para el partido laborista de las elecciones del pasado 3 de mayo ha confirmado que Gordon Brown va a tener que trabajar mucho para ganarse de nuevo la confianza de los electores. El acercamiento al centro político de su adversario conservador, David Cameron, puede jugar una mala pasada en las próximas elecciones generales (previstas para 2009) al canciller Brown, que juega en la izquierda T P E ÁNGEL CÓRDOBA E ces el carismático Blair tras de sí? Una reciente encuesta publicada por el diario The Independent desvelaba que para el 69 por ciento de los entrevistados, de dejar algún legado, Tony Blair deja la guerra de Irak. Aún así, el 61 por ciento consideraba que ha sido un buen primer ministro. En un emotivo discurso de despedida en Tremton, Sedgefield, distrito que representa como diputado, Blair señaló que las expectativas habían sido muy altas y muchas no habían sido cumplidas. A pesar de eso, se congratulaba de que el país disfruta hoy de mejores servicios: más empleo, menos desempleados, mejor sanidad y educación y mayor seguridad. Muchos, sin embargo, opinan que Blair, uno de los políticos más hábiles y con mejor oratoria que ha tenido el Reino Unido en muchos años, no ha sabido utilizar la fuerza masiva que le han dado las urnas para corregir siquiera algunas de las deficiencias que arrastra el país desde años; entre ellas, precisamente, el sistema sanitario y la educación. Estos servicios públicos han experimentado cierta mejora en estos diez años, pero no precisamente por La popularidad del hombre que transformó el partido laborista, consiguiendo incluso el récord histórico de llevarlo al poder tres legislaturas seguidas, ha caído en picado hasta el punto de convertirlo en una carga para el partido. El momento del cambio, por tanto, ha llegado