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ABC DOMINGO 13 s 5 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA COALICIÓN DEL TINELL E EL RECUADRO LAS VENTAS COMO PLATÓ ÍAS de toros de San Isidro. Días mediáticos de San Isidro. ¿Cuántos espectadores caben en la plaza de Las Ventas? Pues depende. Depende del share de la retransmisión televisada de la corrida. Cada día, a las 7 de la tarde, hay una España que va a los toros sin necesidad de soltar el Metro en esa estación que el día menos pensado va y la inaugura Magdalena Álvarez: en plazas más osadas ha toreado, como en la terminal de la T- 4. Cada día, a las 7 de la tarde, se ve la corrida de Madrid en Valencia, y se ve en Bilbao, y se ve en Pamplona, y se ve en Ronda, la de los toreros machos. Todo por la televisión. Las Ventas, como antes la plaza de los toros de Sevilla, vulgo Maestranza, tienen el tendido de los sastres mayor del mundo, gracias a Manolo Molés, a Antoñete y a mi paisano trianero Emilio Muñoz. Cartel de toreros comentaristas que por cierto Zabala de la Serna acaba de completar en las páginas de ABC con el pase de la firma de Ortega Cano. Antoñete, Muñoz y Ortega, no está malamente rematado el cartel, con un encierro de Las Ventas del Espíritu Santo, que hasta suena a ganadería de César Rincón. Le preguntaron una vez a Curro RoANTONIO mero si le gustaba que se televisaran los BURGOS toros y dijo que no. Con una frase magistral, para esa Antología de Sentencias de Toreros que Andrés Amorós debería reunir y publicar: El aroma no se puede televisar El aroma de un muletazo no se puede televisar, ciertamente. Pero sí el eco sonoro de ese aroma. Gracias al público. Los del televisivo tendido de los sastres, ora pasando por taquilla como ocurrió con la Feria de Abril sevillana, ora con solo el abono mensual del canal digital como en San Isidro, saboreamos ese aroma que no se puede televisar por su eco en el público de la plaza. Los clamores del tendido, las protestas, los oles, los pañuelos pidiendo la oreja, sí se pueden televisar. Y son parte fundamental de la retransmisión. Imaginen un partido de fútbol televisado sin público que diga o que le miente sus castas todas al árbitro cabrón. No tendría emoción. Imaginen una corrida televisada desde D Las Ventas sin público que proteste los toros con el pañuelo verde que se traen desde su casa. No tendría el menor interés. Yo por eso, como reciente y obligado figurante en las retransmisiones de pago y taquilla de las corridas de la Feria sevillana, propongo a las uniones de abonados y a las asociaciones de aficionados que exijan y reclamen (en demanda formal que nos podría sustanciar el taurinísimo letrado Joaquín Moeckel) la suprema aspiración de todo aquel al que le gusta la Fiesta Nacional: ir a los toros de válvula, de gañote, de pescuezo. Y no sólo eso, sino además, cobrando por salir en televisión desde el tendido. Mi argumento es muy sencillo. ¿No pagan las televisiones a los figurantes que les llenan los platós, a los que un regidor les dice con un pizarrón cuándo tienen que aplaudir y cuándo tienen que abuchear? ¿No hay pensionistas, estudiantes, amas de casa, parados y paseantes en Corte que se ganan todos los días un dinero muy curioso yendo de público alquilón a las televisiones? Pues los que vamos de público a las corridas televisadas hacemos exactamente lo mismo, pero pagando. Y a eso no hay derecho. Cuando Molés se ahorra además el dinero del regidor que le dice al público del plató cuándo hay que decir al trincherazo, ole al pase de pecho o pico, pico al que se alivia con el canguelo ante las dos velas. Las Ventas en estos días, como la plaza de Sevilla antes, es el único plató televisivo donde los figurantes del estudio pagan, y no cobran un duro por su actuación. Si por televisar la corrida cobran los toreros, el ganadero, los banderilleros, los picadores, la empresa y creo yo que hasta la música, ¿por qué no han de cobrar los que van al Tendido 7 con su pañuelo verde, si son parte fundamental de la retransmisión? ¿Por qué no hemos de cobrar los espectadores nuestra cuota de protagonismo, cuando el público es parte del rito televisado? Si por cada vez que en los días de Feria de Sevilla me dijeron ayer te vi en los toros por la tele Manolo Molés me hubiera dado cuarenta duros, yo ahora no estaba aquí escribiendo este artículo, sino que como me habría hecho más rico que Samuel Flores, estaba de millonetis en mi cortijazo del campo bravo, cuidando el embarque de mi corrida para Madrid. N estas elecciones hay papeletas con muchas siglas, pero los bandos en liza son sólo dos. En uno está el Partido Popular, y en el otro sus adversarios, liderados por el PSOE en coalición con los nacionalistas e Izquierda Unida. Ésa es la realidad, y ésa es la verdadera batalla política del 27- M, como consecuencia del proyecto de aislamiento al que el presidente Zapatero ha sometido en los últimos tres años al centroderecha español. Hay un tercer bando, que se llama ETA, disfrazada por gracia del Gobierno bajo bandera de convenienciacomolos barIGNACIO cos- pirata, y dará sorpreCAMACHO sas desagradables cuando llegue el momento de los pactos, pero en el grueso del territorio nacional las fuerzas en disputa escenifican un pulso goyesco que se resume en una sola premisa: todos contra el PP condenado a una alternativa esen, cial entre ser mayoría absoluta u oposición. Las escasas excepciones disponibles casi empeoran el panorama, pues se trata de socios de contrastada trayectoria especulativa, expertos en el mercado negro del voto. La menguante CDN en Navarra, los muy particulares nacionalismos de los archipiélagos (Coalición Canaria y Unió Mallorquina) y el Partido Andalucista en Sevilla y alguna otra localidad andaluza. Más allá de eso, lo que funciona es la Coalición del Tinell, que es el verdadero eje del proyecto político zapaterista; un frentepopulismo de nuevo cuño en el que la izquierda se alía con los nacionalistas burgueses para un reparto del poder sobre la base de la disgregación territorial y la jibarización del Estado. En puridad no estamos ante un fenómeno nuevo, aunque el mandato de Zapatero le haya otorgado una cohesión casi programática a esta alianza socialnacionalista (huyamos por ahora de la fácil tentación de invertir el adjetivo) lo novedoso de la cuestión es la vocación de permanencia queel presidente ha construido en torno a esta especie de Liga confederalista, proyectándola hasta las próximas elecciones generales. Dicho de otro modo: en los pactos poselectorales de municipios y autonomías se va a sembrar una semilla destinada a fructificar en 2008... en la hipótesis de una victoria nacional del PP Por eso, ocurra lo que ocurra el día 27, Mariano Rajoy debería, desde el mismo día siguiente, emplazar a ZP a reeditar el decente compromiso que formuló en vísperas del 14 de marzo de 2004: no intentar formar gobierno si no saca un voto más que el PP en las próximas generales. Hasta ahora, desde que se restauró la democracia siempre ha gobernado en España el partido más votado, quedando para autonomías y ayuntamientos el obsceno carrusel de mercadería política que a menudo subvierte el sentido de la voluntad popular. Pero los síntomas de los últimos tres años apuntan a una estrategia diferente que requiere una urgente clarificación en aras de la limpieza democrática. Malamente resignados al abuso de un sistema electoral imperfecto, los ciudadanos tenemos que saber si existe la intención de extrapolar el manejo hasta someter a subasta el mismísimo timón del Estado.