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ABC SÁBADO 12- -5- -2007 Ley del Cine: El que tiene la pelota sobre su tejado es el Gobierno Fernando Lara, director general del ICAA 81 Los nazis también intentaron crear una iglesia nacional a través de los llamados Cristianos Alemanes quienes sostenían que Jesucristo no era judío, sino ario. Pero se produjo una fuerte reacción en la Iglesia Evangélica y la operación se frustró. En cuanto a los católicos, pese a haber suscrito un Concordato, los nazis comenzaron a cerrar sus periódicos, a clausurar las organizaciones seglares y estatalizar sus escuelas. Hubo una tensión continua entre la Iglesia Católica y el régimen Evans no considera, como otros historiadores (Götz Aly, La utopía nazi Crítica) que los ciudadanos alemanes se beneficiaran cómplicemente de la arianización de la economía entre 1933 y 1939. Los judios sólo eran un 1 por ciento de la población en 1933, y se concentraban en las profesiones liberales y en el mundo de los negocios. Algunos historiadores quizá han exagerado mucho. Los nazis, en efecto, presionaron a los judíos para que vendieran sus negocios y, también, a los propietarios de las empresas para que despidieran a gerentes y trabajadores judíos. A mediados de los 30, algunos se beneficiaron de los bajos precios de esas empresas y de las propiedades judías, pero otros pagaron el precio justo; y algunos pocos, incluso, las compraron pero les permitieron que las explotaran Entre 1933 y 1939, la política contra los judíos persiguió separarlos de la sociedad alemana. Cuanto más seguro se sentía, Hitler iba tomando medidas más radicales. Primero pronunciaba un discurso; entonces sus seguidores lo interpretaban como un llamamiento a la acción; y por último, se tomaban resoluciones legales. Por ejemplo, tras la Noche de los Cristales Rotos, Hitler ordenó la deportación de 30.000 judíos a campos de concentración, a los que luego se liberó cuando prometieron que se marcharían. A medida que la guerra se acercaba, los judíos iban a constituir para Hitler el mayor peligro cuando estallara Para Richard Evans la función de la Historia es contarnos lo que ocurrió, no lo que podía haber ocurrido si las potencias occidentales se hubieran opuesto a Hitler en los años 30. Los británicos se sentían culpables porque consideraban que el Tratado de Versalles había sido muy injusto con Alemania. Por su parte, Hitler en público decía siempre que él buscaba la paz y Europa temía que volviera a producirse una guerra mundial. La política de apaciguamiento de Chamberlain tuvo enorme sostén popular hasta que la invasión total de Checoslovaquia, no sólo de los Sudetes germano hablantes, demostró que Hitler emprendería una gran guerra de expansión y conquista Bajo la batuta del Reich Un libro, una exposición y un documental arrojan luz sobre las intrigas del nacionalsocialismo con la Filarmónica de Berlín RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. El último de los cuatro judíos de la Philarmoniker tuvo que hacer las maletas, en marzo de 1935, y salir por la puerta de atrezzo. Tomó el barco para América, como los otros, sin mirar atrás. Los nazis campaban a sus anchas en la orquesta, querían dirigir el nuevo arte, también en una de las mayores instituciones culturales, no sólo de Alemania, sino del mundo. Furtwängler, como reputada batuta de la célebre orquesta, hizo entonces algo en los círculos más altos pero era sobre todo un artista, subyugado por el arte Luego, sobre el pasado de una de las corporaciones más pestigiosas del mundo, cayó un velo de silencio y brillo internacional bajo el simpar Herbert von Karajan. Pero a todo en Centroeuropa le llega el día de la llamada ahora memoria histórica y, por primera vez, la Filarmónica de Berlín se enfrenta a su pasado en un libro de próxima aparición, con motivo de sus 125 años. Das Reichsorchester. La Filarmónica de Berlín en el nacional- socialismo recoge la investigación del joven musicólogo y director Misha Aster. Sus 125 años de historia no habían sido seriamente abordados y menos durante el nacional- socialismo, ha reconocido en la presentación de la temporada su directora general, Pamela Rosenberg. A diferencia del público, que lo que piden es que se analice en cambio el declive frente a las orquestas de Múnich y Viena, la orquesta parece haber acogido con curiosidad la investigación: Ésta es otra generación, pero es comprensible que hasta ahora no se hubiesen interesado explica Aster, hasta 1989 había un director, von Karajan, cuyo pasado ha estado estrechamente relacionado con los secretos de aquel período. No reprocho nada a nadie, ni a la orquesta ni a Karajan, pero esto explica el telón caído tras de 1945. El no menor genio del compositor, y entonces su director, Wilhelm Furtwängler, en una imagen de archivo Wilhelm Furtwängler, a la sazón también director de la Staatsoper, mantuvo como responsable de una de las mayores instituciones culturales del Reich unas complejas relaciones personales con las autoridades nazis. Tanto que tras la derrota ABC Ser un gran músico, como Furtwängler, no implica ser una gran persona Dos casos notorios ejemplifican la actitud de empresarios y personalidades no afiliados al partido nazi durante aquellos años: las armónicas y Wilhelm Furtwängler. Hohner monopolizaba la fabricación y exportación de las armónicas; cuando los nazis llegaron al poder, la fábrica quiso congraciar el intrumento con la doctrina, asimilando las armónicas al folclore nacional; pero los nazis, secundando a los músicos tradicionalistas, se negaron, porque no eran genuinamente alemanas y sonaban a música vulgar y extranjera, de vaqueros americanos. Como otras empresas alemanas, la Hohner quiso convivir con el régimen Por su parte, Furtwängler ejemplifica cómo ciertas élites conservadoras despreciaban a los nazis y subvaloraban su poder. Era director de la Filarmónica de Berlín, la cual era privada, por lo que allí tocaban músicos judíos protegidos por Furtwängler. Sin embargo, éste cometió un error al criticar publicamente la prohibición de Matías, el pintor una ópera de Paul Hindemith. quien tenía un pasado modernista que delató Rosenberg. A Furtwängler lo despidieron, aprovecharon la ocasión para deshacerse de los músicos judíos, y luego, tras varias conversaciones con Goebbels, Furtwängler regresó a la orquesta como director invitado. A partir de entonces, fue un buen servidor del régimen y además, al ir por libre, le fue económicamente de maravilla. En fin, ser un gran músico no implica ser una gran persona A la búsqueda de titulares Abonados y críticos no dejan de temer en parte el componente polémico que buscan hoy denodadamente las corporaciones, a la búsqueda de hacer titulares a cualquier precio con noticias extra musicales, por contrarrestar el típico medio patio vacío de Berlín. La Philarmoniker presentó un programa de 93 conciertos sinfónicos, un 72 dirigidos por sir Simon Rattle, y el resto formado por 38 participaciones de batutas invitadas, que ofrecerá una contraposición de las obras de Beethoven y Alban Berg así como interpretaciones de las sinfonías 9 y 10 de Mahler. fue inhabilitado y sólo la intervención externa de maestros y músicos, incluído el judío Yehudi Menuhin, le lograron el salvoconducto protector de la desnazificación. Aster explica cómo el arte se vio atrapado entre los innumerables privilegos con que fue colmada la institución por el régimen, los músicos lo aceptaron con gratitud, aprehensión y vindicación a la vez, intentando equilibrar cada cual su estatus excepcional con el grado de autonomía artística necesaria, las tensiones ideológicas y organizativas, los gustos de la época y los legalismos un tan humano como patético crisol de contradicciones en medio del monumental esfuerzo de un sistema por nacionalizar y dirigir la cultura. Una exposición y un documental abordarán paralelamente la época desde la entrada de los primeros músicos nazis en 1932, y su intento de golpe en la orquesta. Naturalmente la obra aborda un historial de directores, instrumentistas y eventos musicales históricos, diseños, posters y tickets de época, que harán las delicias de aficionados junto a la controversia.