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12 5 07 EN PORTADA Kate Lección de estilo De actriz a actriz Amparo Rivelles: Hay cosas que sólo podía llevar ella TEXTO: MATILDE HERMIDA A la actriz Amparo Rivelles le ha gustado siempre vestir bien. De hecho, muy bien. A menudo, en el cine, tenía que desaparecer bajo las crinolinas de personajes de época, pero en escena- -Celestinas aparte- se desquitaba. Y no digamos cuando pisaba la calle. -He sido siempre muy exigente con la ropa, me he gastado dinerales, pero no porque crea que lo ca- ro es elegante (sólo me parece elegante lo que es adecuado para cada momento) sino porque me gusta mucho la moda, interpretarla a mi estilo y presentarme siempre bien vestida en los sitios. Lo hacía por respeto al público, pero sobre todo por mí. -Hubo décadas fantásticas para el vestuario de las actrices. Y parece que las señoras que iban al cine agradecían mucho aquel desfile... -Los 30, los 40, los 50... Se cuidaba mucho el vestuario de las actrices. Yo creo que se dejaba más libertad a los figurinistas, a los directores de vestuario. Hoy los directores intervienen más, no digo que sea bueno o malo. Es así. A mí me importaba mucho cómo aparecía en las películas aunque, lógicamente, me tenía que adaptar a los personajes y, claro, en cosas como El clavo ni un escotito. -Pero, ¿podía elegir su estilo cuando interpretaba películas contemporáneas? ¿Hay alguna película cuyo vestuario recuerde como el mejor? -Me gustaba mucho como trabajaba Pedro Rodríguez, pero quien me vestía regularmente, en mi vida normal, era Asunción Bastida, una modista muy buena, que adaptaba las tendencias a mi figura y mi estilo. Precisamente ella creó todo el vestuario de la película en la que me encuentro mejor vestida, desde el primero al último traje. Fue en El amor que te di (1959) Interpretaba una especie de delincuente, que se hacía pasar por millonaria... ¿Qué pensaba y qué piensa del estilo de Katharine Hepburn? Era muy atrevida. Por supuesto que le ayudaban sus hombros anchos, su delgadez... Yo hablaría de sus líneas, no las de su ropa, sino las de ella en movimiento... Yo creo que antes se dejaba más libertad a los figurinistas, a los directores de vestuario. Hoy los directores intervienen más, no digo que sea bueno o malo. Es así Hepburn, con abrigo de lino blanco sobre vestido negro, de Clare Potter. 1933 Era ya una actriz conocida cuando usted debutó en el cine... -Era una mujer capaz de vestir como nadie lo hacía, de llevar cosas que nadie podía llevar, más que ella. Y siempre fue así. Hace unos días, de madrugada, estuve viendo Adivina quién viene esta noche (1967) Aparecía con una especie de túnica imposible, en un tono crema muy difícil. Era un traje arriesgado para cualquiera, aunque tuviera buena figura, pero allí estaba... Estupenda. Katharine Hepburn era muy atrevida. Por supuesto que le ayudaban sus hombros anchos, su delgadez, su forma de andar, su altura. Yo hablaría de sus líneas, no las de su ropa, sino las de ella en movimiento... -Ha aludido usted a su altura- -1,71- -pero es lo mismo que mide usted... ¿Sí? Yo era alta para la época, pero mi físico nunca fue el de una mujer delgada, yo siempre fui muy mujerona y debía tenerlo en cuenta a la hora de vestir, sobre todo para el cine, donde siempre engordas ¿Cómo era? Me refiero a las películas en blanco y negro. Yo veo ese blanco y negro y me gusta, pero ahí detrás había colorido, texturas... ¿Cómo lo recuerda? -Usted no ve blancos y negros, realmente, sino grises... Y el director de vestuario tenía que cuidar la combinación de los grises que iba a percibir el espectador. Cada color da un gris diferente, así que decían aquí ese vestido rojo, allí convendría un azul... ¿No añora los sombreros? La Hepburn parecía preferir su pelo rojo... o los gorros de pescador. Pero eran el remate de la figura. Algunos, tan espectaculares, parecen hechos solo para las películas. -Muchas veces era así. Pero claro que los añoro. Eran preciosos y una solución: ¡no había que peinarse tanto! Yo he sido una fanática de los turbantes. Como tengo mucho pelo, los rellenaba muy bien y me podía presentar perfecta... aunque no hubiese podido pasar por la peluquería.