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38 INTERNACIONAL La sucesión de Tony Blair SÁBADO 12 s 5 s 2007 ABC Gordon Brown se desmarca de Blair y reconoce que hubo errores en Irak Promete menos despliegue mediático y decisiones más consultadas EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Gordon Brown lanzó ayer su campaña para el liderazgo laborista- -que ganará sin dificultades, por lo que el 27 de junio se convertirá en primer ministro, con apoyo finalmente expreso de Tony Blair- -con un desmarque del actual premier británico, más en la forma que en el fondo, en una intervención en la que la anécdota fue el mensaje. El canciller del Tesoro (ministro de Hacienda) protagonizó un acto nefastamente preparado a efectos mediáticos. A los lados del atril desde el que pronunció su discurso, dos pantallas de las que suelen usarse para guiar al orador en el contenido de su intervención taparon parcialmente su cara cuando apareció en televisión. Las pantallas eran opacas y no transparentes y nadie de su equipo sugirió otro emplazamiento para las cámaras. Buscado o no- -sobre eso ayer los analistas políticos británicos estaban en desacuerdo- lo cierto es que el efecto venía a redundar en el mensaje que Brown quería transmitir: se ha acabado la política del envoltorio y el spin doctor (la estudiada presentación mediática que busca manipular a la opinión pública) que siempre se han atribuido a Blair y que al final se han acabado volviendo contra el primer ministro. Nunca he creído que la presentación deba ser un sustituto de la política. No creo que la política tenga que ver con el famoseo manifestó Brown. Sin mencionar explícitamente a Blair, también vino a atacar la política del sofá del actual primer ministro, cuando importantes decisiones se han tomado en el tresillo de los Blair en presencia de un reducido grupo de asesores. Brown prometió amplias consultas y discusiones a la hora de fijar las principales políticas de su futuro Gobierno. No es que el aspirante a premier le esté pasando las cuentas a Blair ahora que éste ya ha fijado una fecha para su marcha, sino que Brown busca una línea propia acorde con su carácter personal más reservado y sobre todo que marque una diferencia con su antecesor especialmente en las formas. Probablemente sólo podrá ganar las próximas elecciones, en 2009 ó 2010, si la sociedad le percibe como alguien alejado de los defectos de Blair. Dado que necesita presentar su futuro mandato como algo nuevo, cuando ha compartido con Blair los diez años de su gobierno, Brown no anunció unos contenidos políticos sustancialmente distintos- -al fin y al cabo, el Nuevo Laborismo fue también elaboración suya, por más que ayer no hizo referencia a esa etiqueta- pero sí un diferente modo de abordar la relación con los ciudadanos. Tony Blair ha dirigido este país durante diez años con distinción, coraje, pasión y clarividencia. En la semanas y meses por delante, mi tarea es demostrar que tengo nuevas ideas proclamó. Su novedad pasa principalmente por mayores consultas a la hora de grandes decisiones. Brown retomó una propuesta ya expresada recientemente de que sea el Parlamento el que tenga la última palabra en actos de guerra, y reco- noció que en Irak se cometieron errores Brown, que votó a favor de la invasión y no ha cuestionado la presencia militar, pasó de puntillas sobre la materia. Se cuenta, en cualquier caso, con que su relación con Washington no será tan estrecha como la mantenida por Blair, pero es atlantista declarado y admirador de EE. UU. donde ha vivido. Su campaña arrancó, además, después de que Blair le expresara públicamente su total apoyo ABC. es Vídeo de Gordon Brown en abc. es internacional Marcar la diferencia Gordon Brown, durante la rueda de prensa para anunciar su candidatura ayer en Londres AFP Gordon Brown s Candidato a líder del Partido Laborista MORALISTA DEL TRABAJO Su mayor ventaja en el pasado, su aspecto hosco y sólido de ministro de Hacienda, puede ser a partir de ahora un obstáculo para erigirse en líder del país E. J. B. LONDRES. Gordon Brown fue ayer todo sonrisas. Acusado durante años de tener un aspecto tristón y taciturno, ciertos modales hoscos y dificultades para sintonizar con la gente, el canciller del Tesoro se dejó ver en compañía de un grupo de jóvenes en desenfadado saludo y procuró no fruncir el ceño ni una sola vez. Lleva meses intentando parecer más próximo, aplicando ligeros cambios de vestuario (alguna corbata más llamativa, o incluso sin ella) celebrando los goles de la selección inglesa de fútbol (como para mitigar su marcado origen escocés) y explicando algo más sobre sí mismo y su familia. Lo que durante años no había sido un especial problema, UN ACARTONADO pues en la llegada al Gobierno su aspecto serio encajaba con el deseo de labrarse una imagen de solidez como titular de Hacienda y demostrar- -ése ha sido su mayor éxito- -que los laboristas también podían ser fiables en materia económica, ha devenido en un inconveniente a la hora de convertirse en primer ministro. Sobre todo cuando su rival conservador, David Cameron, por su juventud y modernidad, puede encarnar mejor la idea de cambio. Nacido en Glasgow en 1951, Brown es hijo de un pastor de la Iglesia de Escocia. Eso ha marcado enormemente su personalidad, como ayer volvía a reconocer: Mi padre era un ministro de la iglesia. Para mí, mis padres fueron, y su inspiración todavía lo es, mi compás moral. El compás que me ha guiado en cada etapa de mi vida Exigencia moral, sentido del deber, moral del trabajo, igualitarismo... Los valores de Brown están fuertemente enraizados en la tradición laborista, con una militancia temprana, a diferencia de un Blair más ecléctico y de un izquierdismo relativamente tardío. Pero el Nuevo Laborismo es tan fruto de uno como de otro y en el partido ambos están en el mismo compromiso reformista. Más que cambios de fondo, Brown aportará su personal estilo, procurando hacer de la necesidad virtud. A pesar de sus esfuerzos, difícilmente se le dejará de ver algo acartonado en sus gestos, pero eso es algo que ya ayer comenzó a aprovechar: no es el showman que muchos censuran en Blair, y su discurso de hijo de pastor protestante puede devolver la confianza hacia un laborismo lastrado por diversos escándalos.