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ABC SÁBADO 12 s 5 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA TONY ARISMÁTICO, eficaz, superficial, tan pragmático que ha elegido el momento de marcharse antes de que lo retire una derrota. Abrió un camino camuflado de renovación para la socialdemocracia aprovechando el desgaste del post- thatcherismo, y transitó con firmeza por él sin miedo a las etiquetas ni a los prejuicios. Se equivocó en Irak, como todos los que se aventuraron en esa apuesta envenenada, pero tuvo el coraje de pedir perdón sin arredrarse y cosechar una nueva victoria a base de jugarse la cara. La bomba se la pusieron los islamistas después de las elecciones, no antes, como a su amigo Aznar, y reaccionó con aires de desafío churchilliano poniendo pie en pared IGNACIO con un discurso histórico. CAMACHO Cometeríamos un error de proporciones gigantescas si pensásemos que porque nosotros cambiemos ellos van a cambiar dijo en el más brillante y lúcido alegato moderno contra las teorías del apaciguamiento. Ahora se va con las encuestas en contra, quemado por una década de reformas inciertas, pero aún se ha decorado las sienes con el acuerdo del Ulster, esa paz a la medida de los pistoleros que tanto encandila a nuestro ZP; sólo que Tony Blair, el pragmático, sabe que tarde o temprano hará crisis el precario equilibrio pactado y prefiere que no le salpique el fracaso. Una vez, en la Moncloa, almorzando con Aznar en pleno fragor de las manifestaciones antibelicistas en toda Europa, los dos líderes cometieron pecado de arrogancia: bromearon sobre quién tenía menos apoyo en los sondeos. Ambos creyeron en su iluminada capacidad de remontar la corriente, y por poco lo logran; a Aznar se le cruzaron en la vía los trenes asesinos de marzo y el pueblo español lo culpó del crimen, algo que jamás habría hecho el británico, acostumbrado a cerrar filas ante la desgracia. Blair aprendió la lección, se fajó en el cara a cara ante las urnas y le dio la vuelta al previsible revolcón. Su mejor virtud ha consistido en darse cuenta de que la magia de un político no dura siempre ni se puede estirar más allá de las evidencias. La tercera vía, según su gurú Giddens, consistía sólo en buscar respuestas reformistas a los problemas de la gente en un momento en que la derecha las encontraba antes que una socialdemocracia anquilosada en eso que Sarkozy llama la nostalgia del 68. Algo parecido hizo Felipe González, otro prestidigitador, otro maestro de la impostura oportuna, otro encantador de serpientes, pero Blair se ha percatado a tiempo de que las culebras habían empezado a dormirse con su música. Estos dos políticos se parecen extraordinariamente; un par de demiurgos de vocación actoral, ungidos por el don de hablar a una multitud de ciudadanos, conseguir que cada uno de ellos se sienta mirado a la cara y decirles exactamente lo que desean oír. Los dos ganaron tres veces seguidas, pero Felipe quiso estirar la baraka y tentó demasiado su propia suerte. Blair ha preferido proyectarse en la Historia, con sus luces y sus sombras, antes de arrastrarse en un último empeño abotargado y estéril. Lo más difícil de la política es irse, comprender que un año más de poder no vale décadas de amargura, impopularidad y deshonor. C ÁNIMO, SEBASTIÁN, TÚ PUEDES EBASTIÁN suele llamarse el mayordomo de los vodeviles, a quien corresponde el papel más irresistiblemente cómico de la función. Al mayordomo Sebastián, abnegado y flemático, le toca ocultar las trapisondas del señorito calavera que lo emplea y apechugar con las consecuencias de las mismas, poniendo cara de feldespato ante las carcajadas del respetable. A Miguel Sebastián, el candidato socialista a la alcaldía de Madrid, su jefe de filas le ha adjudicado el papel de mayordomo en el vodevil de las elecciones municipales, después de que otros conmilitones de mayor relumbrón pusieran pies en polvorosa ante el ofrecimiento envenenado; y, en honor a la verdad, hemos de reconocer que el bueno de Sebastián, aunque bisoño en estas lides, está demostrando una vis cómica y una vocación esperpéntica memorables. No alcanzará el protagonismo que ansía, pero desde luego se está ganado a pulso la predilección del público, que cuenta sus apariciones por carcajadas de las que provocan hernia inguinal. He aquí algunos de los momentos más irresistibles de su actuación: JUAN MANUEL 1) Los túneles de la M- 30 ya están DE PRADA funcionando a pleno rendimiento. Son el resultado de una de las obras de ingeniería pública más ambiciosas que se recuerden. Entonces el bueno de Sebastián se entera de que se ha roto una cañería en uno de los túneles y se desplaza hasta allí, en plan espontáneo taurino, para señalarlo con el dedo. El gesto es de una hilaridad enternecedora, más o menos como si la mujer barbuda se empeñara en desposeer de su título a Miss Universo, alegando que tiene un callo en el dedo meñique del pie izquierdo. 2) Las riberas del Manzanares se han quedado expeditas para el disfrute de la gente, tras el soterramiento de la M- 30. Entonces al bueno de Sebastián se le ocurre, en plan arbitrista de tebeo, que hay que montar unas piscinas fluviales y se lleva al lugar a Zerolo (nótese, en la elección del partenaire, el delicioso olfato para la astracanada del bueno de Sebastián) con quien improvisa un peloteo, para ir ha- S ciendo ambientillo playero. Sublime, decididamente sublime. 3) Esperanza Aguirre y Gallardón se disponen a inaugurar la línea de Metro que conduce hasta la nueva terminal del aeropuerto, realizada sin aportación del erario estatal. Entonces el bueno de Sebastián se presenta en el aeropuerto la víspera de la inauguración, acompañado de la ministra de Fomento y del candidato Simancas, ese señor bajito e indiscernible que el maestro Mingote siempre saca entre la multitud, portando una pancarta que advierte desesperadamente de su existencia. La irrupción de este nuevo trío de la bencina en la terminal aérea, con la pretensión de usurpar protagonismo por todo el morro, es digna de los truhanes de las películas de Berlanga. El bueno de Sebastián se consagra así como un genio de la comedia bufa. 4) Pero un talento de la comedia bufa como el bueno de Sebastián se crece a medida que el público se troncha de la risa. Entonces acude a la llamada de la selva y secunda a la novia de Tarzán, también conocida como baronesa Thyssen, cuando se encadena a los árboles del paseo del Prado. Quizá salir en la foto con la novia de Tarzán no le sirva al bueno de Sebastián para rascar votos, pero a poco que alargue la mano puede ponerse ciego a rascar bótox. Fellini en estado puro. El bueno de Sebastián desea, en fin, demostrarnos que no sólo Talía lo ha bendecido con sus dones, sino también Melpómene, musa de la tragedia. El bueno de Sebastián no quiere ser recordado tan sólo como un tipo gracioso que nos amenizó el vodevil de la campaña electoral y, de repente, sabemos que puede quitarse el disfraz de mayordomo y convertirse, en la mejor tradición de los villanos shakespearianos, en un lóbrego muñidor de informes que rumia su venganza contra el plutócrata que en otro tiempo no supo apreciar su genialidad. Alcalde de Madrid no será, pero el bueno de Sebastián nos está haciendo pasar unos ratos gozosísimos. Nadie le hace sombra en el tablado de la farsa. Y aún le quedan quince días para demostrar sus dotes. Ánimo, Sebastián, tú puedes.