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104 GENTE www. abc. es gente VIERNES 11- -5- -2007 ABC Cherie Blair: el adiós de la sombra de Tony Las pocas simpatías que ha generado en su papel como segunda dama, junto con el rigor con el que ha sido criticada han marcado su paso por el 10 de Downing Street, del que se marchará, junto a su esposo POR JOSÉ MANUEL COSTA MADRID. Cherie, hija del algo inestable actor Tony Booth, llegó a segunda dama del Reino sin mayor experiencia en relaciones publico- políticas pero en la cúspide de una brillante carrera como abogada y jueza. La combinación de brillo profesional y supeditación al trabajo público del esposo no es algo fácil de llevar, como demuestra el caso, vagamente similar, de Hillary Clinton. Sobre todo si frente a cámaras y grabadoras se es a veces de una ingenuidad rayana en lo inconsciente. ¿Es sensato pedirle a la tiburonesca prensa británica que durante las vacaciones veraniegas procuren no retratar demasiado su celulitis? Nadie lo dice abiertamente en el Reino Unido, pero una razón por la que Cherie comenzó a caer mal fue su catolicismo militante. Tony Blair, anglicano, acompañaba a su mujer a misa e incluso comulgaba en la ceremonia, algo que el primer ministro hubo de aclarar de manera algo confusa. No debe olvidarse que en aquel país los reyes no deben ser papistas de manera que las devociones de su primer ministro pueden ser tratadas como cuestiones de Estado. Aquello quedó como un sedimento, también teñido de cierto machismo, que se preguntaba si no sería la esposa quien lideraba al líder, algo que preocupa sobremanera a los ingleses al menos desde Shakespeare. La comparación con Lady Macbeth no se ha producido a menudo, pero sí otra casi opuesta: con el gato de Cheshire que aparece en Alicia. La sonrisa de Cherie, una especie de rictus forzado que muchos comparan con el de algunas gárgolas góticas, podía dar bastante grima, eso es cierto. Esta animadversión generalizada ha producido efectos curiosos. Lo que en otras esposas de premiers hubiera resultada incluso simpático, a ella no se le ha perdonado. Como el detalle de abrir la puerta del 10 de Downing Street en camisón sin darse cuenta de que allí hay fotógrafos de guardia o la revelación de que había comprado unos zapatos en eBay, actitud calificada por la prensa amarilla como miserable. La gente tampoco tiene en cuenta que cuando las cosas se ponen un poco más serías, como sucedió con la compra de unos inmuebles en Bristol por parte de la pareja, Tony Blair procuró no dar la cara y Cherie se vio obligada a ponerla en su lugar. Para recibir las bofetadas, obviamente. Su sino ha sido bastante duro. Por un lado, se exigía que sus gastos indumentarios corrieran a su cargo, por otro se ponía como chupa de dómine su cuestionable gusto en el vestir. Se esperaba de ella que fuera una madre entregada, pero también que asistiera a eventos caritativos y que encima estuviera en forma para recibir a altos mandatarios. La mujer trataba de hacerlo y de cumplir con sus muchos cometidos profesionales, pero el público ha seguido sin pasarle una: cuando una vez la pillaron colándose en un tren, el tema dio para alguna portada amarilla que otra. La verdad es que Cherie es un producto de su menos inteligente pero mejor manipulador esposo. Es él quien la ha hecho aparecer como parece y quizás no sea: una mujer codiciosa, conspiradora y llena de ambición. Pensándolo bien, repasando ahora los incidentes, da la impresión de que probablemente sea mejor persona. Eso se comprobará con el tiempo. Lo que en otras esposas de premiers hubiera resultada incluso simpático, a ella no se le ha perdonado Cherie Blair, en una imagen de archivo, durante un viaje a Nueva York AP