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92 TOROSsSAN ISIDRO VIERNES 11- -5- -2007 ABC Corrida cuesta arriba y desenchufada SAN ISIDRO Monumental de las Ventas. Jueves, 10 de mayo de 2007. Primera corrida. Casi lleno. Toros de Martelilla y Casa de los Toreros, desiguales dentro de su seria fealdad, altos, fuera de tipo; sin poder ni fuerza; descastados, destacó el noble 1 sin terminar de humillar. Luis Miguel Encabo, de blanco y oro. Media estocada y dos descabellos (silencio) En el cuarto, dos pinchazos y otro hondo tendido (silencio) Antonio Ferrera, de verde oliva y oro. Estocada (silencio) En el quinto, pinchazo, estocada corta atravesada y descabello (silencio) Fernando Cruz, de rioja y oro. Pinchazo, metisaca y estocada delantera. Aviso (saludos) En el sexto, estocada y dos descabellos. Aviso (silencio) ZABALA DE LA SERNA MADRID. Cuesta arriba entera. En todos los aspectos. La corrida y la tarde, la tourada que dicen en Portugal, y el festejo mortuorio. Los toros de Martelilla traían todos una constitución invertida, cuesta arriba. Todos menos uno, el segundo, más bajo de agujas, morfológicamente con más posibilidades de humillar. Pero se comportó igual de desenchufado a la red de la casta que el resto. Y a la fuerza. A la corrida se le podría calificar con el adjetivo de desigual. O de igual (de fea) Fea y seria. O seriamente fea. Mucho viento también en las banderas, capotes y muletas; y mucho aire por debajo de las barrigas de los toros, despegados del suelo en alzadas que variaban entre la figura destartalada del cuarto y la del torancazo y basto quinto. Y seguimos sumando factores en contra del espectáculo: un público que todavía no se ha ubicado en la feria recién estrenada. O sea también desenchufado en cierta medida. Sobre todo en el toro que abrió tarde, corrida e isidrada, que fue a la postre el más notable, por noble. Aunque no terminase de humillar, se movió con bien en su justas fuerzas. Ambas condiciones fueron denominador común en sus hermanos también, no así la movilidad. A que a la faena no se enchufase la gente, contribuyó todo. Primer toro, el propio toro, y el academicismo pulcro de Luis Miguel Encabo, que, sin embargo, realizó cosas que no tuvieron ningún eco, como cinco o seis verónicas de salida o las primeras tandas sobre la derecha en los medios. Después la faena se Ferrera quiebra, de espaldas y en los medios, en el preludio de un par que electrificó la plaza con un toro de 606 kilos IGNACIO GIL EL QUITE DEL MAESTRO José Ortega Cano MI PRIMER PASEÍLLO on las ilusiones y los miedos propios del debutante, afronto hoy mi primer paseíllo en la prensa escrita. En estos momentos, no puedo evitar rememorar la tarde de mi presentación en Las Ventas, la cáte- C dra del toreo. Fue un 14 de mayo, en 1978, con toros de Sotillo Gutiérrez, tarde en la que no llegué a cortar orejas, pero di dos vueltas al ruedo. Me inspiro en todas las sensaciones que se experimentan cuando suenan los clarines que anuncian el arranque de San Isidro. Una feria llena de sueños: los sueños del ganadero preparando sus mejores toros de la camada; los sueños de las figuras esperando pasar el examen de la Universidad del toreo; los sueños de los que necesitan escalar puestos del escalafón, a cualquier precio, y los sueños del aficionado por disfrutar de una gran corrida. Ahora, deseo en este compromiso con el ABC y con una sección taurina de tanta solera, con Zabala de la Serna a la cabeza, si no cortar orejas, por lo menos que sea como el día de mi debut en Madrid, de vueltas al ruedo. ¡Cuántas ilusiones y cuántos temores he vivido en ese patio de cuadrillas! ¡Cuánto anhelaba abrir la Puerta Grande! Aquel primer paseíllo es comparable hoy a mi primer artículo en ABC. Y espero no defraudar a aquéllos que siempre creyeron en mí. Amigos lectores, saben que lo mío no es escribir, sino torear. A las pruebas me remito. Pero no me importa, porque, al fin y al cabo, sé que el toro de la crítica es más que el del papel de la opinión. Y la opinión es la ciencia y el arte de mi mundo. perdió en un tono monocorde de derechazos y silencios. Los mayores aplausos habían sonado en el tercio de banderillas, que fueron a lo largo de la tarde como breves electroshocks a los tendidos, en especial los desprendidos por Antonio Ferrera. Ferrera podrá gustar más o menos con los palos, parecer más recortador que rehiletero clásico o a veces ser más espectacular que puro, pero injusto es restarle mérito alguno. Porque ponerse de espaldas en los medios con un toro de 606 kilos a galope, quebrar el viaje y clavar los arpones de poder a poder no lo hace cualquiera. De hecho, no lo hace, entre todos los matadores banderilleros, ninguno. Y luego volvió a quebrar en otro par por los adentros. Fue casi todo lo