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ABC VIERNES 11 s 5 s 2007 VIERNES deESTRENO 89 Retrato de mujer con tigre al fondo Hace cien años, un día tal que mañana, Katharine Hepburn llegó al mundo por cuenta de una madre sufragista y de un padre especializado en gonorreas y demás miseria erótica POR MONTERO GLEZ Sin duda alguna, la lindeza de esta mujer residía en su esqueleto. Sólo fijarse en los pómulos gatunos y más abajo aún, en las piernas que pocas veces enseña y que siempre propone, para darnos cuenta de que la belleza es cuestión de huesos. Aunque en su caso todo lo demás sobra, por lo que sigue a sus muslos cabe apuntar que Katharine Hepburn era de nalga respingona y lechosa, es decir, de un matiz que escapa del sol cuando pica demasiado. Por lo que respecta a su boca, señalar que la tenía bien dotada y fácil de suponer. Era como si, por un calculado descuido, siempre estuviera goteante de mermelada y nata montada. Este detalle, sumado a la morbidez pecosa del arranque de sus senos, trae por consecuencia a una mujer deseable por los más exigentes, los mismos que acomodan el vicio a la butaca cuando empieza la película. No hay entradas Hace cien años, un día tal que mañana, Katharine Hepburn llegó al mundo por cuenta de una madre sufragista y de un padre especializado en gonorreas y demás miseria erótica. Aunque nacida pelirroja, desde muy chica se comportó como si fuese una morena. Los que la conocieron de cerca coinciden en que se desenvolvía con cierta frescura cuando el peligro acechaba a la orilla de sus faldas. Y que sólo tenía ojos- -dos y muy claros- -para un tal Spencer Tracy. Piernas también tenía dos y que ya se citaron junto con el reverendo como concluyente de ambas, aunque no se hiciera alusión a la obscena rodilla que, siempre que el guión lo permitía, punteaba sus largas faldas. Por seguir con lo mismo, recordar que sus primeras películas fueron un fracaso de taquilla y que sólo compró entradas una selecta minoría. Los más exigentes, los que siempre disfrutaron con esta hembra de hueso largo, gastaron pupila en la placentera misión de colar al cerebro todo el tuétano que per- Katharine Hepburn, en todo su esplendor mite la oscuridad de la sala. Y así pasaron los años. Y así hasta que llegó el día en que por unanimidad todos terminaron con el brazo en cabestrillo, colgando en cada nueva película de la actriz el cartel del No hay entradas. Los que llegamos tarde a las salas del noble vicio, recordaremos a Katharine Hepburn como actriz esculpida a hierro y fuego por el cincel del mismísimo diablo. Una hembra de punta de lanza que, en el fondo, andaba buscando lo que todas. Que alguien le alegrara ABC Aunque nacida pelirroja, desde muy chica se comportó como si fuese morena los huesos con la rumba esa que dice: tú lo que quieres es que te coma el tigre, que te coma el tigre, tus carnes pecosas. Y en ese plan. Más información sobre la actriz: http: www. katharinehepburn. net