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18 ELECCIONES 27 M ESPAÑA ANÁLISIS VIERNES 11 s 5 s 2007 ABC Vuelta al 11- M Resulta un poco pobre, ciertamente, que tras tres años de gestión gubernamental la baza electoral sea tratar de volver a la situación del 11- M s Cabe preguntarse si el PSOE cree que sólo puede ganar en circunstancias sociales y psicológicas similares Digo que venía despertándose porque la estrategia de sumar apoyos contra el PP venía alentándose desde tiempo atrás aprovechando el apoyo del Gobierno de Aznar a la intervención aliada en Irak, el accidente del Yak- 42, el Prestige y la marea negra en Galicia, etc. Puede decirse que, en todo ello, la oposición actuó con sensibles dosis de demagogia, pero los analistas del PP no deberían obviar los propios y graves errores de su Gobierno y su partido. La guerra en Irak se planteó como una operación que los ciudadanos debían apoyar por una suerte de fe en que el poder público sabe más que ellos y mejor lo que les conviene, pero la democracia es un sistema de opinión pública en el que hay que convencer con la explicación, la pedagogía y el debate. En el accidente aéreo y en el caso del Prestige la responsabilidad que se quiso endosar al PP iba más allá de lo razonable pero sirvió para mostrar una arrogancia gubernamental, una falta de reflejos ante las demandas de los ciudadanos, que presagiaban un mal futuro. A los fallos se unió la estratagema: el PP debería ser ganado en las urnas con la suma de sus enemigos, no con una alternativa específica. El 11- M hizo el resto y espabiló a los abstencionistas que no se habían congregado en torno al, valga el lema francés, tout sauf le PP Cabría preguntarse ahora, a la vista de cómo se plantea la campaña electoral que ya ha comenzado, no tanto si el PSOE ganó las elecciones de 2004 por el impacto de los atentados o por este y lo que había pasado antes, sino si piensa realmente que sólo las puede ganar en circunstancias sociales y psicológicas similares. En los planes de campaña del partido gubernamental- -lo que le sirve también para disimular la desafección de muchos votantes en estos años- -hay un intento de retorno a aquel escenario: la guerra de Irak parece una cuestión tan de actualidad y presentada en los mismos parámetros que en el día de la reunión de las Azores, las referencias al pasado del PP- -como si siguiese gobernando, como si el Gobierno Germán Yanke MADRID. Sin los atentados del 11- M el PSOE no habría ganado las elecciones es una frase que, a lo largo de estos tres años, se ha escuchado y leído muchas veces. Es, evidentemente, una valoración política, pero resulta de imposible verificación ya que se basa en una situación hipotética que no se dio. No sólo se han abonado a ella algunos representantes del PP, sino también algunos analistas y políticos de la izquierda. Algunos de los primeros, que no esperaban- -a la vista de las encuestas previas- -el resultado que se produjo el día 14 de ese mes, han querido atribuir el triunfo socialista a unas muy especiales y dramáticas circunstancias, alejando el fracaso conservador a causas ajenas a su actuación política. Los segundos vendrían a concluir que la suma de los atentados y la mala gestión que el PP hizo en aquellos momentos les llevaron a perder, inesperadamente, las elecciones. No se puede verificar, como he apuntado. Pero sí plantear la hipótesis de que entre el 11 y el 14 de marzo, alentada habilidosamente por el PSOE, se levantó del todo lo que ya antes se venía despertando: el voto que podría definirse y aglutinarse no en torno a un proyecto coherente, no exactamente en apoyo de unas siglas concretas, sino como anti PP En las recientes elecciones francesas, un cierto sector de la izquierda ha puesto sobre el tapete una estrategia anti Sarkozy que, en este mundo de siglas, se ha llamado TSS Tout sauf Sarkozy lo que ya demuestra el carácter negativo de la misma: menos entusiasmo por lo que propone que por lo que se quiere evitar. No ha triunfado allí, porque las circunstancias son claramente distintas y porque el ambiente político francés prefiere, como se ha visto, el contraste de proyectos a la descalificación previa del adversario. El presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, ayer en el Congreso de los Diputados fuera la oposición de la oposición- -son constantes para responder (pretendidamente) de la gestión del Ejecutivo o la labor del PSOE. Los últimos acontecimientos (con el escándalo de la CNMV y la siniestra Oficina Económica del presidente) hacen que será el partido gubernamental y no el PP quien aparezca en soledad y, quizá por ello, se renueva la propaganda para colocar a los conservadores en la falsa caverna de la extrema derecha. Vuelve también el 11- M. La falta de reacción del PP ante las sospechas infundadas planteadas por algunos de sus representantes acerca de la participación de ETA en el atentado o la existencia de una estrafalaria conspiración que afectaría a los servicios del Estado es aprovechada por el PSOE con buenas dosis de demagogia. Como si contra la conspiración sólo cupiese la conspiración de los anticonspiradores Todo ello parece ahora el plan de campaña e incluso se anuncia una nueva producción videográfica socialista con todas estas cuestiones como grandes temas electorales. Resulta un poco pobre, ciertamente, que tras tres años de gestión gubernamental y tantas reformas anunciadas o realizadas, la baza electoral sea tratar de volver a la situación del 11- M, que es seguramente la única en la que todo confluyó para una operación de marginar al PP tras su hábil demonización. Al fin y al cabo, y con todo lo que había caído, el PP resistió bien esos embates: en las anteriores elecciones locales, con el asunto de Irak en su apogeo, ERNESTO AGUDO Planes de campaña Atrás quedó aquella confianza reformista del PSOE de González en 1982: la España que nadie iba a reconocer obtuvo un resultado mejor de lo esperado (aunque se adelantó el PSOE en el cómputo total de votos) en las generales del 2004, tres días después de los atentados y con el país conmovido y confundido, la pérdida de votos fue contenida. Pero aquellas circunstancias lograron que se sumaran a los votos de Rodríguez Zapatero los que, procedentes más de un enfado contra el Gobierno de Aznar que del apoyo a un proyecto socialdemócrata, le dieron la victoria. Atrás quedó aquella confianza reformista del PSOE de Felipe González en 1982: la España que nadie iba a reconocer sería el gran argumento para renovar el Gobierno en sucesivas elecciones. Ahora, tras tanto desordenado cambio y tanta improvisación radical, la baza es que, por no ver lo de ahora, se vean sólo los problemas y los malestares que les precedieron. Una estrategia tramposa para un balance poco presentable.