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ABC VIERNES 11 s 5 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA NO ES DEUDA LO PROMETIDO LAS COSAS DEL REY L Rey no hace declaraciones. En determinados momentos solemnes, fija su opinión conciliadora mediante discursos medidos al milímetro y bendecidos por el Gobierno de turno. Como mucho, comenta aspectos de la actualidad en la intimidad de los corrillos. Como parece sensato, de la misma manera que el Jefe del Estado evita manifestarse en aspectos concretos que supongan ponerse de parte de alguna facción de opinión, también los contertulios evitan publicar de forma entrecomillada las conversaciones informales que se produzcan en ese contexto. Que yo recuerde, siempre ha sido así. Pero, por lo que se ve, los tiempos cambian. Con motivo de unas palabras que ahora se sacan de quicio a cuenta del proceso de paz en el Ulster, parte de la prensa española ha transmitido la sensación de que el monarca apoya manifiestamente las negociaciones que Rodríguez Zapatero ha mantenido con ETA y las concesiones que su gobierno ha venido realizando a la banda terrorista y su entorno. Volvemos a lo de siempre: el Rey no ha dicho eso que dicen que ha queCARLOS rido decir, pero de la misma forma HERRERA que hay que atenerse a la literalidad de sus palabras, también hay que hacer referencia al patinazo que supone no tener en cuenta con quién se juega los cuartos. No se le puede acusar, entiendo, de partidario, pero sí de imprudente al no calibrar la posible manipulación que pueden sufrir expresiones coloquialmente informales ante lápices afilados. Don Juan Carlos se ha alegrado de que en Irlanda del Norte se dejen de matar dos bandos históricamente enfrentados; todos los demás, también. Don Juan Carlos cree que los gobiernos están legitimados para intentar acabar con el terrorismo mediante conversaciones sin concesiones políticas; todos los demás, también. Don Juan Carlos observa, no obstante, las severas diferencias de ambos procesos; todos los demás, también. ¿Dónde está el problema? En que es muy sencillo quedarse sólo con la segunda de las premisas y evitar- E le la condición de las concesiones. Una vez manifestó lo manifestado, les faltó tiempo a los propagandistas del zapaterismo para instar a poner en marcha la multicopista y desvelar impúdicamente las frases sueltas de una conversación. Como consecuencia de unos titulares que bien parecen ser extraídos de un discurso oficial, queda la sensación de que el Rey le acaba de dar un masaje al Gobierno y un capón a la oposición, lo cual no se corresponde con la larga experiencia de un hombre que pensará lo que quiera, pero que ha sido siempre lo suficientemente habilidoso como para no meterse en jardines innecesarios. Jardines que tiene prohibidos, por cierto. Curiosamente, como consecuencia de asignarle al Rey el apoyo a la negociación con ETA, aquellos que pasean exclusivamente la bandera republicana en cada ocasión que se manifiestan- -sea cual sea la excusa para hacerlo- -y que una y otra vez le niegan el derecho siquiera a decir lo bonito que está el día, han acudido jubilosos a celebrar sus palabras y a aplaudir su supuesta adhesión a la causa con un fervor que provoca, como poco, alipori. Supongo que el Monarca tendrá bien en cuenta quiénes son los que hoy le aplauden entusiasmados: exactamente aquellos que quieren convertir a su persona en ciudadano Juan Carlos y enviarlo al exilio. Son los mismos que reaccionan irritados cuando exalta la unidad de España o hace llamadas al futuro común de sus gentes. Son los mismos que buscan cualquier excusa para demostrar su nulo aprecio por la institución que representa y por el trabajo realizado por ésta a lo largo de estos años de relativa estabilidad. Los mismos que evocan ese supuesto pasado idílico de la República, y los mismos que cuestionan la legitimidad de origen de su reinado. Es sabido lo que le gusta al Rey un republicano, especialmente si puede ganarle para la causa del juancarlismo merced a su borboneo prodigioso, pero al igual que debe tener en cuenta ante quién expone sus pareceres, no estaría de más que supiese a quién contenta con las manifestaciones que le manipulan. Los que ahora le loan van a lo que van, con lo que sería bueno no darles ni un solo metro de ventaja. SPAÑA es uno de los países europeos con mayor voto ideológico o biográfico, esto es, el que los ciudadanos emiten por afinidad con los partidos, al margen de los programas o circunstancias; un voto de convicción, de ideología, de sentimientos y hasta de vísceras. Un sufragio fijo que jamás cambia de dirección; el voto a los míos que expresa una condición banderiza del votante y que suele mantenerse aun en las condiciones más adversas. De ahí que las promesas de campaña tengan en nuestro país una importancia relativa, rodeadas de un profundo escepticismo poIGNACIO pular sobre su cumplimienCAMACHO to efectivo. Los programas electorales se convierten para los partidos en un trámite resuelto con generalidades de repertorio y vagos argumentarios escritos a sabiendas de que la inmensa mayoría no sólo no los lee, sino que no muestra el menor interés en hacerlo. Desde que Tierno Galván sentenció con su proverbial cinismo que las promesas están para no cumplirlas los compromisos de los candidatos gozan entre nosotros de una perfecta volatilidad consentida. Frente al carácter contractual de la palabra del político, frecuente en la tradición anglosajona, el mercado electoral español se llena en cada convocatoriadeprofusosbrindis al solque elelectorado valora con generosa capacidad de olvido. Se vota con las tripas, por simpatía, por identificación social, por familiaridad ideológica, por sentido de pertenencia o incluso por animadversión al rival. En el mejor de los casos, se vota por la satisfacción genérica hacia la gestión realizada, opor locontrario. Raros son los ciudadanos que eligen su papeleta con la esperanza de ver realizada una expectativa precisa: una rebaja de impuestos, una medida sectorial, un incentivo económico, un serviciopúblico denuevacreación, esa clase de cosas que identifican la política como una herramienta para mejorar la calidad de vida. En las elecciones de ámbitos cercanos, como las de índole municipal y autonómica, las promesas se vuelven algo más concretas, pero su grado de cumplimiento resulta igualmente abstruso, evanescente y etéreo. El candidato sabe que el control de sus propuestas va a reducirse a la mínima expresión, y se esfuerza lo justo en llevarlas a cabo para dedicar su interés a una mejora de su imagen general y al discurso de política gruesa. Quizá por eso, un grupo de ciudadanos responsables acaba de crear una curiosa web, www. loprometidoesdeuda. com, en la que se proponen levantar acta del turbión de ofertas que agita laescenaelectoraldel 27 demayo. Elaborada por el sistema wiki de autoedición colectiva, la página pretende convertirse en conciencia pública de una dirigencia entregada ala ruleta dela palabraalegre, que los promotores de esta cibernotaría política quieren convertir en garantía de responsabilidad. Lo más curioso, de momento, es el intenso debate de los foristas sobre la condición misma de una promesa y los requisitos de fiabilidad que ha de reunir para considerarse como tal. Desde aquí les brindo una aportación tan humilde como pesimista: promesa es todo aquello que nadie está dispuesto a cumplir. E