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ABC JUEVES 10 s 5 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 69 Miguel Torres Periodista CATARSIS PARA LOS SERVICIOS SECRETOS UCHAS son las reflexiones que se abren tras ver la película El buen pastor dirigida por Robert de Niro, que narra el nacimiento y desarrollo de la CIA, la agencia de espionaje norteamericana, desde su nacimiento en 1947 hasta su primera gran crisis, tras el fracaso de la invasión de Cuba en Bahía Cochinos, en abril de 1961. Más que la investigación, que ocupa una parte de la película, sobre quién fue el autor de la filtración que permitió al gobierno cubano esperar con sus tropas desplegadas a los invasores, interesaría saber cómo la Casa Blanca de Kennedy y la CIA cometieron la ingenuidad de suponer que la llegada a la playa de las fuerzas anticastristas supondría un levantamiento general en la isla contra el régimen de Castro, precipitando la caída del dictador. Las dictaduras controlan férreamente la situación y no hay posibilidad de levantamientos populares espontáneos, por muy extendido que esté un estado de descontento, que permitan de la noche a la mañana el derrocamiento del dictador. Eso lo sabe cualquier historiador o politólogo, y John Kennedy estaba rodeado de algunos de los mejores cerebros del país. Nadie se explica que el nuevo presidente, que llevaba tan solo tres meses en la Ca- Bahía Cochinos fue la primera catarsis para los servicios secretos norteamericanos, que después habrían de apuntarse éxitos para su gobierno M Skull and bones cantera de nuevos dirigentes. Como en Green y en Le Carré, los héroes son antihéroes, dominados por sus angustias, conscientes de que su trabajo destrozará sus vidas y terminará con sus almas, dispuestos fríamente al asesinato. ahía Cochinos fue la primera catarsis para los servicios secretos norteamericanos, que después habrían de apuntarse éxitos para su gobierno como los de acabar con el Chile de Allende o la Indonesia de Sukarno. La película de de Niro termina muy lejos de la caída del muro de Berlín, con el que se hundió un sistema de valores establecido en el que era muy fácil distinguir entre buenos y malos, sistema que era muy claro tanto para occidentales como para soviéticos, y para sus respectivos servicios secretos. Y termina mucho más lejos todavía del 11- S, el otro gran fracaso, la otra gran catarsis de la CIA. Ahora estamos en un mundo en el que la mezcla de fundamentalismo, nacionalismo y terrorismo nos ha colocado ante un futuro aterrador, pero ante el que lo políticamente correcto no permite formular descalificaciones generales y categóricas, como cuando la guerra fría. ¿Dónde reclutar ahora a los nuevos espías, cómo proceder contra un adversario que no teme a la muerte y se autoinmola, cómo enfrentarse a una concepción religiosa total de la existencia y a la venganza por un pasado de humillaciones? B sa Blanca, fuera capaz de asumir unos planes de invasión diseñados por la CIA en los últimos meses de Eisenhower, y además les negara la cobertura aérea norteamericana. Esta negativa terminó de sentenciar a mil doscientos invasores, de los cuales cien murieron en la playa y el resto fueron hechos prisioneros. ay algo en El buen pastor que recuerda al mejor Graham Green, y al más brillante John Le Carré, especialmente en la descripción del nacimiento, en 1942, en plena guerra mundial, de la OSS (Office Strategic Ser- H vices) antecedente sobre el que se construyó la CIA cinco años después. Fraternidades secretas, elitismo universitario, ambigüedades sexuales, matrimonios frustrados, patriotismo exacerbado, ceremonias ocultas, clasismo y xenofobia. Al igual que el MI- 6 británico, fundado en 1915, lanzó sus redes en Cambridge para el servicio secreto (y captó piezas tan desafortunadas para su historia como Kim Philby, Donald Maclean, Guy Burgués y Anthony Blunt, que ya habían sido fichados por los soviéticos) la OSS y la CIA pescaron en Yale y en sociedades secretas como Matilde Muro Escritora PADRES O sé qué pensaron los padres del chino que inventó la pólvora cuando, en medio de la explosión inicial, y ante la visión aterrada del que se les acercara a darles la noticia acerca de quién era el responsable de semejante ocurrencia que sembró, sin duda alguna, el pánico entre los presentes, supieron que su hijo era el protagonista. Tampoco se me ocurre pensar en cuál sería la reacción de los padres de Miguel Ángel (si por entonces vivían) cuando pudieron contemplar terminado el Moisés. No sé si eran capaces de creer que su hijo pudo producir semejante obra de arte, o por el contrario, quedaron sumidos en la más completa perplejidad, porque el muchacho nunca sobresa- N Estos seres tan trascendentes para la vida de la humanidad, dan una guerra espantosa en la familia lió en nada especialmente. Otros padres en los que he pensado siempre, han sido los de Juana de Arco. En aquella época, una mujer dando la guerra que dio, debió de poner a los padres de los nervios: luchando, guerreando, dejando que dijeran de ella todas las cosas del mundo como para terminar en la hoguera, y pasando a la historia con el retraso suficiente como para que ellos no lo disfrutaran, tuvo que ser un regalito familiar. o digamos el escepticismo sembrado por don Narciso Pérez, cuando pretendió liofilizar el gazpacho para su exportación al mundo entero, y de cuya propuesta quedó en su familia el recuerdo eterno de comer N durante lustros, y a diario, sopa juliana. Mi hija tiene un compañero que es un ser superdotado. Sabe resolver problemas de matemáticas como si fueran cosa fácil. Tiene las paredes de su cuarto de internado sembradas de fórmulas, y acaba de ganar una beca para ir a Taiwan a estudiar física nuclear. Lo malo de este prodigio es que anda diciendo que va a fabricar una bomba y la va a poner en no sé qué lugar para que todos volemos por los aires. No sé qué pensarán los padres de este ser, pero lo más seguro es que se queden bastante tranquilos cuando sepan que pinta las paredes de una habitación en Taiwan y que a lo mejor los chinos son capaces de meterlo en camino, porque ellos no han podido. Estos seres tan trascendentes para la vida de la humanidad, dan una guerra espantosa en la familia. Se sa- len de los cánones establecidos, muestran constantemente su rebeldía, se encierran en los laboratorios, atienden sólo a sus necesidades personales y en ocasiones, cuando no están bien dirigidos o sus fines no son los que se entienden como normales acaban cometiendo disparates difíciles de solucionar, o producen obras de arte e inventos impagables. Que les pregunten a los padres del surcoreano que se ha llevado por delante a 32 inocentes en una universidad americana. Pobre gente, pobres padres. Ellos sabían que el niño era rarito, que tenía cosas poco normales, que amenazaba con algo parecido a lo que ha hecho... y se callaron resignados a la suerte de tener un monstruito en casa, porque a los padres raramente se les escucha ya. Los niños tienen la razón casi siempre, pero ¡hay que ver la guerra que dan!