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ABC JUEVES 10 s 5 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA RASCALECHES ¡Rascacielos! ¡qué risa! ¡Rascaleches! ¿Qué presunción los manda hasta el retiro de Dios? (Miguel Hernández) RENTE a la fiebre de los rascacielos y las colmenas, que emergen del horizonte español como estalagmitas de hormigón brotadas de la burbuja inmobiliaria, Esperanza Aguirre se ha echado al monte del urbanismo sostenible para descolocar al personal con un regate de impacto a sus propias señas de identidad reciente: reducir por ley las alturas de las futuras construcciones a tres plantas más ático. Al grito de ¡no más Seseñas! la presidenta madrileña ha IGNACIO pegado un volantazo a su CAMACHO autobús electoral para conducirlo a contramano de las modas, con una promesa cuyo complejo alcance acaso se le escape a ella misma, habida cuenta de que la cómoda mayoría que le auguran los sondeos le puede obligar a tener que cumplirla. Los promotores fruncen el ceño y los planificadores urbanísticos- -si es que queda algún profesional de este oficio en extinción- -se rascan la cabeza pensando en las consecuencias territoriales de este órdago revolucionario. Por el momento se ignora el grado de meditación y madurez de la idea, pero una vez expuesta ante lo más granado del establishment socioeconómico nacional, en el Foro ABC, Aguirre ha adquirido con ella un compromiso tan explícito que no lo va a poder echar en saco roto. Y lo ha hecho en un momento especialmente intenso de la alquimia neogótica que empuja en vertical el diseño de las nuevas catedrales civiles, cuando los poderes públicos y privados de las principales ciudades españolas compiten a ver quién levanta la torre más alta y conquista antes el estúpido cielo de la vanidad con sus falos de acero. Cuando en el mismo Madrid se levantan los cuatro gigantes del pelotazo de Florentino Pérez al final de la Castellana, como los telúricos baluartes de El señor de los anillos cuando Calatrava sueña en Valencia con hacerle cosquillas al firmamento del Mediterráneo; cuando las cajas sevillanas pretenden que César Pelli aplaste la Giralda con un coloso de cristal; cuando Rafael de la Hoz dibuja las nuevas columnas de Hércules en el Estrecho; cuando hasta entre los invernaderos de Almería brota el orgullo provinciano de un megaladrillo que enarbola la retadora pancarta de El Ejido en lo más alto Cuando el pensamiento dominante se yergue en forma de presuntuoso desafío a la ley horizontal del equilibrio y la belleza. Quizá la propia Esperanza, al calor de la liza electoral, no haya acabado de calibrar la índole subversiva de su compromiso, una apuesta prometeica que, si es ligera o impremeditada, merecería el castigo de tener que ejecutarla. Porque ya va siendo hora de embridar las fantasías colmeneras de tanto prócer megalómano deseoso de dejar su huella de nuevo rico en un paisaje urbano devastado al que, al menos, habría que rescatar de la fatuidad altanera, de la soberbia petulancia de esos engreídos amos que creen que a los cielos de España les pica otra cosa que no sea su ego insondable, envanecido y jactancioso. F CHIRAC- SARKOZY L 2 de mayo hubo ocasión de estudiar, analizar, escrutar a Nicolas Sarkozy, 2.40 horas frente a Ségolène Royal. Los telespectadores percibirían el talento del vencedor, su contenida ironía. Su superficialidad ante grandes asuntos, también la percepción instintiva de la ansiedad de tantos franceses. Enorme talento del que William Pfaff, columnista americano, afincado desde hace 30 años en París, hace un retrato imparcial aunque de duro trazo: ¿Quién es exactamente Sarkozy? Un hombre de 52 años de enorme inteligencia y aún mayor ambición, decidido a llegar a la presidencia de la República. Ajeno al proyecto del general De Gaulle (destino de Francia, genio de la nación) Ajeno también al conservatismo religioso; visitante muy ocasional de la iglesia. Aunque el sentido de la oportunidad le lleve a evocar las raíces cristianas de Francia. Tendente al modelo americano- -mérito, beneficio- -aunque no quiera prodigar sus gestos hacia George W. Bush. Poco interés por las ideas. Le sería indiferente un programa de izquierda o de derecha. Se escribía así en el Herald TriDARÍO bune, 30 de abril: el 6 de mayo, este hiVALCÁRCEL jo de inmigrados húngaros y griegos había llegado. Sarkozy, figura balzaquiana, no refleja generosidad sino energía, como el antihéroe de La Comedia Humana Busca un aire napoleónico. Pero no hay relación con Bonaparte. Irreductible ante algunos problemas para él capitales, cede en lo periférico, nunca en el núcleo del asunto. Jacques Chirac no apreciaba a Sarkozy. Reconocía sus dotes pero no creía en él. El jefe del Estado saliente ha logrado mantenerse de pie durante doce años, fuertemente atado al mando en medio de las turbulencias de la cumbre. Acaba con algunos éxitos en su haber (ver Tony Judt, El País 8 mayo, pág. 17) La extrema derecha europea, feudataria de la americana, no perdonará a Chirac su denuncia contra Bush a raíz de la invasión de Irak. Bush recurrió a falsedades y capciosos argumentos, con gran incompe- E tencia. La Casa Blanca fabricó informes falsos sobre armas atómicas e inexistentes relaciones del régimen de Sadam Hussein con Al Qaeda. Se fue a la invasión sin análisis previos ni estudios solventes, como ha probado George Tenet, ex director de la CIA. En marzo de 2003, los franceses y alemanes salvaron el honor de Europa, liberada del papel del obsecuente asalariado. Otros dos asuntos han sido bien enfrentados por Jacques Chirac: la constitución de la V República hace responsable al Jefe del Estado del mando de las fuerzas armadas. Francia, explicábamos el 29 de marzo, es una potencia nuclear media: alterna dos y cuatro submarinos bajo la superficie, con 120 vectores apuntados hacia otros tantos objetivos. Ese control último de la fuerza nuclear es delicado y requiere silencio. En este punto, Chirac ha cumplido. Como ha cumplido en otra tarea pública, esta vez, proclamada: la condena del Estado preso en Vichy desde 1940, responsable de la muerte de decenas de millares de franceses en los campos alemanes, entre 1942 y 1945. La presidencia de Chirac se cierra con un crecimiento anual en 2006 del 2.2 por cien y un 9 por cien de desempleo, datos esperanzadores, con una deuda próxima al descontrol, 62 por ciento del PIB. No son índices para la letra grande. Irak, el nuclear y Vichy pasarán en cambio a la historia. Con el respeto reconocido al civismo de Francia, potencia media- grande, investigadora, exportadora, buscadora de nuevas energías contra el calentamiento de la Tierra. Llegado al objetivo final, ¿cabe esperar de Sarkozy un cambio mercurial? Quizá sea sólo un deseo, pero queremos creer que la sorpresa no es imposible. El oportunismo mutaría en firmeza de criterio. La reverencia al poderoso, necesaria en la escalada, se convertiría en hierático desprecio a las amenazas. El aventurerismo se tornaría prudencia, virtud romana, propia de los valerosos, opuesta a los pusilánimes. La brutalidad policial evolucionaría hacia el respeto a quienes lo merecen. Estos seres humanos nada tienen que ver con los grandes espíritus, Churchill, Kennedy, de Gaulle. Pero pueden transformarse al alcanzar la cumbre. Deciden traicionar por última vez. Se vuelven contra su trayectoria.