Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
94 DEPORTES MIÉRCOLES 9 s 5 s 2007 ABC Cuando Alí dijo no a su fusil Hoy hace 40 años que Cassius Clay, luego Muhammad Alí, el más grande boxeador de todos los tiempos, dijo que no iría a la guerra de Vietnam. Creó una tendencia y cambió la historia POR JOSÉ MANUEL CUÉLLAR MADRID. No todos saben cómo Ali empezó en el boxeo. Tenía 12 años y fue a un concierto en el Columbia Auditorium con un amigo. Lo hicieron en bicicleta y a la salida se las habían robado. Ahí se vio su rebeldía: montó en cólera, gritó, pataleó, golpeó la pared y juró y perjuró que el causante lo pagaría. Entonces se acercó Jo Martir, un policía de paisano, y al ver su furia le dijo que sí, que de acuerdo, pero que antes tendría que aprender a boxear. Y de ahí a la gloria. A principios de 1966 Ali era, como él mismo había profetizado, el más grande. Vuela como una mariposa y pica como una abeja Ya, pero en los pesos pesados eso no es tan fácil si no eres un superdotado, un genio. Y Alí lo era. En aquella época Estados Unidos necesitaba soldados para ir a Vietnam y él fue llamado a filas. Su primera respuesta fue no tengo nada personal contra ellos, los vietcong. No voy a pelear contra ellos Así, de forma lacónica pero segura, empezó la historia. Al principio parecía un farol más de los suyos, pero cuando posteriormente empezó a extenderse en sus declaraciones aquello ya tenía poco de broma, sobre todo por sus cristalinos razonamientos: ¿Por qué me piden ponerme un uniforme e ir a 10.000 millas de casa y arrojar bombas y tirar balas a gente de piel oscura mientras los negros en Louisville son tratados como perros y se les niegan los derechos humanos más simples? No voy a ir a 10.000 millas de aquí y dar la cara para ayudar a asesinar y quemar a otra pobre nación simplemente para continuar la dominación de los esclavista blancos Ante las continuas amena- Del infierno a la gloria en un combate glorioso Cuando Alí volvió el campeón era Joe Frazier. Después de unas peleas preparatorias se enfrentó a él, pero los años perdidos le pasaron factura y después de un cruento combate perdió a los puntos. Era la primera vez que caía como profesional. Después de un impasse en el que no se tomó muy en serio el boxeo (volvería a ser derrotado por Ken Norton, con rotura de mandíbula incluida) volvió a enfrentarse a Frazier, aunque éste ya no era campeón. Le ganó y se fue a por el entorchado que poseía un joven George Foreman, un armario de tres puertas. La cita fue en Zaire y la historia ya se sabe: el hombre que había estado tres años inactivo volvió a ser el que era y se proclamó campeón de nuevo. Y es que ya lo dijo él: Soy el más grande Alí, iracundo, despotricando contra la guerra de Vietnam del Gobierno cayera sobre él, a Alí le dio tiempo a hacer dos peleas más. En la primera, furioso, masacró a Hernia Teruel porque éste se había negado a llamarle por su nuevo nombre. En cada golpe que le lanzaba le espetaba con esa lengua viperina que no descansaba: ¿Cómo me llamo Tío Tom? Mes y medio después derrotó a Hora Folleo en Nueva York y esa sería su última pelea en mucho tiempo. El 28 de abril de 1967 se ABC zas del Gobierno, Alí no se rajó: Esto me costará millones de dólares y la cárcel ¿y qué? Hemos estado en prisión cuatrocientos años. El enemigo real de mi gente está aquí Antes de que en el 67 la furia negó a la incorporación forzosa al ejército y fue sentenciado a cinco años de cárcel y 10.000 dólares de multa. Además, le quitaron la licencia de boxeador y el pasaporte. Le hicieron ofertas para que fuera a entretener a los soldados y así se mantuviese alejado del frente, pero él se negó una y otra vez alegando que estaba en contra de cualquier guerra excepto aquella que se hacía en defensa de la justicia contra los enemigos del Islam. El boxeador, escoltado por los militares después de su negativa a enrolarse en el ejército ABC Su empecinamiento fue visto como una heroicidad por gran parte de los ciudadanos, que empezaban a estar contra la guerra de Vietnam. Así que tomaron su causa como propia ante el conflicto. El movimiento fue creciendo como la espuma mientras que él se buscaba la vida escribiendo discursos en universidades e institutos Finalmente, después de tres años y medio en los que Alí se gastó toda su fortuna en abogados, le devolvieron la licencia y en 1971 el pasaporte. Había ganado otro combate más. Movimiento ciudadano