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ABC MARTES 8 s 5 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA SARKOZY Y MERKEL: PROYECTOS PARA REFORZAR LA UNIÓN EUROPEA Ambos comparten una constatación: no hay modo humano de poner en marcha cuatro políticas urgentísimas si no es en la UE. Migraciones, Terrorismo, Defensa y Energía- Medio Ambiente... A victoria de Nicolas Sarkozy tiene un interés especial para los europeos y particularmente para los españoles: la canciller alemana quiere desbloquear a toda costa la Unión, hacerla avanzar, recuperar una parte del tiempo perdido. Sarkozy se ha proclamado reiteradamente europeo. Tiene un problema de credibilidad. Nos referimos aquí a esa cuestión central, en dos países centrales, Alemania y Francia. Tratamos de resumir en esta página una idea: Sarkozy será un defensor activo de Europa. No por fidelidad a los principios sino por el peso inesquivable de lo que hay. La Unión ha avanzado demasiado: no se puede ya dar marcha atrás sin provocar una catástrofe mundial. Desaparición del euro; vuelta a la inflación italiana, española, quizá francesa; falta de masa crítica de los actuales estados; amenazas globales, peligro de insignificancia en un mundo de dura, y a veces sucia, competición... Hoy la Unión representa a 500 millones de ciudadanos de alto nivel de renta, enorme capacidad productiva, potencia investigadora, buena preparación técnica y cultural... La Unión puede defenderse y atacar. Sus cinco grandes principios- -perdonen, los principios cuentan- -le añaden fuerza en el día a día: imperio de la ley, defensa de la paz, democracia representativa, mercados poco regulados, pero estrictos y vigilados, movilización planetaria por el medio ambiente. Primero, Sarkozy y Merkel comparten una constatación: no hay modo humano de poner en marcha cuatro políticas urgentísimas si no es en la UE. Entendemos por UE la suma de sus instituciones básicas (Consejo, Parlamento, Comisión, Tribunal de Justicia) y los gobiernos nacionales, mientras el Banco Central Europeo y el Eurogrupo, (los doce estados del euro) hacen ejercicios en la banda. Esas cuatro políticas no pueden esperar: Migraciones, Terrorismo, Seguridad- Defensa y Energía- Medio Ambiente. egundo, Sarkozy y Merkel saben que no hay opción, así es la vida, al vado o a la puente. La Unión quedó paralizada por el no de Francia y Holanda. Desde hace dos años, Europa atraviesa como puede un peligrosísimo estado de congelación. Por primera vez Jacques Delors, ex presidente de la Comisión, ha advertido sobre el riesgo de que la Unión se desintegre de aquí a 2020. La ruptura de la UE sería una catástrofe mundial, cree Delors. Europa está a medio construir: sus instituciones necesitan un tejado protector. Hay que terminar la obra. Aunque nada esté nunca terminado: la vida es construir, rectificar, ampliar... ¿Hay algún preacuerdo Merkel- Sarkozy? Parece que sí. Los dos defienden un tratado breve, distinto de la constitución fracasada en 2005. Sarkozy propone un texto reducido a sesenta y tantos artículos, sometido en Francia a la Asamblea Nacional. El sí parlamentario bastaría, como ha bastado en Alemania o Italia. Tercero, Merkel y Sarkozy coinciden en tres puntos claves: fin de la regla de la unanimidad; nombramiento de un presidente del Consejo de la L Unión para cinco años; mantenimiento de la Europa política, con lo que implica de avance hacia una mayor integración. No en una sino en cuatro ocasiones se refirió Sarkozy, en el debate con Royal, a la necesidad de defender la Europa política. Y reiteró sus palabras en el discurso pronunciado anteayer, trás su victoria. C uarto: una vez en marcha, será imposible hacer funcionar una Unión a 27 si no se instaura un sistema (variable) de núcleos duros, en el que será difícil esquivar la presencia de Alemania y Francia. En esos círculos concéntricos habrá de integrarse Reino Unido, por ejemplo en políticas de seguridad y defensa; España e Italia, liberando una legislación comunitarizada sobre migraciones; los tres estados nórdicos, activísimos en el diseño de un plan europeo de energías alternativas... Alemania y Francia suman 147 millones de habitantes y rozan el 40 por ciento del PIB de la Unión. Las sombras de Adenauer y de Gaulle, y su nada común abrazo de 1963, recuerdan lo conseguido. Antes de la ceremonia, el general recibió privadamente al canciller en su apartamento del Elíseo. De Gaulle le abrió la puerta. Pase señor canciller. Una vez dentro, a solas, en el pequeño vestíbulo, con la mano alemana entre las suyas, dicho litúrgicamente, con ese gusto por Racine que alimentaba al general: le doy, querido amigo, la paz, le ofrezco la paz con toda la fuerza de nuestro corazón... Lo que el general y el canciller firmaban no era la paz franco- alemana. Oriente Próximo, Irak, Irán, Chechenia, Cachemira, Colombia, Darfur, siguen a la espera... La Unión Europea, gestora de la paz, no defiende una esperanza espiritual sino una política práctica, inmediatamente transformable en hechos. Quinto: Sarkozy fue explícito el 2 de mayo en algo que la señora Merkel solo ha aludido con suma prudencia y cautela. El presidente elegido, en cambio, ha sido tajante: defiendo, ha dicho, la preferen- cia comunitaria. Si hemos construido Europa es porque la preferimos. Hay que acabar de una vez, añadió, con las ingenuidades en las negociaciones con la OMC. Abriremos nuestros mercados, pero sobre la base de la reciprocidad. La idea de Sarkozy es en este punto de apariencia simplista pero cargada de consecuencias. Puede resultar abusiva y brutal si pensamos en los mercados africanos. Pero provocará en el concurrente ruso o chino algún escalofrío en la columna vertebral. La estabilidad del mundo saldrá reforzada si existe una Europa integrada y fuerte, ha repetido Sarkozy. Será una Europa amiga de Estados Unidos, comprometida con la relación transatlántica. Pero no más dependiente, en modo alguno sometida a América. N S o estamos de acuerdo, permítasenos una opinión, con la súbita oleada de ataques contra Royal. En este punto los elogios del vencedor a su adversaria son un ejemplo. Quienes tuvieron una mediocre impresión de su candidata hace meses ante el escaso estudio de algunas carpetas, acertaban. Pero es propio de una sociedad rencorosa (hablo de la española) correr a alancear al caído. La señora Royal ha hecho una dignísima campaña. Ha rozado el 47 por ciento. El presidente electo ha entendido el mensaje. Ha reconocido el valor de su rival, su esfuerzo por mantener grandes cuestiones centrales: el miedo de millones de franceses ante el culto al dinero, la distancia creciente entre ricos y pobres... Ha vuelto sobre la fraternidad, uno de los tres lemas de la República, hoy mal traducido por solidaridad. Ha extendido ese concepto de fraternidad a fronteras lejanas, tomando lo mejor de una misión que Francia se ha dado a sí misma. Aquí no opinamos ya; avanzamos un análisis. No es posible que un candidato gane por sí solo una campaña. La máquina de la UMP, bien engrasada, representaba por sí sola un 30 por ciento de intención de voto. El Partido Socialista, sólo en torno al 18 por ciento, no ha avanzado sino perdido apoyos en estos cinco años. La derecha francesa (es decir, la derecha generosa, culta, abierta, junto a la más dura, cínica, a veces temible... junto a la gran masa conservadora, a las provincias) ha trabajado sin parar, desde 2002, para articular un nuevo partido. Sarkozy era figura clave en la nueva formación. Ha invitado a la izquierda a acompañarle en el experimento. Hay peligro en la invitación, pero dificilmente habrá engaño. No puede organizarse la vida pública de una democracia occidental sin los partidos. Por eso François Bayrou cerrará la UDF, para crear una gran formación, a toda velocidad, el Partido Demócrata, antes de las elecciones legislativas de junio. Podría decirse con Churchill que los partidos son una mala fórmula, mejor sin embargo que las demás. Para terminar: quienes desde Shanghai o Beirut siguen a Francia, reciben hoy su mensaje. En las dos vueltas ha votado el 85 por ciento. Se llama abstención técnica, según los sociólogos, a la comprendida en el tramo final del 20 por ciento. DARÍO VALCÁRCEL