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82 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 7 s 5 s 2007 ABC Tony Leblanc, el más vivo Retrato, o mejor radiografía, del alma de una época, Tony Leblanc, cómico entre los cómicos y vivo entre los vivos, cumple hoy 85 años. Un pequeño repaso por su biofilmografía y surge de inmediato la sonrisa E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Fuera del bíblico Adán, no se sabe de nadie que haya armado tanto revuelo con una manzana como Tony Leblanc. Ni siquiera Guillermo Tell. Tony Leblanc anunció que haría en televisión (en aquella TVE de los setenta, que la veían hasta los que no tenían ni tele ni vista) algo que no se había hecho jamás. Llegó de smoking con una funda de violín y un timbal y, tras un floreado suspense, sacó de la funda una manzana y se la comió ante el estupor de la audiencia. Hay dos momentos golosos en la historia del humor televisivo: la manzana de Tony Leblanc y las empanadillas de Martes y Trece. Tony Leblanc es hoy un hombre que cumple 85 años. Pero ésa es sólo una circunstancia; su esencia es una muy otra: Tony Leblanc es desde que nació hasta hoy un tipo original, excepcional, fuera de cualquier horma y norma. Para empezar, Tony Leblanc nació en el Museo del Prado y se llamaba de otro modo (Ignacio Fernández Sánchez) y vivió una infancia de museo (su padre trabajaba en el del Prado y allí residía la familia) Y para acabar, su filmografía, los personajes que ha interpretado, han hecho de él una de las estampas vivas del alma de eso tan toreado últimamente que es lo español. La estampa de una figura que se ha repetido durante siglos y que han ido encarnando fulanos a cual más pícaro y tunante; una tradición que arranca de lazarillos, guzmanes y buscones y que camina aún frescales por nuestros días, y en las áreas de prestigio, sean las políticas, las económicas o las culturales. Bribones, golfantes, timadores, hambrentones... todo eso y aledaños ha tejido como nadie en la pantalla de nuestro cine Tony Leblanc. Con una ironía y una gracia que en ocasiones se codeaba con lo puramente sublime. Los tramposos Historias de la radio El astronauta El tigre de Chamberí Historias de la televisión Los que tocan el piano Historias de Madrid Las chicas de la Cruz Roja El día de los enamorados Don Lucio y el hermano Pío amor bajo cero El pobre García (película que también dirigió) La dinamita está servida Y aunque Tony Leblanc se comió la manzana solo, completamente solo, supo componer para la pantalla dúos magníficos, pudiéndosele atribuir parejas de hecho tan estables como Conchita Velasco, o tan inestables o inescrutables como Antonio Ozores, o José Isbert, o Alfredo Landa, o Manolo Gómez Bur, o aquel José Luis Ozores, el tigre que daban ganas de llevárselo a casa. Lo sabemos todo de Tony Leblanc: lo de sus películas, lo de sus personajes televisivos, lo de aquel terrible accidente, lo de su desaparición durante tantos años, lo de su estelar reaparición en Torrente lo de su bendita, proverbial e inagotable cara dura; lo de su talento natural, lo de su gracia infinita, lo de sus ganas de vivir y de currar lo del gimnasio y lo de la Casa de Campo. Y también deberíamos saber que detrás de esa amalgama de drama y comedia hay un hombre que cumple tantísimos años. Tony Leblanc, en su casa, ante el cartel con la portada de sus memorias YOLANDA CARDO Entre el museo y Goya Ignacio Fernández Sánchez nació en Madrid (concretamente en el Museo del Prado, donde trabajaba su padre) el 7 de mayo de 1922. Antes de dedicarse al cine y al teatro, fue boxeador (llegó a ser campeón de Castilla de los pesos ligeros en categoría aficionados) jugador de fútbol, ascensorista y bailarín de claqué soy campeón de España presume) Debutó profesionalmente con la compañía de Celia Gámez. Su primera película fue Eugenia de Montijo (1944) Ha rodado más de ochenta películas. En 1975 se retiró del cine, y ocho años más tarde sufrió un tremendo accidente de tráfico que le dejó graves secuelas físicas. Santiago Segura le rescató en 1998 para Torrente película con la que ganó un Goya (cuatro años antes se le había concedido el Goya de honor) Ahora trabaja en la serie de TV Cuéntame La diferencia entre Pepsi y Coca- Cola poesía con genuino sabor americano ANTONIO M. FIGUERAS MADRID. La diferencia entre Pepsi y Coca- Cola no es un reclamo publicitario ideado por Risto Mejide. Se trata de un poema de David Lehman que da título a la antología de poesía norteamericana contemporánea seleccionada y traducida por Julio Mas Alcaraz para Ediciones Vitruvio. La antología, que inaugura la colección Highway 66, nace como homenaje a un país con un cine admirable y una literatura prodigiosa, más allá de cualquier coyuntura política y geoestratégica. En sus páginas se da voz al estilo narrativo de Billy Collins, la profundidad de Robert Hass, el feminismo salvaje y descarnado de Sharon Olds, la serenidad lúcida de Louise Glück, la ironía de James Tate, la clarividencia de David Lehman, el aliento trágico de Jorie Graham, el brutal sentido del humor de Tony Hoagland (el poema Automejora es demoledor) el surrealismo con genuino sabor americano de Dean Young y los divertimentos de Denise Duhamel. Apuesta arriesgada, pues se desechó la presencia de los grandes budas de la poesía de EE. UU. los que siempre salen en todas las antologías. El traductor explicó a ABC la metodología empleada: Primero preseleccioné a 200 autores nacidos después de 1940 y tras sucesivas filtraciones quedaron 10. No existió criterio específico, sólo una especie de cata ciega que huía de cuotas y discriminaciones positivas De hecho, reconoce el propio Julio Mas, podría considerarse una elección políticamente incorrecta, pues, sin pretenderlo, no hay poetas latinos ni negros. Estilos diferentes, pero una sutil costura común existencialista: En todos ellos- -aclara- -existe un mismo trasfondo: la visión crítica de la sociedad. Pero no tienen ánimo destructivo, no son rebeldes, sólo buscan encontrar pequeños huecos para resistir Otra de las grandes líneas maestras de la poesía norteamericana de ahora mismo es el sexto sentido, el sentido del humor. Para el antólogo, la poesía española carece de ironía. Pero no es la única diferencia: Los poetas mediáticos de aquí profesan la poesía de la experiencia, fiebre que en Estados Unidos pasó hace tiempo Julio Mas ha detectado algunos puentes: el toque surrealista que no se aleja de la realidad. En esa línea coincidirían Juan Carlos Mestre y Dean Young. Apuesta arriesgada