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80 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos LUNES 7- -5- -2007 ABC La bondad y la inteligencia propician experiencias sexuales más felices Stephen Vizinczey- -Escritor Cuarenta años después de su publicación, el novelista de origen húngaro reflexiona sobre En brazos de la mujer madura deliciosa y sensual poción mágica de la literatura del siglo XX, que reedita RBA. Doscientas cincuenta jugosas páginas de sexo, y seso, seguros MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Sexo a raudales, pero seso a espuertas. Con estas dos tisanas, más necesarias y justamente compatibles de lo que parece, preparó el húngaro Stephen Vizinczey, allá en los años sesenta, el hipnótico brebaje de su novela En brazos de la mujer madura deliciosa y sensual poción mágica de la literatura del siglo XX. Publicada por primera vez en 1965, en una edición financiada por el propio autor, hace unas semanas ha sido recuperada para el público español por la editorial RBA. Cuarenta años después, las aventuras (y alguna que otra desventura también, por supuesto) del joven András Vajda (muy probable juvenil alter ego de Vizinczey) se mantienen en su punto, listas para llevárselas al gaznate. Cuatro décadas después, el novelista hace memoria, hace recuento de las peripecias de su obra y de su protagonista. -Hace cuarenta años que usted je verdaderamente peculiar. -El sexo parece un delicioso y -Depende de qué tipo de personas hablemos. Los personas fácilmente manipulables están peor que antes, pero no creo que el reino del sexo feliz- -que también incluye dolor y miedo- -haya cambiado mucho en los últimos mil años; sencillamente, el sexo ahora es mucho menos secreto de lo que solía ser. Vajda (y Vizinczey) es huérfano de padre (asesinado por un nazi) y la II Guerra Mundial le separará de su madre, de sus comodidades y de sus prometedores estudios, hasta convertirlo en un refugiado que se busca la vida (y de qué manera) junto a las tropas norteamericanas, antes de caer rendido en brazos, por supuesto, de la mujer madura. Y no una, sino varias. Un aprendiza- publicó esta novela. ¿Cree que ha cambiado mucho la actitud de la gente hacia el sexo? -También se puede decir que el dinero es una bendición, claro, pero depende de quién lo maneje. Algunas personas pueden arruinar el resto de su vida dependiendo del modo en el que se hayan iniciado en el sexo. La actividad y el deseo sexuales son fuerzas poderosas, y la pregunta es cómo, de qué manera, se enfrenta una persona con ellos. La inteligencia de la gente, la bondad y la decencia tienen mucho que ver en si nuestras experiencias sexuales serán felices o infelices. La gente reconcentrada y egoísta (y hay mucha gente así) tendrá una vida horrorosa. Hoy no es algo generalmente aceptado, pero cuanto mejor persona es alguien, mucho más feliz será. András Vajda posee más que su cuota de felicidad, tiene una virtud que ayuda a explicar su buena suerte: él no es vanidoso. La vanidad acaba con las posibilidades de conseguir logros en cualquier actividad humana. -Su personaje, András, comien- magnífico camino para hacer el viaje iniciático de la vida. -La idea del sexo como un deporte con espectadores, como cualquier clase de juego, me horroriza. La vulgaridad y la violencia de los medios visuales hacen perder la sensibilidad a millones de personas, despojándolas de cualquier experiencia profunda y significativa tanto de alegría como de miedo. En brazos de la mujer madura trata de personajes para quienes el deseo está mezclado con la curiosidad, el cariño y el anhelo de tener algún tipo de relación con otro ser humano. Es decir, y resumiendo, mi novela está protagonizada por gente cuya imaginación y cul- za en el estadio del sexo como un delantero voluntarioso y valiente, pero casi acaba como un defensa central duro y resabiado... Stephen Vizinczey, en una imagen de archivo BERNARD GOTFRYD Es más cinematográfica leída que en la gran pantalla La fuerza, el ingenio y la bondad de su protagonista András Vajda, sobre todo en la época en la que siendo un crío de apenas doce o trece años está con los norteamericanos, me recuerda a dos películas, Los cuatrocientos golpes de Truffaut, y Au revoir les enfants de Louis Malle, aunque una es de 1959, y la otra de 1987. ¿Cree usted que hay mucha influencia del cine en su novela, que también fue llevada a la gran pantalla, por cierto en España, por Manuel Lombardero e interpretada por Juan Diego Botto y Faye Dunaway? Bien- -explica el novelista de origen húngaro- yo soy un escritor visual. Mis palabras inspiran y hacen brotar en la imaginación del lector las imágenes. Usted, el lector, se hace una idea de la película en su propia mente, y lo que uno crea con su propia imaginación siempre es más poderoso que las imágenes que otros puedan crear para usted. Mi novela es mucho más cinematográfica cuando usted la lee que cuando usted ve en lo que se ha convertido sobre una pantalla de cine. De vuelta a su analogía de fútbol, cuando usted lee un libro bueno, el mío o el de cualquier otro, usted juega, usted da patadas a la pelota. Cuando usted ve la película en el cine sólo es un espectador pasivo