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ABC LUNES 7 s 5 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 63 Carlos Murciano Escritor MEMORIA DEL CONDE DE LAS NAVAS L doctor José María Aguilar, hombre culto y amante de las letras, me hace llegar un ejemplar del libro Fósiles que, en 1925, publicara en Madrid, en edición de trescientos ejemplares y en el papel de la revista Raza Española su bisabuelo el conde de las Navas. Se trata de seis cuentos viejos recontados por el conde, rematados por una contera del doctor Sánchez Cantón, e ilustrados con grabados en madera de Miguel Velasco. Con independencia de la edición en sí, gratísima para cualquier enamorado de los libros, estos Fósiles nos traen el recuerdo de quien, a caballo entre dos siglos, fue figura relevante en su época, tanto en el ámbito social como en el intelectual. Juan Gualberto López Valdemoro de Quesada, hijo de los condes del Donadío y futuro conde de las Navas, nació en Málaga, el 26 de septiembre de 1855. Realizó sus primeros estudios en Madrid y Málaga, trasladándose en 1870 al colegio del Sacro Monte granadino, donde cursó la carrera de Derecho que, al cabo, concluiría seis años después en Sevilla; fue allí donde, como él mismo reconocería, se inició, siendo muy joven, en las aficiones La amistad de su familia con los Reyes, le abrió las puertas de Palacio, siendo nombrado, en 1880, Mayordomo de Semana de S. M. Don Alfonso XII E que han constituido después el objeto de mi vida y el empleo de todas mis actividades: los libros y las letras Por entonces, conoció en Lucena, en casa de su abuela, doña Carmen Pizarro, a quien luego sería su maestro y su amigo del alma, don Juan Valera, al que dedicaría en su día libros y conferencias. penas rebasados los veinte años, y ya en Madrid (con destino en Gobernación y, más tarde, en Correos, cuerpo en el que se jubilaría, como jefe superior, en 1925) tomó contacto con la alta sociedad y con lo más granado de las figuras literarias de entonces, en las tertulias literarias de la viuda del duque de Rivas, de doña Emilia Pardo Bazán y de Valera: Cánovas del Castillo, Menéndez Pelayo, Blanca de los Ríos, Jacinto Octavio Picón, el marqués de Lema, el doctor Thebussem, Emilio Ferrari, Martínez de la Rosa y poetas de renombre como José Zorrilla, Salvador Rueda o el mismo Rubén Darío. La amistad de su familia con los Reyes, le abrió las puertas de Palacio, siendo nombrado, en 1880, Mayordomo de Semana de S. M. Don Alfonso XII y, en 1893, Bibliotecario Mayor de Alfonso A XIII. (Rubén Darío publicó en el Diario de la Marina de La Habana- -7.11.1910- -un artículo titulado precisamente El Conde de las Navas, Bibliotecario Mayor de Alfonso XIII Puede decirse que la obra periodística y, sobre todo, literaria, de don Juan Gualberto arrancó en 1886 con la colección de cuentos La docena del fraile -que incluía la novela corta La Niña Araceli y se cerró en 1929 con sus Obras incompletas serie de cuentos y chascarrillos. (Estos últimos fueron siempre motivo de su interés- -cuentos y chascarrillos compusieron también su libro La decena aparecido en 1895- acaso como prueba de su talante andaluz, y de su carácter siempre abierto y cordial, hacedor de amistades) El doctor Aguilar, que prepara la biografía del conde, y a quien debo los datos esenciales de este artículo, tiene reseñada su bibliografía completa, en verdad varia y abundosa. No es extraño, pues, que en noviembre da 1922 fuera elegido académico de número de la Real Española, a propuesta de don Ramón Menéndez Pidal, Emilio Cotarelo y el conde de la Viñaza, quien contestaría al recipiendario cuando, el 17 de febrero de 1924, leyó su discurso de ingreso, La conversación amena -tal era la suya- en presencia del Rey Don Alfonso XIII. Culminaba así su mayor aspiración literaria, que se remontaba a 1901, y que no cuajaría en 1903, cuando Valera le avaló para ocupar el sillón que había dejado vacante Núnez de Arce, y al que en esa ocasión aspiraban, entre otros, Cajal, Canalejas, Grilo, Rueda, Palacio Valdés y Eduardo de Hinojosa, que sería el favorecido. iembro de la Hispanic Society of America, miembro Preeminente de la Academia de Letras Humanas de Málaga, correspondiente de la Real de Buenas Letras de Sevilla y Gran Cruz del Mérito Civil de Alfonso XII, el conde de las Navas y del Donadío de Casasola se retiró de la vida pública al advenimiento de la República, si bien su pluma fue activa una sola vez para escribir la contestación al discurso de ingreso en la Real Academia del marqués de Lema, discurso que no llegó a leer (lo haría Agustín González de Amezúa) pues falleció el 28 de abril de 1935, a los setenta y nueve años. La biografía del docto Aguilar, al igual que la tesis doctoral del norteamericano John P. Demidowicz, El Conde de las Navas, un polígrafo español (1957) deberían ser publicadas cuanto antes. Sería hacer justicia a un hombre y un nombre que no merecen tanto olvido. M BASQUIAT Lola Santiago Escritora Los avisos se han cumplido y en pleno apogeo de fama y juventud, el precipicio se ha cerrado a su alrededor en forma de tumba STE es el nombre de una de las películas que más me han impactado de los últimos meses. La historia de Jean Michel Basquiat desde el anonimato hasta la fama, pintor que parte del graffiti para llegar al neoexpresionismo dentro del pop art. Llevada en volandas por una banda sonora impresionante con cantantes y grupos amados por el pintor, como David Bowie, The Poques, Psychodelic Furs, etc. Y por unos intérpretes de primera como Denis Hoppert que hace del famoso galerista suizo; Bruno Bischofberger, Benicio del Toro, Gary Oldman que encarna al pintor Albert Milo, alter ego del guionista y director; Julian Schnabel y el cantante David Bowie que interpreta a su gran amigo: el pintor Andy Warhol. Así, con este elenco de actores saboreamos su vida. A veces triste, otras alegre en su manera de crear, en sus cuadros, y en su manera de estar y amar. Todo ello me movió a investigar su obra. A conocerla más. Y a gustar más de ella. Este no es un filme de estreno, no, se estrenó allá por los años noventa, para ser más exac- E tos en el 96, y lo escribió y dirigió el pintor americano Julián Schnabel, ya citado, amigo de Basquiat, enamorado de España y casado con la modelo vasca Olatz López Garmendia, con la que tiene varios hijos. Por ello su vida transcurre entre Nueva York y San Sebastián. También ha llevado a la pantalla con gran éxito de crítica y público la vida del poeta cubano, disidente del régimen castrista, Reinaldo Arenas, en una interpretación genial, de esas a las que nos tiene ya tan acostumbrados Javier Bardem. ero en nuestra cinta, datos aparte, es la magia de la música, del actor principal Jeffrey Wright, tan tierno y tan viril a un tiempo, y de las pinturas de Basquiat, empezando por sus graffiti en muros y paredes de Brooklyn con su seudónimo Samo- -R- Same old shit (La misma vieja mierda) hasta las postales y, por fin, los grandes murales y los originales, bellos y personalísimos cuadros, en los que va desde el pop art hasta un expresionismo de nuevo cuño, con sus características palabras y frases, o bien sólo el trazo P y el color o la ausencia de este en esos grises, negros y blancos desgarradores. Tantos como la soledad que siempre ha sido su eterna compañera, desde que dormía en una caja de cartón en un parque de la ciudad; ya que aun siendo de clase media alta- -su padre un contable con buenos ingresos y su madre una diseñadora gráfica- opta por la calle tras ser expulsado del colegio aunque siga en contacto con la familia, se ve con su padre, y a su madre, ingresada en un sanatorio psiquiátrico, va a visitarla a menudo; pero es esa angustia existencial que subyace en él y que se agudiza con su timidez, acentuada al llegar el éxito, y el avance por la sima peligrosísima de la droga. Sobre todo del maldito caballo, la heroína, que ya le ha jugado más de una mala pasada como una parada cardiaca y desmayos. Son avisos, avisos, avisos... n poco antes del final Samo, Jean Michel, nos narra un cuento que, de niño, le contaba su madre: Había una vez un Principito que tenía una preciosa corona. Un brujo malo y envidioso lo encerró en una torre, de donde no podía salir. El niño se encaramaba a lo alto de la torre y daba cabezazos contra los barrotes U para que le oyeran y vinieran a liberarle. No le soltaron nunca y murió allí en la torre, pero el ruido que hacía con la corona y que abarcaba kilómetros y kilómetros era un sonido tan hermoso, que desde todos los lugares los hombres se paraban a escucharlo, tendiendo las manos hacia el viento o intentando recogerlo en sus brazos, tal era su belleza A reglón seguido Basquiat se siente liberado, incluso de su obsesión por su nunca visitada patria: Haití, y con una amplia sonrisa le dice a su antiguo amigo: ¡A la mierda Haití, iremos a Irlanda y pararemos a beber en todos los bares Al acabar de decir estas palabras su visión cotidiana: un chico haciendo surf por los cielos de Nueva York, no se produce. Sólo hay una pantalla negra en la que esquemáticamente se nos informa, con tinta blanca, que el 12 de agosto de 1988, a los 27 años de edad ha muerto por una sobredosis de heroína, el pintor americano Jean Michel Basquiat. Los avisos se han cumplido y en pleno apogeo de fama y juventud, el precipicio se ha cerrado a su alrededor en forma de tumba. Andy le ha precedido. Sólo unos pocos, contados amigos y su ex- novia Gina, le recordarán más allá de la admiración que despierta su obra.