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ABC LUNES 7 s 5 s 2007 SARKOZY, PRESIDENTE Las relaciones con España y Europa INTERNACIONAL 41 AFP Protestas violentas contra la victoria de Sarkozy La Policía antidisturbios cargó con gas lacrimógeno para dispersar a grupos de jóvenes anarquistas que protestaban contra la victoria de Sarkozy en la plaza de la Bastilla- -en la imagen- -lanzando botellas y piedras contra los agentes. En la banlieu parisina fueron quemados decenas de vehículos. En Lyon, la Policía se empleó con pelotas de goma España y Francia, pendientes de dar un golpe de timón en el Magreb La ansiada renovación de relaciones entre Madrid y París no se quedará esta vez en la retórica s No es ése el estilo del nuevo presidente galo ALBERTO SOTILLO MADRID. La victoria de Nicolas Sarkozy, aunque pueda desagradar al Gobierno español en lo ideológico, se presenta como una muy buena ocasión para elevar las relaciones entre ambos países. Francia ha mantenido congelado su vínculo con Europa desde el no en el referéndum sobre la Constitución de la Unión. Ahora llega la hora de reactivarlo. Ocasión que no tendría que pasar desapercibida a España, cuyas relaciones con el vecino país están por debajo de lo que exigen los intereses de ambos Estados. Entre el actual jefe de Estado francés, Jacques Chirac, y el ex presidente del Gobierno José María Aznar nunca hubo sintonía. Chirac asestó una puñalada por la espalda a España durante la crisis de la isla Perejil. Poco después, Aznar intentaría tomarse la revancha de la mano del presidente Bush... en la foto de las Azores. Luego llegó Zapatero y las relaciones se instalaron en la inopia. En el tradicional pasotismo con que el presidente ha abordado todo lo que esté un centímetro más allá de la frontera de Hendaya. Pero Francia deberá abrir un nuevo capítulo en su diplomacia. En Europa, el Estado galo ya no puede seguir centrando su política exterior en el eje franco- alemán por muy loable que haya sido para la construcción de Europa. Una nueva etapa ante la que nuestro país tendrá que estar atento. Lo previsible es que la renovación de relaciones entre España y Francia se circunscriba a la retórica. Nos espera un caudal de declaraciones. Pero hay un ámbito que aguarda urgentemente un golpe de timón: el Magreb, donde España y Francia llevan ya decenios dándose auténticas cuchilladas. En el Magreb ha fracasado hasta ahora la política exterior común europea, pese a que se da la cruel paradoja de que es donde más intereses comunes existen. El terrorismo, el integrismo islámico, la explosiva frustración social, la inmigración... Es demasiado lo que allí se juegan Francia y España como para que quede todo al albur de una rivalidad sorda. Los regates en corto han podido servir en ocasiones a uno u otro a hacerse con éste o aquel contra- to. Pero sólo han logrado empeorar los cada vez más graves problemas de fondo de la región. La sintonía política de Nicolas Sarkozy está con Mariano Rajoy, mucho más que con Zapatero. Sarkozy se ha distanciado de los coqueteos más o menos progres con los que Chirac jugaba a desconcertar. Ha apostado por un proyecto político en el que sus socios de referencia en Europa serían Merkel y Rajoy. Circunstancia que sólo implica que Zapatero está obligado a hacer un doble esfuerzo. Éste ya reaccionó con cicatería a la victoria de la canciller de Alemania, Angela Merkel. Después, tuvo tiempo para arrepentirse. Parecería grave que tropezase dos veces en la misma piedra ideológica. José María Lassalle UN PRESIDENTE Y UN AMIGO L a victoria de Nicolas Sarkozy es una magnífica noticia para España. Más allá de las diferencias políticas que existen entre los gobiernos de ambos países y de que nuestro presidente Zapatero haya vuelto a errar- -por enésima vez- -en el pronóstico de sus apoyos, los españoles tendremos un decidido amigo en la persona del nuevo presidente de la V Repú- blica. Sarkozy aprecia a España y lo hemos podido ver a lo largo de sus distintas responsabilidades. Esto se ha puesto en evidencia durante las veces que ha sido ministro del Interior. Lo demostró en el pasado y lo ha vuelto hacer en los últimos meses. A pesar del desconcierto generado al otro lado de los Pirineos por la ambigüedad de la política antiterrorista de Rodríguez Zapatero, las autoridades policiales francesas no han bajado la guardia durante la negociación mantenida por el Gobierno español con la banda terrorista. Gracias a ello, los perniciosos efectos de las concesiones de Zapatero han sido en parte paliados. Los terroristas han visto mermada su capacidad operativa en el país vecino gracias a las acciones impulsadas por Sarkozy desde el ministerio del Interior. Su elección como presidente supone no sólo un reforzamiento de esa estrategia de lucha contra ETA, sino la emisión desde El Elíseo de un inequívoco mensaje de que Francia nunca se verá atada por el precio político que pudiera derivarse de un desenlace negociador entre el Gobierno de España y los terroristas. Pero junto a la política antiterrorista, nuestro país también podrá sentir los efectos beneficiosos de la presidencia de Sarkozy en otros ámbitos. Su impulso a una política de inmigración europea se hará sentir con rapidez debido al énfasis de los compromisos que ha explicitado repetidamente a lo largo de la campaña electoral, lo mismo que su deseo de recuperar el proyecto de reforma del Tratado Constitucional de la UE después del fiasco vivido hace dos años con los referen- dos francés y holandés. Con todo, lo mejor que augura la victoria de Sarkozy es saber que Francia afrontará una serie de reformas que sacarán al país de la atonía de estos últimos años. Si España es capaz de tejer una hábil complicidad que sume su apoyo a los proyectos de Sarkozy, nuestro país se beneficiará del cambio político que experimentará nuestro vecino del norte y el conjunto del proyecto europeo. Para hacer algo así se necesita un Gobierno español que comprenda y comparta las líneas maestras de esa nueva Europa que ensayarán Sarkozy desde París y Merkel desde Berlín. Algo que tan sólo Mariano Rajoy podrá hacer cuando en 2008 sume a nuestro país a ese nuevo horizonte europeísta y trasatlántico que desde ayer empieza a dibujarse con la victoria de Sarkozy.