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40 SARKOZY, PRESIDENTE INTERNACIONAL LUNES 7 s 5 s 2007 Las celebraciones ABC Y al fin llegó Cecilia ¡Sarko! ¡Sarko! Banderas, globos, sirenas... La alegría se desbordó en la céntrica plaza parisina cuando se hizo oficial la victoria de Sarkozy. Aunque algo tarde, también su mujer se sumó a la fiesta POR L. DE VEGA PARÍS. Con gesto algo cansado, serio, sereno. Así apareció en público a las ocho y media de la tarde Nicolas Sarkozy, queriendo dar desde el principio la imagen de seriedad que se le supone a un jefe de Estado. Una masa ardiente de seguidores llevaba esperándole varias horas. Todos sedientos de triunfo. ¡Sarko, Sarko! Nicolas, Nicolas ¡Hemos ganado, hemos ganado! A las seis de la tarde, dos horas antes de que cerraran los colegios electorales en las grandes ciudades, cantaba victoria la Unión por un Movimiento Popular (UMP) junto a su sede de la calle Boetie. Media hora después entonaban acordes de La Marsellesa, que Ségolène Royal había pedido durante la campaña que los ciudadanos se aprendan de manera íntegra. Banderas, globos, fotos, sirenas, pegatinas, carteles... la alegría se fue desbordando según se acercaba la hora definitiva de poder hacer oficial la victoria. Había miles de personas, casi todos muy jóvenes y con ausencia casi total de rostros de inmigrantes. Silbaban sin piedad a las pantallas gigantes cuando aparecía la imagen de la candidata socialista en algún canal de televisión. En medio de este ambiente de euforia que no hacía falta contener, saltó a la escena Sarkozy, procedente de su cuartel general en la calle d Enghien, La mujer de Sarkozy, Cecilia, hizo acto de presencia en la Concordia con bastante retraso donde había estado reunido desde primeras horas de la tarde con los otros pesos pesados de su formación. Éste es un momento excepcional amo Francia fue lo primero que dijo entre el delirio mientras decenas de cámaras y teléfonos le fotografiaban y miles de personas le seguían desde la plaza de la Concordia. Su primer discurso duró doce minutos. Dio las gracias a todos, incluida su contrincante. En ese momento arreciaron los pitos, que se tornaron en mayoría de aplausos cuando siguió hablando. Durante toda la jornada la ausencia más notable fue la de Cecilia, la esposa de Sarkozy, que nunca se ha mostrado espe- AP cialmente dispuesta a ser primera dama. A pesar de todo la gente se preguntaban por ella. ¿Dónde estaba Cecilia en un momento tan importante? Finalmente aparecieron juntos en la plaza de la Concordia, pero nadie está muy seguro de la estabilidad de la que desde ahora va a ser la pareja más seguida del país.