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38 SARKOZY, PRESIDENTE INTERNACIONAL LUNES 7 s 5 s 2007 El fracaso socialista ABC Ségolène reconoce ser responsable de la derrota, pero promete seguir La mujer que estuvo más cerca del Elíseo aún desea renovar la izquierda L. DE VEGA ENVIADO ESPECIAL PARÍS. Ségolène Royal sonrió erguida de lante de los micrófonos. Eran las ocho y tres minutos de la tarde en La Casa de América Latina en París. Había llegado el momento de reconocer en público que había perdido la segunda vuelta de las elecciones presidenciales frente al candidato de la Unión por un Movimiento Popular, Nicolas Sarkozy, y dijo que es responsable de la derrota. Las esperanzas se mantuvieron hasta que los datos de los primeros escrutinios empezaron a caer como una pesada losa sobre los pocos optimistas que aguantaron el tipo. Ninguna encuesta daba ganadora a Royal, pero la posible incógnita de los votantes de centro les obligaba a no arrojar la toalla hasta el final. La jornada de todas formas se desarrolló dentro de lo previsto y en la calle Solferino, donde se encuentra la sede del Partido Socialista, no quedaba más remedio que encajar el golpe entre las miles de personas concentradas. Unos con cara de decepción y otros intentando endulzar la derrota de su candidata. Atrévanse sean audaces había reclamado a la desesperada en sus últimas comparecencias. La candidata llegó a advertir incluso de posibles incidentes en la calle si ganaba Sarkozy, algo por lo que ha sido criticada. Ségolène Royal, de 53 años, ha intentado ser la primera mujer en ocupar por sufragio universal la Presidencia de la República francesa. Ha sido tres veces ministra y sorprendente ganadora el pasado noviembre de las primarias en su partido, algo que aprovecharán ahora para echarle en cara el fracaso. Algunos de sus principales opositores los ha tenido en casa, aunque durante las últimas semanas hayan tratado de mantener a buen recaudo sus miserias. Es además madre de cuatro hijos y compañera de François Hollande, uno de los pesos pesados del Partido Socialista, que, tras la derrota de anoche, huele a reforma por derribo ante la inminente prueba que han de afrontar: las legislativas de junio. Por eso una de las primeras cosas que Ségolène Royal dijo fue: contad conmigo para renovar la izquierda Muchos se preguntan por qué en el debate cara a cara del miércoles pasado la política exterior casi no se abordó. Pues porque en muchos aspectos los dos candidatos están de acuerdo y porque esa parcela no es el fuerte de ninguno de ellos. Ambos se opusieron, cada uno a su manera, a la guerra de Irak y tampoco defienden una intervención armada en Irán. También hay que entender que los franceses habían demandado mucha más atención para las cuestiones internas. Royal ha intentado abrirse a sus vecinos europeos contando con el apoyo del primer ministro italiano, Romano Prodi, y de José Luis Rodríguez Zapatero. De hecho, desde que en 2004 fue elegida primera presidenta de una región en Francia se le empezó a conocer como la Zapatera Es una política atractiva y consciente del poder de sus armas de mujer ¿Esa pregunta me la haría usted si fuera hombre? ha llegado a plantear a algún entrevistador. Pero su programa ha recibido numerosas críticas, algunas despiadadas como la de la ministra de Defensa, Michelle Alliot- Marie, que dijo que cambia más de ideas que de faldas Con el batacazo socialista la izquierda se queda una vez más lejos del Elíseo, que nunca antes había tenido en la Francia democrática una mujer tan cerca. El país, por mucho que Sarkozy tendiera una mano ayer a los que no le votaron, ha quedado dividido. Ségolène Royal saluda a sus seguidores en París tras admitir la derrota AFP Armas de mujer Valentí Puig LOS ELEFANTES EN SEGOLANDIA a osadía irrefrenable y la potencia energética de Ségolène Royal la llevaron ayer, al conocerse los datos de su derrota, a ofrecerse para todo. En la selva política, los elefantes del socialismo francés ya avanzaban- -renovadores o inertes, socialdemócratas o arcaicos, europeístas o no- -como para cargar contra todas las torres del tendido eléctrico de alta tensión. Más allá del porcentaje obtenido, Royal debía quedarse con las culpas, por mucho que pretendiera el liderato simbólico y operativo de la izquierda. A poco del resultado, el social- L Por mucho que Sarkozy tendiera la mano a todos los franceses, el país ha quedado dividido demócrata Dominique Strauss Kahn- -elefante modernizador- -habló de grave fracaso y se ofreció como renovador del socialismo francés. Alguien tiene que encabezar el partido para las legislativas de junio. Pronto se sabrá si los resultados de ayer resguardan a Ségolène Royal de lo que significan las sucesivas derrotas del socialismo en Francia. Sabremos si la reina de Segolandia lidera la oposición o si el perfume de su portal informático Désirs d avenir se evaporará pronto bajo la acometida de los elefantes, tan culpables de la esclerosis múltiple de la izquierda francesa, pesadísima de tan ideológica y tan poblada de personalismos. Por eso Ségolène se ofrece para todo, del mismo modo que logró entrometer su candidatura en la senda fija de los elefantes. Se le atribuye a Sarkozy una ambición política capaz de saltárselo todo y ponerlo al servicio de la apetencia personal mientras que Ségolène Royal encarnaría una ambición que debidamente tributa a la ética pública. En el debate televisado, ella aprovechó la oportunidad de acusar a su adversario de inmoralidad política. Se la vio en cólera. Quizás aquella cólera inicial se integraba en la escenificación de una estratagema. ¿Era aquella la Ségolène auténtica o la candidata sobreactuó porque creía turbar a su adversario? ¿Esa cólera de los justos estaba por encima de la inmoralidad política o solo servía para sacar provecho del debate, con la misma inmoralidad que achacaba a Sarkozy? La mayoría de los electores franceses habrán deducido finalmente que preferían el guiño de Sarkozy a la sonrisa implacable de Ségolène Royal. Entre las bambalinas del socialismo francés se afila una cuchillería de alta calidad, pero cuchillería al fin y al cabo. Pocas oportunidades le quedan al socialismo de Francia para levantar cabeza y estar a la altura de lo que ya es el siglo XXI. Perdida la segunda vuelta, lo peor que puede pretender la izquierda francesa es provocar una tercera vuelta social