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36 SARKOZY, PRESIDENTE INTERNACIONAL LUNES 7 s 5 s 2007 La victoria de los principios ABC Ha llegado la hora del cambio, del trabajo y de la autoridad El líder del centro derecha, que alcanza a los 52 años el sueño de su vida, se dispone a devolver el orgullo a los franceses LUIS DE VEGA ENVIADO ESPECIAL PARÍS. Con su victoria de ayer en las presidenciales francesas frente a Ségolène Royal el conservador Nicolás Sarkozy alcanza el sueño de su vida, un sueño acorde con las aspiraciones de un hombre tremendamente ambicioso que empezó a forjar su carrera política antes de cumplir los veinte años. Provocador, elitista y carismático, había reconocido que desde hace años su objetivo era la presidencia, desde antes de que nadie se lo planteara Por fin ha podido subir el último peldaño en sus aspiraciones. Sarkozy, de 52 años, es un hombre al que la seguridad le obsesiona casi tanto como sus ansias de poder. Anoche se le veía muy a gusto sintiéndose el elegido. Durante los casi cinco años que acumula en sus dos etapas como ministro del Interior se ha mostrado firme, algunos creen que en exceso, con la inmigración y la delincuencia. Siempre le recordarán el haber llamado gentuza a los pobladores de los barrios más desfavorecidos donde se vivieron graves incidentes en 2005. Entre las personas que le aclamaban ayer era casi imposible ver el rostro de personas de origen extranjero, de esas que conforman una parte fundamental de la población francesa. Ahora, que nadie espere regularizaciones a la manera de Zapatero. Las reagrupaciones familiares se estudiarán caso por caso y siempre que se domine la lengua francesa y se tenga una casa digna y un trabajo. Ha llegado, dijo la hora del cambio, del trabajo, de la autoridad, de la moral, del honor, de la identidad nacional... Quiero devolver a los franceses el orgullo de ser francés Aunque ni Sarkozy ni Royal destacan por su experiencia en política exterior, el líder conservador ha mantenido una relación mucho más fluida con el exterior durante su presencia en el Ejecutivo abordando asuntos como el terrorismo, las fronteras, tráfico de drogas y divisas o la inmigración. Algo sí tendrá que aprender en este sentido de su predecesor, Jacques Chirac, que deja en el Elíseo un gran vacío sobre el dominio de la escena internacional. En este sentido, según algunos analistas, los franceses han tenido durante la campaña menos piedad con los deslices en materia exterior de Royal que con los de Sarkozy. Más próximo a Washington que la candidata socialista, el líder de la UMP ha tenido sin embargo que plegarse a la realidad de su país durante la campaña electoral. El proamericanismo no ha sido nunca popular en Francia y Sarkozy no es insensible a la opinión pública recordaba el International Herald Tribune hace unos días, que añadía a pesar de todo que este nieto de judío griego mantendrá una buena relación con Israel. Una de las primeras cosas que hizo Sarkozy anoche fue tender una mano amiga al presidente George Bush, pero le recordó a la vez que la amistad es también aceptar que se pueda pensar diferente En ese primer discurso llegó a decir que será el Presidente de todos algo que entre la izquierda fue recibido con más que escepticismo por su merecida fama de hombre inalterable y poco respetuoso con el parecer de sus opositores. Pero amparado ya por la sombra del palacio del Elíseo se deshizo en comprensión, aperturismo y generosidad por doquier. El tiempo dará o quitará razones. Florentino Portero SARKOZY: SÍ, PERO... os franceses fueron a votar sabiendo que tenían ante sí dos opciones muy distintas. Sarkozy, el candidato conservador, representaba el cambio. Él mejor que nadie había diagnosticado el conjunto de problemas que habían llevado a la República a la situación de estancamiento económico y decaimiento moral en que hoy se encuentra. Pero él también, como nos recordaba ayer Germán Yanke, asumió la responsabilidad de presentar un programa de reanimación, una terapia, hecho a la medida de aquellos problemas. A la gente no le gusta oír malas noticias. Cuando un político en campaña habla de hacer sacrificios sabe que está cavando su propia tumba. Tiempo atrás Mario Vargas Llosa hizo algo semejante en Perú y acabó facilitando el ascenso de Fujimori. Sarkozy asumió el riesgo y demostró valor, en la confianza de que la madurez de la sociedad francesa y la claridad de su discurso le encumbrarían hasta el Palacio del Elíseo. Tuvo razón, una razón convenientemente escoltada por unas condiciones polí- L Turbulenta vida familiar De lo que sí se ha hablado mucho últimamente es de su vida familiar. Su matrimonio en segundas nupcias con Cecilia, de ascendencia española, vive desde hace meses unos vaivenes que se han intentado detener con reconciliaciones a bombo y platillo en un intento de dar cierta estabilidad sentimental al que va a ser jefe del Estado. Pero el nuevo presidente no ha podido evitar que esos devaneos sean la comidilla de toda la república con best seller incluido de por medio. Tendió una mano a Bush pero recordó que la amistad es aceptar que se puede pensar de forma diferente ABC. es Informe especial sobre las presidenciales francesas en abc. es internacional ticas excepcionales y mucho oficio. Ante la res de una campaña de desprestigio que trataba de presentarle como un hombre de la extrema derecha dispuesto a poner patas arriba la República, se atuvo a las normas clásicas en su versión orteguiana, de D. Domingo no de D. José: paró, templó, cargó la suerte y mandó. Sarkozy rompe con la política seguida desde los años setenta para recuperar el pulso de los fundadores de la V República. Frente al relativismo, multiculturalismo, estancamiento económico y paro que caracterizan la Francia de nuestros días, él vuelve a los valores republicanos, a la creencia en el mérito y el trabajo bien hecho, a un menor intervencionismo del Estado y a una mayor asunción de responsabilidad individual. En este sentido, Sarkozy es un continuador de De Gaulle, Schuman o Aron, en las antípodas de Chirac, Villepin o Royal. Sarkozy es catalogado como liberal y puede que lo sea en la perspectiva francesa o alemana, pero no más allá. Francia inventó la Monarquía Absoluta y, desde el siglo XVII, los franceses tienen una confianza exagerada en el Estado. Una dolencia que comparten con sus vecinos alemanes para desgracia de todos los europeos. Mientras no se demuestre lo contrario, Sarkozy va a tratar de reanimar el mecanismo heredado, no de cambiarlo. En esto coincide con Merkel, esa discreta gran figura que viene de los Länder orientales para recuperar el espíritu renano. Sarkozy compareció ante sus seguidores apenas unos minutos después de conocerse su victoria AFP