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86 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos DOMINGO 6- -5- -2007 ABC Los retratos sin tiempo de Isabel II La célebre fotógrafa Annie Leibovitz ha realizado cuatro retratos de la Reina de Inglaterra, ejemplos de cómo Isabel II quiere ser vista oficialmente POR DELFÍN RODRÍGUEZ Tienen estos retratos oficiales y actuales de la Reina Isabel II, realizados por la célebre fotógrafa norteamericana Annie Leibovitz, algo de retratos sin tiempo, intencionada y polémicamente atemporales, lo que no puede ser casual, sino extraordinariamente consciente, como si fueran consecuencia de un pacto, de un acuerdo, escrito o no (esto es pura metáfora) entre la Reina, la fotógrafa y la máquina, como si hubiesen hablado entre ellas tres para fijar una imagen actual que sea, al tiempo, una imagen de siempre, es decir de otra época, siendo, sin embargo, de hoy, como la máquina también dice. Es posible que, en ese pacto, las únicas inocentes hayan sido la máquina y la técnica fotográficas, de las que siempre se espera o esperaba, ingenuamente, que sean especulares, objetivas y transparentes. Precisamente, lo que garantiza la supuesta objetividad, la naturalidad y veracidad de estos retratos es el carácter fotográfico artesanal de la imagen, la ausencia de manipulación alguna desde el punto de vista técnico. Las tres protagonistas- -la Reina, la fotógrafa y la máquina- -se han puesto al servicio de la construcción de una imagen, de unos retratos que no desvelan al personaje retratado, ni lo pretenden, sino al servicio de cómo quiere verse, y que la vean y recuerden, la retratada. Se ha dicho, y ya lo subrayó Susang Sontag- -íntima amiga de Leibovitz- que una fotografía que pretenda hacer un retrato debe revelar, objetiva e intencionadamente, lo que la persona no sabe de sí misma, decirle cómo es o puede ser vista. Y, desde luego, éste no es el caso. Son fotografías de una Reina que, además, es un eslabón dinástico cuya iconografía, gestos y ademanes, aún parecen depender de los tradicionales, incluso de los ya pintados y fotografiados con anterioridad. Es decir, que todas- -la Reina, la cámara y la fotógrafa- -han buscado conseguir, más que un retrato verista o realista, un retrato que responda a cómo quiere ser vista oficialmente Isabel II, como en un cuidado retrato de propaganda, de ahí su fascinante anacronismo. Y, sin embargo, todo eso recuerda a artificio, a intención, a teatro, a representación, como si de antiguos retratos de aparato o ceremoniales se tratase, regidos por rígidas normas de decoro y protocolo. La fotografía de Leibovitz refleja con pureza objetiva esa ficción intencionada. Por eso maravilla y deslumbra. Son imágenes ciertas de la Reina, pero imágenes que han sido construidas previamente a su fotografía, escenificadas en la tradición de retratos propiamente británicos, al menos desde los siglos XVII y XVIII, sin olvidar la larga y riquísima secuencia de retratos fotográficos de los reyes de Inglaterra, desde la Reina Victoria a la propia Isabel II, cuya relación con la fotografía y los fotógrafos es bien conocida, sobre todo con Cecil Beaton. En este caso, la fotografía ha añadido verosimilitud, certidumbre, veracidad, a una intención, a una composición, a un deseo. Es decir, se trata de retratos contemporáneos, incluso modernos, pero paradójicamente realizados y escenificados como si de retratos de otras épocas pasadas se tratara. Por un lado, parecen imágenes propias de un lienzo de algunos de los grandes pintores de retratos británicos del siglo XVIII, de Sir Joshua Reynolds a Thomas Gainsborough, como ocurre en la fotografía en la que, ahora, Isabel II aparece vestida con capa ante un paisaje pintoresco. Es decir, que los retratos más parecen fotografías de cuadros de antaño que de lo real, lo que es una evidente paradoja. La fotografía, en este caso, no miente, ni tan siquiera quiere ser pictorialista. Todo lo contrario, reproduce una composición, una representación, actual que imita intencionadamente la pintura antigua. Es decir, que la fotografía no reproduce una pintura antigua, sino una imagen contemporánea que se ha situado fuera del tiempo, en una tradición pictórica precisa, porque así quiere ser vista Isabel II y, en esa intención, han coincidido magníficamente Leibovitz y su cámara. Y ahí reside la grandeza, la paradoja y la fascinación polémica, modernamente anacrónica, que pueden ejercer estas fotografías de Leibovitz sobre Isabel II. Más información en: http: www. royal. gov. uk Isabel II, fotografiada oficialmente por Cecil Beaton tras su coronación Geoffrey Parker Historiador e hispanista ENTRE BATMAN Y HELEN MIRREN l 8 de diciembre de 1980, Annie Leibovitz tomó su fotografía más conmovedora: un John Lennon desnudo abrazando a su mujer completamente vestida. A las dos horas dispa- E raron a Lennon en una calle cercana, causándole la muerte. Leibovitz siguió disparando con su cámara a innumerables personajes famosos en poses únicas y a menudo poco halagadoras: Whoopi Goldberg en un baño de leche; Clint Eastwood atado con cuerdas; Demi Moore desnuda y muy embarazada; Sylvester Stallone también desnudo y adoptando la pose del Pensador de Rodin. Qué rodaje tan perfecto para el último encargo de Leibovitz: cuatro fotografías de la reina Isabel II. Después de todo, Lucian Freud- -famoso por sus despiadados cuadros de desnudos (incluido el de Jerry Hall cuando estaba muy embaraza- da) -terminó en 2001 un retrato que mostraba a la Reina pensativa, nerviosa y aburrida. Pero al menos estaba completamente vestida. Su Majestad aparece también completamente vestida en las fotos de Leibovitz ¡por ahora! En la primera, la luz del sol ilumina a través de una ventana abierta el traje de noche de color oro pálido y las pieles de la soberana. En la segunda, la Reina, de pie, en un jardín sombrío con una capa negra que haría babear de envidia a Batman, mira directamente a la cámara. Leibovitz afirma que se inspiró en el retrato de Cecil Beaton. Está claro que también ha visto la última película de Helen Mirren.