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ABC DOMINGO 6- -5- -2007 ESPAÑA 33 EL NAPOLEÓN DE NOTTING HILL La invocación militante del pasado es mala para casi todo el mundo, empezando por los propios españoles. Y sin embargo, no es inconcebible que surta efecto manifiesta mala fe. Pero no hubo una división de los españoles, por dos motivos. El primero, y sobre ello coincide casi todo el mundo, es que los agentes políticos se condujeron con sentido de la responsabilidad. No acertaron en todo. Pero su comportamiento fue decente, en líneas generales. Elsegundomotivo, menosventilado, es que, como diría más tarde Guerra en un contexto distinto, a España ya no podía conocerla nila madre que la había parido. Esto es, no podían conocerla, ni los vencedores de la guerra, ni los derrotados. Después de cuarenta años de dictadura, el restauracionismo republicano, o las invectivas tópicas del franquismo contra la República, sonaban a chino al ciudadano común. Existía el instinto de sumarse a Europa y unas ganas grandes de tranquilidad. Y no existía mucho más, ni para bien, ni para mal. La Guerra Civil alimentó un venero permanente de publicaciones científicas. Nocentró sinembargo, nopodía centrar, la vida pública. La gran novedad, y en eso lleva Pericay más razón que un santo, es que la guerra se está usando ahora para establecer límites que en una democracia normal deberían fijarse a través del voto, en elecciones quizá apasionadas aunque de ninguna manera fratricidas. Es como si la tragedia de la Vendée se hubiese instalado, de pronto, en mitad de las elecciones presidenciales francesas. O como si los políticos italianos tuvieran que acreditar que no proceden, ni por vía materna, ni paterna, de nadie que haya estado en un ministerio durante la era Mussolini. La recuperación de la guerra civil es, en fin, una rareza, aparte de una tontería mayúscula. Pero está dirigida, y esto ya no es pueril, no contra políticos remotos, sino contra un partido que representa a diez millones de españoles. ¿Qué significa lo último? Que si volviese la aspereza, volviese de verdad, sería una aspereza espantosa, por actual y por multitudinaria. No se trataría de la aspereza residual, crepuscular, de la Transición, sino de una aspereza eficaz, de vivos contra vivos. ¿Volverá la aspereza? La sociología sigue estando en contra. El sentido común, también. Y a los partidos no les conviene mirar hacia atrás. No le conviene al PP cuya captura del centro se vería dificultada por un clima general de radicalización. Y no es bueno para el PSOE. Imaginen que el actual presidentesocialista, en lugar de ser Zapatero, fuera un señor menos convulso por sus fantasmas familiares. Al Gobierno actual le ha caído en suerte una etapa de gran crecimiento económico y un líder de la oposición lastrado por las circunstancias en que recibió la herencia de Aznar. Sin artificios como el de la memoria histórica o el llamado proceso de paz la máxima preocupación del Gobierno, en este instante, sería la de cómo organizar el reparto del poder después de las siguientes elecciones, no la de excogitar remedios mágicos para no perderlo. La invocación militante del pasado, en fin, es mala para casi todo el mundo, empezando por los propios españoles. Y sin embargo, no es inconcebible que termine por surtir efecto. La obra de referencia, en este sentido, es una novela de Chesterton: The Napoleon of Notting Hill En la humorada de Chesterton, un pasado fabuloso logra materializarse de modo retroactivo. La rivalidad del momento degenera en odio, y el odio se cobija en una tradición improvisada y falsaria, aunque altamente gratificante para quienes lo ven ya todo de color rojo. Para que le memoria no mienta, nada mejor quemirar el presente con sosiego. Álvaro Delgado Gal AP que le llevaran al hospital, bajo nombre falso. Pero fue reconocido como sacerdote según se afirma el decreto de beatificación, firmado el 16 de diciembre de 2006 por el cardenal Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos: Entonces, abiertamente confesó su verdadera identidad. Poco después, los destructores de la nación le arrancaron de la cama, para ser fusilado, por la única razón de que era sacerdote de la Iglesia católica En silencio, el religioso aguantó vejaciones y ultrajes durante su Vía crucis hasta el Mercado Viejo de Oviedo. Allí, fue colocado junto a un muro. Antes de recibir los disparos, Eufrasio del Niño Jesús se volvió a sus verdugos. Os perdono, hijos míos. ¡Viva Cristo Rey! fueron sus últimas palabras. Algunos de los testimonios de la época comentan que fue fusilado con saña por milicianos de la República. La conclusión de la Santa Sede es clara, y así se refleja en el decreto de martirio: Fue asesinado por odio a la fe Aquí concluye la historia de estas dos víctimas de la II República. Ellos, como los otros 496 asesinados por su fe durante la Guerra Civil y que la Iglesia ha sancionado como mártires, tendrán cumplido reconocimiento el próximo otoño en la plaza de San Pedro de Roma, cuando sean elevados a los altares en la que será la mayor beatificación de la historia de la Cristiandad. l martes pasado, Xavier Pericay publicó una tercera muy recomendable sobre la ley de la memoria histórica y la recuperación por vía nostálgica de la Guerra Civil. Suscribo el artículo de la cruz a la fecha, salvo por una apostilla que el autor deslizaba al final del penúltimo párrafo. La apostilla problemática era la siguiente: volveremos, si nadie lo remedia, a los años ásperos de la Transición, cuando nadie sabía a ciencia cierta cómo iba a acabar aquello No, no volveremos a los tiempos ásperos de la Transición. Si Dios no lo remedia, iremos hacia otra cosa, que en este momento no atino a imaginar con precisión. La fase o era transicional enfrentó a dos fuerzas, dos instancias, asimétricas, tanto desde el punto de vista histórico como social. De un lado, estaban los resistentes del Antiguo Régimen, a quien Suárez y el desplazamiento en masa de la derecha hacia un marco político democrático había dejado huérfanos de argumentos institucionales. Y del otro, estaban todos los demás: la propia derecha y, por supuesto, la izquierda. Carrillo, por fortuna, se negó a asumir un papel simétrico al desempeñado por los franquistas pertinaces. Y gracias a Felipe González, el Partido Socialista no solicitó la revancha sino la oportunidad de participar en el poder cuando le llegara su turno. Persistía en darle al gatillo ETA, por supuesto. Y el PNV aceptó las reglas de juego con reservas que luego derivarían en E