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ABC DOMINGO 6 s 5 s 2007 Tribuna abierta ESPAÑA 27 Ignacio Buqueras y Bach Autor del libro Cambó CAMBÓ, HOY Yo siento a España y yo amo a Castilla y no quiero abandonar la esperanza de que estos sentimientos puedan hermanarse con mi catalanismo esencial. Esta convicción me ha guiado a lo largo de mi vida. Ella es la que ha inspirado mi actuación política. A ella me abrazo y me abrazaré mientras viva Cambó. París 22 I 1940 L 30 de abril de 1947, ahora hace sesenta años, moría Francesc Cambó en Buenos Aires, preparando ilusionadamente su viaje a España. En vísperas de su salida se vacunó contra la fiebre amarilla, requisito exigido, lo que le originó un proceso infeccioso de carácter intestinal. Le sobrevino una septicemia generalizada, lo que le provocó continuas hemorragias. Cambó no fue consciente de su gravedad. Su último acto fue dictar un telegrama de adhesión a las grandes fiestas que se celebraron en Montserrat, el 27 de abril, con motivo de la nueva entronización de la Moreneta a la que él tenía previsto asistir. Francesc Cambó (1876- 1947) fue el mejor político español de la primera mitad del siglo pasado. Salvador de Madariaga, siempre parco en sus elogios, lo consideró el genio político mejor dotado que ha producido no sólo Cataluña, sino la España actual Se destacó por su recia personalidad, su excepcional preparación, sus dotes oratorias, su fuerza moral, su poder de convicción, su doble condición de hombre de acción y pensamiento, su declarada y ejercida vocación humanista, su voluntad férrea y tesonera, su espíritu equilibrado y moderado. Su capacidad empresarial y financiera fueron siempre valoradas, y su generoso mecenazgo a favor de las artes y la cultura catalana ha sido mayoritariamente admirado, y por muchos envidiado. Estas y otras cualidades le convirtieron en el hombre nuevo y renovador de su época, con el talento y la energía indiscutible para conseguir la verdadera transformación de España, y todo ello desde su ser catalán, porque Cambó fue un catalanista que nunca consideró contrapuestas las ideas de Cataluña y España. efendió en Cataluña, en Madrid, y en el resto de España, no sólo con palabras sino con hechos, estos postulados. Cambó, que era un hombre de ideas y de convicciones arraigadas, con voluntad y condiciones para defenderlas y proyectarlas, hoy se encontraría con una sociedad mayoritariamente apática, inerme, sin pulso, sin ideales, sin ilusiones, sin entusiasmo, sin referentes, con una tendencia creciente hacia la mediocridad y una cierta anestesiada resignación E nido en llamarse la España de las Autonomías; Cambó, que tenía una fe sin límites en su pueblo, hoy viviría una Cataluña plena, pujante y solidaria. Pero Cambó, que era un hombre de ideas y de convicciones arraigadas, con voluntad y condiciones para defenderlas y proyectarlas, también hoy se encontraría con una sociedad mayoritariamente apática, inerme, sin pulso, sin ideales, sin ilusiones, sin entusiasmo, sin referentes, con una tendencia creciente hacia la mediocridad y una cierta anestesiada resignación. Sin embargo, no dudamos que hoy Cambó sabría ilusionar, esperanzar y entusiasmar a nuestra sociedad, como tantas veces hizo en sus años de liderazgo. n 1986, un buen y admirado amigo, Salvador Millet i Bel (1912- 1998) que colaboró (1940- 1947) con Cambó como responsable de su departamento de estudios económicos, a mi petición para mi libro, me remitió su autorizado testimonio sobre nuestro líder: Cambó era enemigo de vaguedades y componendas en todo lo que consideraba esencial y, capaz, en cambio, de la mayor ductilidad en todo lo accesorio. Cambó sabía aunar el idealismo que le salía del corazón con el realismo que le dictaba el cerebro. Cambó sabía casar perfectamente el espíritu de lo social con el sentido de lo económico. Cambó no soportaba la falsedad, la doblez, las segundas intenciones. Cambó era tan profundamente catalanista como auténticamente español. Cambó no improvisaba nunca. Cambó amaba tanto la libertad como el orden. Cambó sabía escuchar. Cambó sabía rectificar. Cambó buscaba el poder no para disfrutarlo, no para usarlo en beneficio propio o de su partido, sino para gobernar efectivamente en beneficio de Cataluña y de España entera ¿De qué político catalán o español puede decirse hoy lo mismo? ¿Acaso su figura no sigue constituyendo un magnífico ejemplo para todos aquellos españoles que quieren dedicarse a la política? Cambó hoy puede y debe ser motivo de estudio, análisis y reflexión, y sin lugar a dudas un excelente ejemplo y referente a seguir, tanto por los políticos como por los ciudadanos. E ÁNGEL CÓRDOBA D En 1907 decía: ¿Hay alguien que pueda pensar por un momento que la grandeza de Cataluña pueda chocar, pueda lastimar en algo el progreso y la vida y la dignidad de España? Si alguien pensara eso, cometería el mayor de los sacrilegios. Yo no he podido sospechar nunca que Cataluña y España pudieran ser cosas contrapuestas. Si un día yo pudiera pensarlo, ese día sería el día más triste de mi vida, porque vería comprometido para siempre el porvenir de Cataluña Quince años más tarde, en 1922, con igual rotundidad declaraba: he rechazado constantemente el separatismo, y no por considerarlo delito, sino por estimarlo un absurdo Cambó defendió siempre la autonomía de Cataluña, pero sin mermar la de otras regiones. Así se expresaba en 1906: Decid a las demás regiones que no les tenemos odio, que nuestro odio va dirigido a todo lo que nos separa de ellas. Decidles que quere- mos una España dentro de la cual los castellanos sean muy castellanos, los andaluces muy andaluces, los catalanes muy catalanes... para concluir: Cuanto más fuertes sean las regiones, más fuerte será España P alabras las de Cambó que, hoy más que ayer, están en condiciones no sólo de alcanzar su verdadero significado, sino también de conseguir su adecuada plasmación práctica. Cambó, que fue un demócrata toda su vida, hoy tendría la satisfacción de comprobar que España está viviendo el más largo período democrático de su historia; Cambó, que fue un monárquico racional, hoy daría fe de que España tiene una monarquía prestigiada y un Rey, Don Juan Carlos I, popular e indiscutido; Cambó, que fue un autonomista convencido, hoy observaría que España está consolidando lo que ha ve-