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20 ESPAÑA Precampaña electoral s Análisis DOMINGO 6 s 5 s 2007 ABC más desfavorecidos para encarar esta recta final. Nadie duda de que tiene un proyecto y plantea, gusten o no a cada votante, soluciones a los problemas del país. La derecha francesa, a diferencia de las dificultades con que a veces el PP ofrece su alternativa, se presenta no como el médico que sólo diagnostica los problemas, sino como el cirujano con la experiencia y los conocimientos precisos para operar y eliminar los males. Hay, es verdad, un cierto sector de la izquierda francesa que defiende una opción que se podría resumir en el todo (o cualquier cosa) salvo Sarkozy. Es una estrategia que se conoce bien en España: vote a Rodríguez Zapatero, apoye al Gobierno, porque, ocurra lo que ocurra, aunque no sea bueno, la alternativa es el malvado y maldito PP. Un antiguo colaborador del presidente ha escrito hace poco que evitar la victoria de la derecha es la gran esperanza electoral del PSOE Pero Sarkozy se lo ha tomado sin desasosiego y sin complejos, lo que difiere de la política española. No es un liberal, es cierto, y combina las políticas proteccionistas con las que pretenden desregular la agobiante pesantez del Estado en Francia. Pero su propuesta de centro- derecha ni está anclada en la defensa de un pasado (ni el de su propio Gobierno) ni se plantea como una queja. Su indudable fuerza personal o de encantador de serpientes viene acompañada por otras virtudes que pertenecen a la praxis política. También hay excesos en Francia y maniobras políticas poco ejemplares. Sin embargo, el debate sobre valores e ideas está presente. Se contrastan dos opciones que representan a la derecha y a la izquierda, pero el debate no ha salido, salvo excepciones, de la reflexión sobre una sociedad abierta que busca el apoyo de la zona más templada de los votantes. Colombani, al que citaba al principio, se muestra cauto a la hora de valorar el efecto de ese tout sauf Sarkozy Francia, afortunadamente para ellos, vive un ambiente en el que convertir en víctima al adversario no rinde y en el que buena parte del electorado, la que finalmente va a decidir hoy, pide contrastar proyectos con proyectos. Quizá el ejemplo de esta experiencia nos coja aquí con el pie cambiado, demasiado cercanos a las elecciones del 27 de mayo, demasiado anclados en las estratagemas para lograr que no se vote al adversario en vez de que se vote a uno mismo. Pero puede que quien salga de esa espiral antes esté mejor preparado, por encima de los reiterados empates técnicos de los sondeos, para las generales de 2008. La zona más templada José María Aznar y Nicolas Sarkozy, en una cena que compartieron en Madrid en 2005 ANGEL DE ANTONIO El ejemplo francés En España hay en la derecha no sólo admiración por el candidato de la UMP, sino añoranza de un líder como el ex ministro del Interior y de ese cierto impulso de ruptura incluso con el modo de hacer que representaron los gobiernos de los que formó parte gobiernos de los que ha formado parte. Royal era, cuando comenzó su andadura hacia la presidencia, la Zapatero francesa, aunque ahora camina sin muletas ni comparaciones. Pero invitó al presidente del Gobierno español al cierre de la campaña para la primera vuelta y Sarkozy no se acordó de Rajoy, demostrando quizá que uno de los déficits importantes del líder del PP es su presencia e influencia en el ámbito internacional. Se añora en España un tipo de debate que se conoce por referencias. Se tiene la impresión de que la campaña, y el debate televisado de esta última semana seguido por 21 millones de franceses, han sido de tono muy distinto al de la discusión española. Incluso el detalle de Sarkozy de no querer agotar su tiempo ha caído bien a los españoles, quizá cansados de tanta verborrea política. Pero los periódicos franceses de estos últimos días reflejan un giro porque la candidata socialista, por detrás en las encuestas y en los sondeos de valoración del debate, aprieta el acelerador. Ya se enfadó con su adversario ante las cámaras llamándole embustero; luego insistió aludiendo a su carácter autoritario y a que su triunfo podría generar división y violencia. A la postre, la política, en todo lugar, tiene la tentación de elevar la voz y exagerar los adjetivos. La maldad del otro parece a menudo un argumento. La paradoja es que las críticas de Royal a Sarkozy pretenden hacerse con una parte del electorado de centro al menos el que se ha dado en denominar así por haber apoyado en la primera vuelta a François Bayrou. Se trata de empujar al candidato conservador más a la derecha para que los recelosos la voten. Si Bayrou quería ser el presidente- ciudadano Royal asegura que Francia entera será presidente si ella gana. En España, el mismo reproche a la derecha- -con un tono, hay que reconocerlo, más recargado y excesivo- -pretende aglutinar a las izquierdas, de las que el PSF parece haberse olvidado después de la izquierda plural y el debate interno. Hay en el socialismo español actual una cierta radicalidad, por encima de una tradicional doctrina socialdemócrata. La que iba a ser la Zapatero francesa quizá no tenga todas las cuentas bien hechas, como hizo ver Sarkozy en el debate, pero no va por ese camino. Su programa no mira hacia aliados de otras izquierdas, sino a un cierto moderantismo de las clases medias revestido de democracia participativa todavía más incentivado por la lucha por los votos de Bayrou. Aparece ahora como su posible primer ministro Dominique Strauss- Khan, es decir, un socialdemócrata clásico que propone ahora repensar el socialismo Es, ¿cómo decirlo? como si Rodríguez Zapatero pusiera su Gobierno en manos de Solbes en vez de que, como ocurre, los hechos simbolicen el final de su carrera política. Sarkozy está en el poder- -aunque se pelee con algunos líderes del partido que preside- -y ha venido apareciendo como favorito en todas las encuestas. Eso, a un político, sin duda le ayuda. Pero es un mérito, y causa seguramente de lo anterior, personificar (en Francia y en la derecha francesa) una mutación que se va imponiendo y a la que todos los candidatos con posibilidades se han apuntado de uno u otro modo. Es habilidoso, no hay duda, y ha sabido derechizar su mensaje en la primera vuelta, para descabalgar a Le Pen, y modificarlo rápidamente hacia el centro y las promesas de protección de los Germán Yanke MADRID. Aquí y allá, en artículos de prensa, comentarios políticos y conversaciones pasajeras, se observa una cierta envidia por lo que está ocurriendo en Francia, por el modo en que se debate y se afrontan las elecciones presidenciales de hoy. Quizá incluso por los personajes que disputan el voto de los franceses. Dice Jean- Marie Colombani, responsable de Le Monde que los españoles, como los italianos, prefieren a Ségolène Royal y los británicos y norteamericanos a Sarkozy, quizá trasladando a Francia las opciones que resultan mayoritarias en sus respectivos países. Pero en España, además, hay en la derecha no sólo admiración por el candidato de la UMP sino añoranza de un líder como el ex ministro del Interior y ese cierto impulso de ruptura incluso con el modo de hacer que han representado los El estilo francés El mérito de Sarkozy La derecha francesa, a diferencia del PP, se presenta no como el médico que sólo diagnostica sino como el cirujano que elimina los males