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ABC DOMINGO 6 s 5 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA QUÉ DUROS CON LAS ESPIGAS... I se doblase el mapa de España por un eje, no sólo geográfico, sino político y moral, la ruta nocturna de Isabel Pantoja hasta los sórdidos calabozos de Málaga coincidiría aproximadamente con el plácido itinerario de los paseos vespertinos de Iñaki De Juana Chaos por los alrededores del hospital donostiarra, y se obtendría una curiosa superposición de la profunda, aberrante dicotomía ética en que se bifurca estos días la andadura del zapaterismo. Todo el rigor de la justicia, con su contundente y aparatosa movilización del aparato policial, desencadenado con alevosa nocturniIGNACIO dad sobre una cantante CAMACHO sospechosa de irregularidades financieras, que perfectamente podía haber sido convocada al juzgado mediante la correspondiente citación ordinaria; mientras al otro lado del país, el asesino convicto de 25 ciudadanos, discretamente protegido por las fuerzas de seguridad, estira al atardecer sus músculos agarrotados por un selectivo ayuno voluntario que le ha bastado para doblegar al sistema legal del Estado. He ahí la fotografía precisa de un tiempo lúgubre de abatimiento y desconcierto, plasmado en el descarnado claroscuro de un retrato de época; de una sombría época de incuria en la que, como dejó escrito Bertolt Brecht, parece de nuevo necesario demostrar lo evidente. Lo evidente es la sorda irritación que sacude la conciencia ciudadana ante este escandaloso doble rasero, ofensivo para cualquier sensibilidad adornada por un mínimo sentido del equilibrio y la decencia. Lo evidente es la afrentosa humillación que para el sufrimiento de las víctimas supone la privilegiada comodidad del carnicero triunfante en su chantaje a la justicia democrática. Lo evidente es el agravio de muchos luchadores por la libertad que han de vivir bajo el sobresalto de las escoltas para ver escoltada la tranquilidad del paseante De Juana. Lo evidente es el agravio a la razón y a la ley que representa el irritante exhibicionismo del criminal ante la inaceptable permisividad del Estado. Lo evidente es cómo las temerosas autoridades de un país afligido se aloban ante la coacción del terror y se yerguen con orgullo arbitrario y abusivo frente a la asustadiza fragilidad de una tonadillera famosa. Lo evidente es el fingimiento moral de quienes organizan un espectáculo de demagógica disciplina y morbosa carnaza populista para desahogar su mala conciencia y distraer la atención de una bochornosa ignominia. Lo evidente es esta clamorosa bipolaridad moral que el presidente Zapatero ampara con sofismas y casuismos. Lo evidente es que la palmaria coincidencia de los paseos apacibles de De Juana y la tumultuosa detención de la Pantoja retratan a un Gobierno sumido en un patético ejercicio de hipocresía, temblando de miedo e impotencia mientras enseña los dientes en una mueca desencajada que movería a risa si no fuese por su manifiesta doblez y la cobarde simulación de mostrarse duro con las espigas para encubrir su indecorosa blandura con las espuelas. S EL RECUADRO NUEVO CANCIONERO DE LA PANTOJA UÉ bonita es mi niña. La otra noche dormitaba Pantoja en comisaría, y los almendros lloraban, y los almendros lloraban, qué judicial tropelía. Qué penita de mi niña, qué penita porque duerme en un calabozo oscuro, porque un juez mandó prenderle. Qué penita de mi niña, qué penita porque duér... en un calabozo oscuro, que así no piensa la gente, ayay, ayay, piensa la gente. Jugaban al escondite Zeta Pé con los maderos, Y los almendros miraban, y los almendros miraban por ver este desafuero... Qué penita de mi niña, qué penita porque duerme en un calabozo oscuro, que hay un juez que quiere verle. Qué penita de mi niña. qué penita porque duer... en un calabozo oscuro, y al Otegui, ni toserle, ayay, ayay, y al Otegui, ni toserle. Marinero de luces. El blanco patrullero con luces azules de la Policía que llegó hasta La Pera en la noche oscura a por mí venía. Y brillaban sus luces con siete maderos y salí pá fuera, y quedó allí mi Agus y quedó Doña Ana, llorando en La PeANTONIO ra. Olvidaste que yo, que no paso ni BURGOS una, lo estaba esperando, lo anunció Zapatero en un mitin lo dijo, largando, largando, que así llega la muerte por esa boca al pez. Y el blanco patrullero entre mil paparazis cruzó la autovía, me dejó a mí tirada en esta cuneta mi amigo Zarrías. Arrieros que somos yo ya te lo aviso y es largo el camino, porque un día de estos, preparadse todos, de la manta tiro. Hoy quiero confesar. Hoy quiero confesar que ya he sido imputada por lavar los dineros con detergente, total, por ser muy limpia y aseada, y por dejarlo todo reluciente... Hoy quiero confesar que estoy hasta la peina de servir a estos tíos de un humo de cortina, pá que hablando de mí nadie diga que España se ha rendido cobarde a la ETA asesina, Trece de Mayo. Ay, tres, ay, día tres de Q mayo cuando me encontré contigo, calabozo malagueño, ni que fuera un asesino. Y las horas que allí estuve, que yo sé bien lo que digo, esperando que el juez Torres se dignara hablar conmigo. Maldita sean las leyes que mi perdición han sío, qué solita estaba yo en aquel calabocito, mientras que hay tantos etarras más libres que mis suspiros... ¿Quieres que vaya descalza? Los Manolos yo me quito. ¿Quieres que me abra las venas? Toma mi grupo sanguíneo. Haré lo que se te antoje, pero ruedas de molino no me des en comunión, que eres agnóstico, tío. Que pá ti yo he sío un clínex, mira qué bien te he servío, en el día tres de mayo, cuando me encontré contigo, calabozo malagueño, lo quiso Conde Pumpido Embrujá por tu querer. Ando medio loca imputá por ZP noventa mil euros yo he pagado del tirón libertad con cargos he podido yo obtener, y así me he librao de ingresar en la prisión. Total, por ese dinero, no sé por qué dejaría mi un bolso en ese ropero, que lo abrió, que lo abrió la Policía. Y a ti se te ve el plumero, y a ti señor Zapatero, lo que quieres es ya lograr que ETA- Batasuna se la pueda allí votar, que ETA- Batasuna se la pueda allí votar Cárcel de oro. Cuando tú me detuviste no era más que una gitana, con un traje de volantes pá tapar tu indignidad, y me vi por Zapatero de la noche a la mañana durmiendo en comisaría lo mismo que un criminal. Pero a mi desde el principio me agobiaba la estrechura, me agobiaba aquel encierro que salió en televisión, y la noche de mis ducas le sirvió a algún caradura pá que tapara mi trena su cobarde rendición. Lo que dijo Zapatero, yo espero que nadie vaya a olvidar, porque dijo el embustero, no quiero sus palabras recordar... Abre puertas y cerrojos que me dé la luz del sol, yo en la trena, y está libre el que mató a veintidós. A mi mare yo le imploro, y la lloro, cómo me tienen a mí, y Juana Chao está allí ganando su Concha de Oro.