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74 CIENCIAyFUTURO Tribuna abierta SÁBADO 5 s 5 s 2007 ABC Margaret Beckett Ministra de Asuntos Exteriores del Reino Unido AMENAZA A LA SEGURIDAD GLOBAL L representante congoleño intervino hacia la mitad del debate del Consejo de Seguridad: Esta no será la primera vez que la gente luche por la tierra, el agua y los recursos dijo. Pero ahora será a una escala que hará palidecer los conflictos del pasado El francés lo calificó como la amenaza número uno para la humanidad El belga afirmó que para responder a esa amenaza no teníamos más remedio que volver a pensar de principio a fin cómo nos planteamos nuestra seguridad: no podemos permitirnos caer en la trampa que tan cara le ha salido al mundo a lo largo de su historia, y dar por supuesto que el futuro se parecerá al pasado. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, aseguró que las situaciones hipotéticas a las que nos enfrentamos son alarmantes. ¿A qué se debía toda esta preocupación? Al cambio climático. Nuestro clima, cada vez más inestable, ya no se contempla como un asunto fundamentalmente económico o medioambiental. A medida que, como han corroborado las pruebas científicas recientes, la amenaza a la que nos enfrentamos ha ido aumentando de magnitud y definiéndose más claramente durante los dos últimos años, superando en algunos casos nuestros peores temores respecto a los impactos físicos que se avecinan, cada vez está más claro que el cambio climático tiene consecuencias que afectan al centro mismo de la política de seguridad. Inundaciones, enfermedades y hambruna y, a consecuencia de ellas, emigración a una escala sin precedentes y a zonas que ya son escenario de graves tensiones; sequía y cosechas arruinadas y, junto con ellas, la intensificación de la lucha por el alimento, el agua y la energía en regiones en las que los recursos ya se han apurado al límite; problemas económicos de la envergadura que pronosticaba el año pasado el Informe Stern y que no se veían desde el final de la Segunda Guerra Mundial. No se trata sólo de la seguridad de una nación; se trata de nuestra seguridad colectiva en un mundo frágil y progresivamente interdependiente. Y, por desgracia, una vez más, afectará en primer lugar a los más vulnerables y menos capaces de hacerle frente. Desde luego, entre un clima estable y la lu- ALERTAR SOBRE LA MAYOR El reconocimiento del cambio climático como un asunto fundamental de la seguridad ha sido trascendental. Se ha demostrado que una amplia mayoría de la comunidad internacional contempla ahora la inestabilidad climática como una amenaza sin precedentes que debemos combatir con la mayor urgencia y ambición E co previsto supone una seria amenaza para la seguridad nacional de EE. UU. Señalan que tiene un efecto multiplicador de la amenaza de inestabilidad en algunas de las regiones más inseguras del mundo En otras palabras, un clima inestable hará que las tensiones y conflictos con los que el Consejo de Seguridad tiene que bregar un día tras otro se vuelvan todavía más frecuentes e incluso más agudos. Por tanto, son estas preocupaciones las que explican la decisión del Reino Unido de utilizar nuestra presidencia del Consejo de Seguridad para alimentar este debate sin precedentes. Y son estas preocupaciones las que empujaron a 53 países, un número casi inaudito para una reunión de este tipo, a hablar y participar. levar este tema al Consejo de Seguridad no descarta emprender acciones en otras instancias de la ONU o en la comunidad internacional. Como jefa de los negociadores británicos en la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático durante más de cinco años, soy la última persona que querría socavar esas otras iniciativas multilaterales, que son cruciales. Pero el Consejo de Seguridad, responsable de mantener la paz y la seguridad internacionales, puede hacer una aportación única a la hora de forjar una visión compartida de lo que un clima inestable significará para nuestra seguridad individual y colectiva. Y, cuando empecemos a construir una economía global con menos emisiones de carbono, las decisiones que adoptemos y las acciones que emprendamos, sea cual sea el foro, serán mejores, más firmes y más eficaces, porque estarán informadas por una comprensión lo más completa posible de todas las implicaciones del cambio climático, entre ellas la necesidad acuciante de la seguridad. El reconocimiento del cambio climático como un asunto fundamental de la seguridad ha sido trascendental. Se ha demostrado que una amplia mayoría de la comunidad internacional contempla ahora la inestabilidad climática como una amenaza sin precedentes que debemos combatir con la mayor urgencia y ambición. Si tenemos éxito en ese esfuerzo compartido, todos tendremos más posibilidades de disfrutar de una mayor seguridad. El cambio climático es una amenaza que puede servir para unirnos, siempre y cuando seamos lo bastante inteligentes como para impedir que nos divida. L Se trata de nuestra seguridad colectiva en un mundo frágil y progresivamente interdependiente, y, una vez más, afectará en primer lugar a los más vulnerables cha contra la pobreza, no hay elección. Sin el primero, la segunda ciertamente fracasaría. ualquiera que quiera encontrar una relación entre lo que la ciencia nos dice sobre los impactos físicos y C las repercusiones más amplias para nuestra seguridad, haría bien en leer un asombroso informe que apareció publicado este mes. El Military Advisory Board (Junta Asesora Militar) agrupa a los almirantes y generales retirados más respetados de Estados Unidos. A lo largo de sus carreras han tenido que vérselas con todo tipo de cosas, desde la contención y la disuasión de la amenaza nuclear soviética durante la Guerra Fría hasta la lucha más reciente contra el terrorismo y el extremismo. Son lo menos parecido que uno pueda imaginar al viejo estereotipo del ecologista que abraza árboles. Aun así, en ese informe afirman categóricamente que el cambio climáti-