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70 CULTURAyESPECTÁCULOS SÁBADO 5 s 5 s 2007 ABC CLÁSICA Temporada OCNE Obras de Olavide, Mozart, Del Puerto (estreno) y Beethoven. Int. J. Guillem, flauta. ONE. Dir. P. González. Auditorio Nacional. Descubrimientos A. G. L. Están de enhorabuena los espectadores de la ONE. El concierto de esta semana ha sido una sorpresa tímidamente anunciada. Se programaba una obra de esas que conviene recordar cada poco, aunque no se haga, Orbe de Gonzalo de Olavide; actuaba la flautista de la orquesta, Juana Guillem; David del Puerto, compositor de hornada ya veterana y maestría consolidada, estrenaba nuevas Variaciones para alegrar el espíritu, sonaría la segunda sinfonía de Beethoven; y a todo ello le iba a dar forma el director Pablo González, de quien se sabían cosas buenas. El concierto es ya un estupendo recuerdo, historia cabría decir ahora que con tanta alegría se maneja lo superlativo. La obra de Gonzalo de Olavide merece circular con más asiduidad. Lo permite el medio musical, cierta respetuosa nostalgia y la confirmación de que era alguien sabio y tenaz. Hoy Orbe llama la atención por su calidad y finura de fondo. Que esto se observe veinte años después de su composición dice mucho sobre su materia. David del Puerto la ha utilizado para escribir sus Variaciones en memoria de Olavide sometiendo el procedimiento a una expresión sentida y sincera, a veces sutil y atmosférica, en otros momentos condensada, algo oscura, triste como el planto y emotiva como el adiós. El estupendo ensamblaje de la partitura y el final con el tema en el piano apenas adornado por un fugaz trémolo de la cuerda y llevado por el sobrio tañido de la campana es un hallazgo para un adiós sin palabras. Un apunte aún para Juana Guillem y Pablo González. La primera tocó Mozart, su primer concierto para flauta. La dificultad de las cadencias y la agilidad con la que se resolvieron hablan de una versión dicha con ancha horizontalidad y ligazón. Está claro que, individualmente, la ONE tiene potencial. Se aplaudió con ganas. También a González, quien hizo un Beethoven de estupendo concepto, coherente y seguro. Dirigió con sencillez y sin adornos superfluos, brillante, afirmado ante una orquesta que se entregó aun dejando demasiados desajustes y pifias. El maestro estuvo por encima del instrumento. Apetece volver a escucharlo. Una escena de El viaje a Simorgh con puesta en escena del pintor Frederic Amat porque ha contado con un importante plantel de voluntades. Canta Dietrich Henschel, Ofelia Sala, Carlos Mena, José Manuel Zapata, Marcel Pérès, Itxaro Mentxaka... baila Cesc Gelabert, toca el violín Ara Malikian, dirige Jesús López Cobos. Ni uno de ellos discrepa del entorno. Ponen lo mejor de sí mismos. Dicen la obra estupendamente. La han hecho suya. Sólo así es posible transmitir el mundo de sensaciones que proyecta El viaje a Simorgh O quizá de sutiles irisaciones. Porque todo tiene mucho que ver con el pellizco en lo misterioso, lo perturbador, losorprendente... Y hasta lo desconcertante, según una pausada yuxtaposición de escenas. Lentas, heterogéneas y enigmáticas. Para ellas, Frederic Amat ha creado imágenes contundentes. Algunas proyectadas sobre telón y teatro, otras delineadas en un escenario sintético. La multitud de recursos empleados se traduce en algo con impacto. Cabe hacer abultadas descripciones de muchos momentos, pero es mejor señalarvarios detalles cargados de emoción. Por ejemplo, la visión de los tres violistas que acompañan al Amado colocados en el filo superior de la escena; la postal detenida, multicolor y esperpéntica del balneario; la biblioteca ardiendo; el anhelante abrazo de los amantes, la cara final de la muerte. No hay aspecto sin cuidar: desde el estupendo vestuario de Cortana a la luz de Vinicio Cheli. Pero todo ello no es más que el complemento ideal a la que es, por ahora, la gran obra de Sánchez- Verdú. Cualquiera de sus músicas y pensamientos anteriores desembocan aquí. Por eso la partitura se recrea en sonidos imposibles, en encuentros sonoros asombrosos. Es el mundo del compositor. En esta obra sometido de forma más radical a una extraña paradoja: el impresionante catálogo de elementos utilizados, electrónica incluida, se concentra, al final, en una caligrafía de lo mínimo, prodigiosa y rigurosa. Todo medido, todo estructurado, todo caracterizado. Voces e instrumentos, situaciones y sucesos. Los antiguos dirían que está en juego la belleza de la armonía, de las partes con el todo. Pero también hay algo de belleza kantiana como aprehensión de lo que es grandioso e inabarcable, algo que obliga a la razón. El viaje a Simorgh es un objeto digno de contemplarse; también es una obra que requiere un notable esfuerzo intelec- JULIÁN DE DOMINGO ÓPERA El viaje a Simorgh Música: José María Sánchez- Verdú. Libreto: J. M. Sánchez- Verdú (sobre un libro de Juan Goytisolo) Dir. musical: Jesús López Cobos. Dir. de escena y escenografía: Frederic Amat. Figurines: Cortana. Coreografía: Cesc Gelabert. Iluminación: Vinicio Cheli. Intérpretes: Dietrich Henschel, Ofelia Sala, Carlos Mena, José Manuel Zapata, Marcel Pérès, Jesús Castejón, Paola Dominguín. Lugar: Teatro Real, Fecha: 4 de mayo EL ENIGMÁTICO VIAJE DE SÁNCHEZ- VERDÚ ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE El Teatro Real acaba de proponer un reto. Otra forma de escuchar y ver. A los habituales espectadores de la temporada operística se les invita a participar de El viaje a Simorgh Para el equipaje se recomiendatranquilidad de espíritu, desterrar ideas preconcebidas, entregarse a la observación. Es la última ópera de José María Sánchez- Verdú. Se estrenó anoche. Momento grande para un teatro que aspira a estar vivo. Instante único para quienes han dejado en la obra ilusiones e ideas. Ellos saben, mejor que nadie, que el esfuerzo ha merecido la pena. Especialmente Travesía vital y sugestiva con detalles cargados de emoción como la postal detenida, multicolor y esperpéntica del balneario tual, si es que se aspira a comprenderla. En este sentido, se hace necesario traducir los abandonos y abucheos que ayer se mezclaron con los aplausos. Lo fácil sería pensar que la obra está por encima de los espectadores, que su tiempo llegará Lo comprometido es asumir la reacción, por muy burgués que siga siendo la ópera. Además, algo se esperaba. El propio compositor había dejado entrever que en la misma se niega el género, en lógica coherencia con la particular estructura y sintaxis de Las virtudes del pájaro solitario de Juan Goytisolo en la que se basa. De ahí la falta de una clara línea argumental, lo críptico de muchos elementos difíciles de encajar en una escucha inicial, la fuerza del símbolo por encima del mensaje, el complejo y desorientadorarmazón estructural. Ópera de ideas que no de diálogos. Se añade a ello el sentido descriptivo y poco narrativo de buena parte de la música. Así las cosas, Sánchez- Verdú se ha hecho difícil de entender. Ha preferido ser fiel a sí mismo antes que plegarse a cualquierade las convenciones del medio. O, lo que es igual, a aquellos elementos que permitirían entablar una comunicación fluida, más allá de la inmediata sorpresa. Ahora bien, quizá ha de ser así para que este Viaje a Simorgh exista. Travesía vital, arriesgada y sugestiva de Sánchez- Verdú. Que se comparta o no depende de la generosa voluntad de cada uno.