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6 OPINIÓN SÁBADO 5 s 5 s 2007 ABC AD LIBITUM FRANCESA LA LECCIÓN EN FIN ¿SOBRAN LOS POLÍTICOS? fijado en Maastricht, y su déficit fiscal superaba el 5 por EPRESENTÓ el paradigma de la fortaleza de una ciento, dos puntos por encima de las exigencias de la sociedad y de una textura económica frente a la UME) Las costuras del tejido económico del país siguieineficiencia del Estado y la irresponsabilidad de ron aguantando los estirones dados por un Estado rasu clase política. Eran los setenta y ochenta del pasado sipaz, hasta que las exigencias de la nueva economía dijeglo, y en Italia hacía estragos el saqueo de los ministeron basta: privado de la soberanía monetaria, el Estado rios por una miríada de partidos cuyo único programa italiano ya no puede garantizar, vía política de camcomún era el reparto del pastel (la lottizzazione) Pero la bios, la competitividad en el exterior de unas empresas economía crecía y crecía (en ciertos momentos, a tasas que, literalmente, no dan la talla: el 70 por cienentre el 8 y el 10 por ciento anual) gracias, entre to de los empleados en su industria lo son en emotros factores, a una casta especial de empresapresas de menos de cien trabajadores. En los últirios extraordinariamente dotada para los negomos quince años, Italia es el país que menos ha cios. Eran tiempos del famoso sorpasso, el impulcrecido de la UE. Y hoy, olvidado el sorpasso, su so en virtud del cual Italia sobrepasaba al Reino economía representa sólo un 80 por ciento de la Unido y se constituía en la tercera economía de británica. Europa y la quinta del mundo. La literatura, el ciEl caso italiano permite sacar dos conclusione, el diseño, la moda... Italia era una nación de nes: que la fortaleza económica de un país tiene creadores sin Estado. Era el modelo de una socieEDUARDO mucho que ver con el vigor de su clase empresadad y de una clase económica que no sólo no pareSAN MARTÍN rial, hasta el punto de que puede sobreponerse cían necesitar sus servicios, sino que alardeadurante un tiempo a una clase política autista; pero que ban de prosperar precisamente por su ausencia. ese divorcio no puede prolongarse durante mucho tiemLlegó el fin de la primera República a remolque del po porque un Estado gobernado por políticos irresponmovimiento Manos Limpias, que llevó ante los tribunasables suele ser muy caro, ahuyenta las inversiones exteles a prominentes políticos sin distinción de ideología, y riores e interiores y posterga las reformas necesarias se jalbegaron las fachadas de las instituciones con la cal para que la economía siga creciendo en un mundo cada de una nueva Constitución, que, a lo que se ve, no ha hevez más competitivo. cho desaparecer las marcas dejadas por la corrosión amNo se trata de establecer paralelismos. España no es biental de tantos años. Hoy, sigue vigente una extraorditodavía Tagentopolis, aunque la corrupción haya alcannaria dispersión de la actividad política en un sinfín de zado en algunos casos niveles alarmantes; y tampoco se grupos que, después del sonoro escarmiento de finales puede decir que nos encontremos en el reino de la lottizde siglo, sólo puede explicarse por la pujanza de un sistezazione, por más que el reparto de prebendas que se hace ma de redes clientelares cuyas raíces fueron incapaces en ciertos ayuntamientos y gobiernos autonómicos emde arrancar los intrépidos fiscales de Milán. pieza a parecerse bastante. Pero el divorcio entre clase Sin embargo, el paradigma siguió funcionando alpolítica y sociedad es una realidad que se admite casi de gún tiempo. El Estado seguía gastando, a fuerza de sosteforma unánime; y la irresponsabilidad de muchos de ner un sistema de pensiones que ni los países escandinanuestros dirigentes respecto de los asuntos que imporvos y obligado a emplear una cuarta parte de sus ingretan al futuro del país es un clamor. La tentación, como en sos en pagar los intereses de la deuda, por lo que los suceel caso italiano, es pensar que la sociedad y el tejido emsivos gobiernos eran incapaces de cumplir los compropresarial pueden organizarse al margen de sus polítimisos de la Unión Monetaria (la deuda pública era aún cos. Sería una temeridad. del 108 por ciento del PIB en 2006, frente al 60 por ciento I yo fuera francés, que podría serlo por mi segundo apellido, votaría mañana, y no sólo por razones ideológicas, a favor de Nicolás Sarkozy. Aquella Ségolène Royal de hace unos meses, en el arranque de la carrera que mañana culmina, ya no es ni sombra de la mujer que fue. Su rostro se ha vuelto más anguloso y duro mientras que su mirada, gélida, no concuerda con las amables maneras de cuando sus expectativas de victoria eran mayores de lo que hoy parecen. Una vez más se demuestra que los expertos electorales, en cuadrilla con los sabios de la imagen y los muñidores de la comunicación, M. MARTÍN pueden hacer milagros, FERRAND pero no consiguen todavía que sean duraderos. La izquierda democrática europea, fundamental durante más de un siglo para la conversión del Viejo Continente en escenario de bienestar y progreso, se ha quedado sin contenido. Ese es, en profundidad, el mayor de sus éxitos. La derecha vigente, al margen de los grupúsculos extremos que la flanquean, como a la izquierda, ha alcanzado tal carga social que va siendo difícil, si es que resulta posible, distinguir entre la una y la otra salvo en lo que afecta al respeto sagrado al individuo y sus libertades. La izquierda, para no quedarse sin mensaje, lo subordina al interés general, lo que estaría muy bien de no ser ella misma la que marca los límites y prioridades de tal interés. A la Royal, a la que no en vano comparan en Francia con José Luis Rodríguez Zapatero, le cuadra, si entrara en sus competencias, mandar detener a Isabel Pantoja, con sonar de trompetas y tambores, para sacar de ello tajada de imagen y provecho político. Supongo que Sarkozy, más clásico, la citaría discretamente en el juzgado para tomarle declaración y guardaría los ruidos mediáticos, como marcan la prudencia y la tradición, para después de comprobadas las sospechas que motivaron la convocatoria. Se vio en el debate de televisión que enfrentó a quienes aspiran a la presidencia de la República francesa. Aún en el enfrentamiento, Sarkozy tuvo palabras de respeto y cortesía para su adversaria mientras que ella, altanera, no le dio a él ni el reconocimiento de su presencia. La derecha, un poco por estilo y un mucho por complejos, tiende siempre a reconocer y valorar los méritos de la izquierda mientras que ésta, literariamente hambrienta de revoluciones y cambios imposibles, radicaliza sus gestos ante la imposibilidad de mostrar, en el presente, las ideas que la justificaron en el pasado y que, cubierto su ciclo histórico, ya no tienen razón de ser. Por eso la pintan de verde en el último espasmo de supervivencia. Como Ángela Merkel en Alemania, Sarkozy marca en Francia la ilusión de una Europa en transición, con grandes dificultades y un inmenso potencial de futuro en libertad. ¿Será Mariano Rajoy su equivalente español? S R -Creo que al ser detenida, también la Pantoja le dijo al agente: ¿Sabe esto Gaspar Zarrías?