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ABC VIERNES 4- -5- -2007 La Ley de Propiedad Intelectual ampara el puente de Calatrava en Bilbao 81 La vida eterna de Blue Note Prosigue la reedición de referencias, procedentes del inmenso catálogo discográfico estadounidense, registradas por Rudy Van Gelder POR LUIS MARTÍN MADRID. De copiosa y fructífera producción, la discográfica estadounidense Blue Note es considerada uno de los fenómenos más importantes del jazz grabado, quizás sólo igualado por el protagonizado por Columbia en los comienzos del siglo XX. Nombres como los de Tadd Dameron, John Coltrane, Art Blakey o Thelonious Monk configuran un catálogo de grabaciones de cuyos contenidos continúa haciéndose eco la colección Rudy Van Gelder, así llamada en honor del innovador ingeniero de sonido, cuyo criterio selectivo tuvo siempre un indudable instinto profético. Esto es así hasta el punto de que Rudy Van Gelder pasó a ser, en 1953, el tercer socio de una firma creada sólo catorce años antes, no sin dificultades, por el emigrante alemán Alfred Lion. El exiguo capital inicial es de los que hacen historia: el que fue de rigor satisfacer por el alquiler de un estudio para dejar registradas las ocurrencias de los pianistas Albert Ammons y Meade Lux Lewis. La posterior incorporación de Francis Wolf hizo que, por el pequeño despacho de Blue Note en Nueva York, pasasen los contratos del clarinetista Edmond Hall, del guitarrista Charlie Christian, del mencionado Meade Lux Lewis y del gunas de esas obras imprescindibles de la modernidad que, incluso, sirvieron de inspiración para la salvífica competencia representada por otras discográficas esenciales para el género: Contemporary, Atlantic, Prestige, Riverside o Impulse. Exquisita degustación Miles Davis fue una de las míticas figuras de Blue Note pianista Earl Hines, quien, por cierto, llegó a consumar una espléndida sesión, recomendada incluso por su amigo Louis Armstrong. En el año en que Rudy van Gelder se unió al proyecto los objetivos de Blue Note eran diáfanos: satisfacer cualquier demanda de los estilos que, con el paso del tiempo, pudiera adoptar el jazz. Por eso, llegados los años 50, la línea de ediciones de la compañía continuó en ascenso con los fichajes de figuras tan innovadoras como Miles Davis, Milt Jackson, Herbie Nichols, Kenny Dorham, Thad Jones, Jimmy Smith o Sonny Rollins, entre otros. Una luminosa plantilla de intérpretes innovadores con la que satisfacer las exigencias de cada uno de los socios de una fonográfica, a la que, en 1956, terminó uniéndose Reid Miles, encargado de realizar los vistosos diseños de carpetas por los que cualquiera puede reconocer un disco de Blue Note en los anaqueles de las tiendas. Ahora, en momentos en los que insertar cifras y estadísticas que aclaren el ciclópeo impacto que tuvo Blue Note entre los años 40 y los 60 ya sólo puede ser entendido como una lección de historia, la compañía publica, periódicamente, un número variable de referen- TXABARRI JOSU Una lección de historia cias cuyo valor equivale al de piezas clave en el gran puzzle de las idas y venidas del jazz a lo largo de los años más cruciales de su historia. Un itinerario que ya cuenta con más de cien años de peripecias y hallazgos, y al que Blue Note sirve a la perfección con un fondo de catálogo de ensueño. De hecho, sólo disponiendo de un fondo de estas características se pueden materializar reediciones tan suculentas como las que, por el momento, nos han llegado, perfectamente remasterizadas y con el añadido de algunas tomas alternativas a las de las sesiones originales. Las que, en estos días, aparecen en el mercado son al- Prevalecen, ahora, las tonificantes emanaciones instrumentales de Donald Byrd o Thad Jones, en momentos en los que ambos habían dejado de ser una promesa para convertirse en realidad palmaria (respectivamente, a través de los álbumes The cat walk y Detroit- New York junction las exhumaciones parkerianas de Jackie McLean en New and old gospel junto a Ornette Coleman; los apuntes de lirismo de Dexter Gordon en Clubhouse y las más imprescindibles sugerencias del baterista Art Taylor en A. T s delight junto a Stanley Turrentine y Wynton Kelly. En esta exquisita degustación de menú tampoco se dejan de lado las adquisiciones que la compañía hizo en el terreno del jazz avanzado: el álbum Compulsión! de Andrew Hill, es todo un modelo. Y, como ya se apuntaba, todo ello respetando, además, la concepción original que Rudy Van Gelder diseñó en su estudio de New Jersey, en realidad el cuarto de estar de su casa. Por lo demás, los textos que aparecen en los encartes, a cargo del crítico Bob Blumenthal, y los diseños originales de las portadas de vinilo, son, por originales, las razones por las que Blue Note representa un universo iconográfico de primera magnitud para cualquier aficionado. Página principal del legendario sello: http: www. bluenote. com