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ABC VIERNES 4- -5- -2007 La carrera hacia El Elíseo INTERNACIONAL 35 Dos maestros de la retórica El debate televisivo del miércoles entre Ségolène Royal y Nicolas Sarkozy confirmó el talento para la retórica política de los dos rivales. Nuestros analistas dan su opinión sobre el fondo y la forma del choque 1. ¿Quién ganó el debate de las ideas? 2. ¿Quién dio mejor imagen como presidente de Francia? policías. A lo que el primero sentencia: No podemos poner un policía detrás de cada francés Sarkozy plantea un cambio sin ambages que muchos franceses creen necesario, pero al que se resisten por doloroso. Ségolène juega con la poesía de la ilusión. 2. La imagen presidencial es la de Sarkozy. Ségolène tiene mejor imagen, pero para cualquier otro oficio, no para la presidencia. Francia es todavía un país machista. Bastante más que España. Luis XIV es el arquetipo ideal al que quieren parecerse todos los presidentes de la République Sarkozy no se parece a Luis XIV pero sí podría tener algo de Jean Baptiste Colbert, el primer ministro del Rey, a quien madame de Sevigné apodó El Norte por su carácter ríspido, cortante como el viento boreal. Colbert o el Rey Sol es lo que hasta ahora pedía la République Si ganase Ségolène sería el mayor cambio de imagen que viviría Francia desde la desaparición de la guillotina de la plaza pública. Florentino Portero Alfonso Rojo AFP mingo, ganando de manera espectacular. Nadie parece creer en esa hipótesis. En la sede central del PS y en el cuartel general de la candidata socialista, en el barrio más caro y elegante de París, reinaba ayer una atmósfera de melancólica incertidumbre. Sin embargo, ninguno de los candidatos baja la guardia. Últimos apoyos En Lille, Ségolène contó anoche con el apoyo tardío de Jacques Delors, personalidad histórica del socialismo reformista, abierto desde hace décadas al diálogo con las familias centristas. La candidata socialista volvió a repetir su llamamiento al diálogo con François Bayrou, centrista, que ha terminado por confirmar que no votará Sarkozy el domingo. Sin embargo, 22 de los 29 diputados de su grupo parlamentario han anunciado que votarán por el candidato conservador. Sarkozy, por su parte, tiraba los penúltimos cartuchos, ayer noche, en un mitin en Montpellier, que contó con la presencia inesperada y significativa de Bernadette Chirac, la esposa del presidente de la República. En vísperas de la reflexión y la batalla final, los equipos de Sarkozy y Ségolène multiplican las iniciativas de nuevo cuño, a través de teléfonos móviles, Internet y debates públicos de ultimísima hora. La guerra electoral continúa, inexorable, hasta el fin. 1. Sarkozy arriesgaba mucho en el cara a cara. En la batalla por los votantes de centro, partía en situación de desventaja, lastrado por su fama de duro. A la hora de la verdad, fue capaz de desgranar uno a uno los argumentos, aportó datos, habló de valores y trasmitió la impresión de que tiene soluciones para algunos de los problemas que más acucian a Francia. Ségolène, que intentó poner sobre la mesa asuntos como el medio ambiente o la vivienda, no fue capaz de respaldar sus argumentos. 2. Ségolène da muy bien en televisión, perdió un poco los papeles. Nadie descartaba la posibilidad de que Sarkozy, fiel a su imagen, diera un puñetazo en la mesa, levantara la voz o fuera agresivo, pero no incurrió en esos errores. Con perversa frialdad, durante todo el debate, evitó mirar a los ojos a su contrincante, como si restara importancia a sus argumentos. Se dirigió, casi siempre al moderador y eso terminó por sacar de sus casillas a la candidata socialista que, al final, dejó traslucir su enfado y dio pie a la tesis de que no se controla en los momentos decisivos. 1. Una de las características de esta campaña electoral es su marcado tono ideológico. Cada uno de los contendientes representa una posición clara y diferente, en mayor medida de lo que estábamos acostumbrados en pasadas elecciones. Los franceses consideran que tanto Sarkozy como Royal han expuesto dignamente sus posiciones y que, más que victoria de uno sobre otro, lo que ha quedado claro es la gran diferencia que existe entre los programas de las dos grandes fuerzas políticas. Si damos un paso más hacia delante y analizamos la relación entre ideas y capacidad de acción, entonces sí creo que hay un claro gana- dor. Sarkozy demostró tener más elaborado su programa de gobierno, reveló una mayor coherencia entre sus ideas y sus propuestas. Royal jugó más con los sentimientos, las impresiones... pero a la hora de precisar tuvo problemas. 2. Durante toda la campaña Royal ha sido criticada por carecer de preparación para ocupar el Palacio del Elíseo. Primero se lo dijeron sus compañeros de partido, en la Conferencia de La Rochelle, luego tanto columnistas como rivales. Quizás el más duro con ella haya sido Bayrou, que tuvo cierta habilidad para demostrar la incoherencia de su programa. Es evidente que le falta autoridad entre los suyos y experiencia en el gobierno. Por el contrario, Sarkozy ha arrasado entre los gaullistas, eliminando tanto a Chirac como a Villepin; ha sido ministro de Economía y del Interior y nadie duda en Francia de que tiene condiciones para el cargo. José Manuel Costa Alberto Sotillo ABC. es Especial sobre las elecciones presidenciales francesas en abc. es internacional 1. En el debate de las ideas, Sarkozy es la prosa y Ségolène, la lírica. Valga el ejemplo del debate sobre la función pública. Sarkozy propone una drástica reducción del número de funcionarios. Ségolène recuerda el reciente caso de una agente violada y le pregunta si estaría dispuesto a reducir el número de nales, como aquel de Kennedy y Nixon o, más cercano, de Aznar y González, es raro que en un debate televisivo haya vencedores indiscutibles. En Francia, cada uno de los candidatos tenía un papel. El de Nicolas Sarkozy consistía en mantener su ventaja y procurar ofrecer una imagen tranquila, que no asustara demasiado. Para Ségolène Royal el reto era otro: tratar de hacer avanzar sus posiciones a base de empuje y garra, de mostrar carácter. Aunque con pequeños tropiezos, ambos lograron sus objetivos. Pero si hubiera que decidir a los puntos, quizás la ganadora fuera la señora Royal. Salió peleando y quizás avanzara algo. 2. Sarkozy, por mucha revolución conservadora que pregone, tiene la ventaja y el lastre de ofrecer una imagen institucional. Sus días de ministro no se olvidan. Ni para bien, ni para mal. Ségolène Royal tenía que demostrar cierta estatura y su justa indignación pareció dibujar una personalidad más recia de lo que muchos nofranceses creíamos. Sarkozy controla bien los números, pero ésta no es una elección a primer ministro, sino a presidente. Y ahí juegan más los principios y la visión. Ambos parecen tenerla. 1. Exceptuando casos excepcio-