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20 ESPAÑA LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M LOS TESTIGOS VIERNES 4 s 5 s 2007 ABC Un agente dice que el carrete de fotos de la bomba de Vallecas desapareció D. MARTÍNEZ MADRID. Un agente de la Brigada Provincial de Policía Científica, que en la madrugada del 11 al 12 de marzo de 2004 fue avisado para que realizara el reportaje fotográfico de la mochila de Vallecas, afirmó ante el tribunal del 11- M, que el carrete desapareció A preguntas del letrado Juan Carlos Rodríguez Segura, que representa a una de las acusaciones particulares, el testigo explicó que cuando se encontraba en el Ifema recibió una llamada urgente para que se trasladara al Parque Azorín ya que los Tedax necesitaban un reportaje fotográfico, como marca el protocolo. A su llegada, la bomba no había sido aún desactivada y por ello se negó a realizar las fotos por miedo a que estallara al detectar la luz del flash. Por ello, entregó la cámara, una Nikon Reflex, a uno de los tedax para que se acercara con ella e hiciera las fotos. Vimos el destello a lo lejos precisó. Una vez desactivado el artefacto, el testigo y un compañero se aproximaron para finalizar su labor pero les ordenaron que no realizaran más fotografías. Cuando nos disponemos a realizar las fotos nos dicen que nos retiremos rápidamente de allí y añadió que esta no fue una situación normal El testigo agregó que, antes de irnos, el comisario general de Seguridad Ciudadana me dijo que le diera el carrete para que el revelado fuera más urgente Esta petición no le extrañó porque la máquina reveladora de color de su brigada llevaba estropeada desde hacía mucho tiempo y pensó que era lógico agilizar la labor lo más posible. El agente agregó que el carrete desapareció y con posterioridad preguntó por él en varias ocasiones y que miembros de su unidad policial le dijeron que las fotografías no existían Ante el tribunal dijo que en marzo de 2006 elaboró motu proprio una nota interna sobre los acontecimientos de aquella noche y concretó que nunca ha prestado declaración en el juzgado sobre los sucesos descritos. También declaró el comisario jefe de Puente de Vallecas (Rodolfo Ruiz, ahora jubilado) durante el 11- M. Afirmó que fue la juez de guardia quien ordenó trasladar los objetos recuperados en la estación de El Pozo desde Ifema a la Comisaría de Puente de Vallecas. Jamal Zougam no dejó de gesticular en la pecera ante las numerosas referencias que se hicieron a sus actividades EFE TV Marruecos y Túnez alertaron del suicidio de Leganés tres horas antes La UCIE dejó de investigar a El Tunecino en 2002 porque cambió de teléfono CRUZ MORCILLO MADRID. Acabo de descubrir el piso de seguridad de los terroristas le dijo por teléfono el comisario de la UCIE (Unidad Central de Información Exterior) Rafael González Menor a su jefe, el máximo responsable de esta unidad, Mariano Rayón, el día 3 de abril de 2004. Eran las 15.11 horas y faltaban menos de seis para que El Chino y sus compinches se suicidaran. La hora figura por escrito y es el momento cero la primera vez que se conoce el refugio de los autores del 11- M. El comisario Gómez Menor detalló ayer de forma insuperable según ironizó el juez, ante las insistentes y poco acertadas preguntas de los abogados, cómo llegó su unidad primero a la finca de Morata de Tajuña (en torno al 25- 26 de marzo y gracias a la colaboración de mucha gente, entre ellos funcionarios del Registro de la Propiedad) y luego al piso de Leganés, sólo unas horas antes del suicidio de los terroristas. Un número de teléfono, reconocido por Menor en una lista de 230, fue la clave que llevó hasta la guarida. Esa misma tarde, a las cinco y pico el comisario Rayón recibió dos llamadas: una del enlace policial tunecino y otra del director general de la Seguridad del Estado marroquí. El primero informó de que Serhane Ben Abdelmajid se había puesto en contacto con su familia para despedirse; lo mismo habían hecho los hermanos Oulad Akcha con sus parientes. No hubo más llamadas esa tarde, o al menos Rayón aseguró no recordarlas. El comisario explicó que en noviembre de 2003 su unidad elaboró un informe sobre la amenaza islamista a petición Germán Yanke EXHUMACIONES uchos testigos ayer, muchos más que en otras jornadas. Al fin y al cabo, son testimonios concretos, se les de la credibilidad que se quiera. La madre de Jamal Zougam, procesado como autor material de la matanza, dice que su hijo durmió en casa hasta las 10 y luego vieron la televisión. Más dubitativo, o menos comprometido, Ahmidan, amigo de M Zougam en el gimnasio, no sabe concretar si le vio el 11- M o el día anterior o el siguiente. Siguen los testimonios que, vayan por un lado o por otro, revelan el caos del seguimiento por la Guardia Civil a Zouhier, Toro y Trashorras. Y no se sabe dónde están las fotos que se hizo a la mochila de Vallecas, aunque todos, el fotógrafo, los TEDAX, el comisario que se quedó con el carrete, vieron el artefacto. Todo importante, sin duda: nada definitivo. Quizá mientras los testigos respondían en la sala, en otros despachos algunos peritos (leo en El Mundo) sopesan solicitar la exhumación de cadáveres de víctimas del atentado para determinar, a su juicio, el explosivo utilizado. Son peritos de parte, claro. Es decir, unen intereses a la ciencia. Y si consideran una petición de esa enver- gadura debe ser porque, hasta hoy y a pesar de todo, no pueden acreditar, ni con tanto interés y tanta ciencia, que el explosivo fuera distinto de aquel con el que comerciaban ex mineros e islamistas, contaminado o no. Si lo piden, decidirá el tribunal y no será, por el efecto que podría producir la exhumación en las familias de los asesinados y en la opinión pública, una decisión menor. A la vista de lo que ya se sabe y de los informes que han de presentarse, tomará, no lo dudo, la solución más justa. La justicia, en definitiva, es dar a cada uno lo suyo. De todos modos, y aunque yo ya me temía que algunos iban a llegar a la tumba buscando tytadine, reconozco que no había pensado en esas tumbas de las que ahora hablan estos peritos.