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18 ESPAÑA ETA Batasuna, a un paso de estar en las elecciones s Análisis VIERNES 4 s 5 s 2007 ABC Las listas de la discordia Pensar en las bondades de una suerte de gatera para que, de algún modo, aunque no sea aceptando todas sus pretensiones, Batasuna esté en las instituciones sólo se puede sostener en el miedo o en la ceguera. POR GERMÁN YANKE MADRID. En la polémica sobre las listas con las que Batasuna quiere camuflarse ha aparecido una especie que, a mi juicio, merece la pena ser comentada porque puede pasar a formar parte del fundamento político con el que al menos un sector de la izquierda quiere tratar a la organización judicialmente ilegalizada. No es otro que defender la idea de que, en el fondo, es bueno proporcionar una salida a Batasuna para que esté presente en las instituciones. Fuera, se viene a decir, la izquierda abertzale se radicalizará y el problema de ETA se estancará; en ellas, la participación política puede moderar las actitudes y establecer de algún modo puentes para un futuro diálogo. El argumento a favor de esta suerte de trato deferente a Batasuna sólo vale para ella. El Gobierno, por ejemplo, reprocha al PP una actitud crispante en el debate político y una posición que a veces se define como antisistema Sin embargo, e independientemente del juicio que merezca esa acusación, nadie propone ofrecerle algo más de lo debido o pactar con ese partido cuotas de poder e influencia para que se modere. Se discute con él y se le aplica la legislación vigente. Asimismo, a nadie se le ocurre proporcionar subvenciones, participación en organismos consultivos o presencia en otros representativos (como el PNV ha hecho con Batasuna en determinados ayuntamientos vascos) a las organizaciones neonazis con el objetivo de que, pisando las mullidas alfombras de las instituciones y viendo que no se les margina, se comporten un poco más razonablemente. llegaron a los 140.000, pero el número es lo de menos: ¿se trataría mejor a los neonazis si fueran más? Pensar en las bondades de una suerte de gatera para que, de algún modo, aunque no sea aceptando todas sus pretensiones, Batasuna esté en las instituciones sólo se puede sostener en el miedo o en la ceguera. En el miedo a la reacción violenta de ETA siguiendo la estela de lo que Karmelo Landa, que Batasuna quería que fuese candidato por ASB a diputado general de Vizcaya, llama con una desvergüenza pasmosa consecuencias gravísimas para el proceso de esperanza en la paz y la democracia Pero aceptarlo sería tanto como ceder al chantaje, que es lo que, en el fondo, significa una actitud apaciguadora en vez del empeño enérgico por que la banda terrorista sea eliminada del mapa con los instrumentos del Estado de Derecho. Puede que el miedo, de todos modos, sea uno de los criterios a la hora de discutir sobre las listas de Batasuna ya que el presidente Zapatero, que ahora debería demostrarnos que no es así, alentó en su momento la desconfianza al relacionar determinadas medidas, sin duda políticas, con el objetivo de evitar atentados. O miedo, decía, o ceguera, sea esta voluntaria o no. Lo que está en juego no es si el cumplimiento de la ley impide que los izquierdistas radicales o los independentistas estén en las instituciones porque nadie ha planteado que se ilegalicen o se impugnen las listas electorales de formaciones que responden a esas definiciones. Lo que está en juego es una política contra el terror que se base, entre otros, en el principio elemental de que no pueden estar presentes candidaturas camufladas de Batasuna porque Batasuna- -de acuerdo a resoluciones judiciales y al sentido común- -es parte indisociable del disciplinado entramado terrorista de ETA. A ninguno de los 140.000 votantes de Batasuna en 2001 se le prohíbe apoyar opciones que propongan Cada lista que sortee las exigencias legales es una desgracia para el Estado de Derecho, no una oportunidad pacífica y de modo ajustado a la ley políticas que nos pueden parecer estrafalarias. Lo que se impide, de acuerdo a la Ley de Partidos, es que una organización terrorista lleve a las instituciones, directa o camufladamente, a sus peones. Es que no quieren votar programas radicales o independentistas, sino a la pretendida representación electoral del entramado terrorista de ETA se podría decir con razón. Si es así, la ley no lo permite, sean cuatro ó 200.000. Lo que no tiene sentido es sortear la ley y su espíritu al que se refirió la semana pasada el presidente del Gobierno, para darles un derecho que no tienen y vulnerar el que sí tienen el resto de los ciudadanos. Anótese, además, el absurdo: dejemos que voten a ETA para que, así, no se sientan mal y vayan dejando de votar a ETA, dejemos que ETA esté en las instituciones para que, por arte de magia, sea mañana menos ETA. Estamos asistiendo todavía a la ceremonia de la confusión orquestada por Batasuna. Un señuelo, ASB, que no es una careta de Batasuna, sino Batasuna misma, sin tapujos ni en el nombre. Mientras se impide su registro y sus listas, aparece ANV y una serie de agrupaciones de electores. Asistimos a la ceremonia de la confusión, insisto, porque se diría- -escuchando a algunos conspicuos políticos y comentaristas- -que el objetivo del Estado es hacer una mera contabilidad de personajes contaminados en estas numerosas listas para recurrir algunas. Oyendo a otros, parecería que hay que revisarlas para ver cuántas pueden salvarse. Pero, más allá de estos cruces y comprobaciones, ante lo que estamos es una estrategia general de la ilegalizada Batasuna (qué lejos queda ya aquel día en el que el presidente Rodríguez Zapatero hablaba de la extinta organización) que alcanza tanto a las agrupaciones promocionadas directamente por sus dirigentes como a la reaparición de ANV durmiente hasta aho, ra en los planes de la mismísima ETA. Fuera de toda lógica ¿Y si fueran neonazis? Habrá quien apunte- -ya que el debate es de una solemne pobreza intelectual- -que los neonazis son pocos y Batasuna cuenta, se dice machaconamente, con 200.000 votantes. Vaya por delante que en las últimas elecciones autonómicas en las que estuvo presente sólo Se aleja de toda lógica, sabiendo lo que sabemos de la historia reciente del partido y la trayectoria de sus dirigentes, que unas listas de ANV sean continuación de las de Batasuna y otras no. O que, en el conjunto de las agrupaciones promocionadas y avaladas con firmas de Batasuna, ocurra la mismo. Si no se ve, me parece, es por miedo o por ceguera. Y cada lista que sortee las exigencias legales (y de la democracia misma) es una mala noticia, una desgracia para las libertades y el Estado de Derecho, no una oportunidad.