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4 OPINIÓN VIERNES 4 s 5 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro TELEFÓNICA, TODAVÍA MAS MULTINACIONAL A compra por parte de Telefónica de un 10 por ciento de Telecom Italia- -que la convierte en su socio industrial preferente- -consolida a la empresa de telecomunicaciones española entre las grandes del mundo. Esta importante operación consolida además la estrategia de la compañía presidida por César Alierta al posibilitar otras actuaciones futuras, entre ellas la de reforzar su liderazgo en Iberoamérica, que culminará con la próxima compra a sus socios portugueses del cien por cien de la operadora brasileña Vivo, así como la futura entrada conjunta de italianos y españoles en el mercado francés de las telecomunicaciones, el único de los importantes de la UE en el que Telefónica aún no participa. Telefónica logra también con esta compra frenar la expansión en Europa y en Iberoamérica de uno de sus principales competidores, la compañía América Móvil, del mexicano Carlos Slim, que optaba a ser socio de Telecom Italia. No obstante, es una compra que conviene entender en clave europea, al situar a Telefónica entre los futuros actores de la próxima reorganización de las telecomunicaciones en toda la Unión. Se trata de un mercado en ebullición y en el que la operadora española goza ya de enorme presencia en el Reino Unido, tras la compra de O2, en Alemania, en países del Este y ahora en Italia. Todo ello viene a sumarse, además, a la reciente presencia en China o a la anterior en Iberoamérica. Además, esta expansión internacional ha permitido a Telefónica mantener la deuda en límites aceptables, lo que le posibilita obtener altas calificaciones en sus rating, algo posible también por el éxito de anteriores compras hechas al estilo Alierta: con tranquilidad, sin ruido y con perseverancia. Esta nueva compra internacional por una compañía española viene a sumarse a la creciente presencia de nuestras empresas en los mercados más competitivos del mundo, desde la banca a la construcción o los servicios, el textil, el acero, el turismo o la energía, todo un símbolo de la pujanza empresarial española, con verdaderas multinacionales compitiendo con los mejores y consolidando a muchas de ellas, por tamaño y eficiencia, en protagonistas destacados de muchos sectores industriales y de servicios que son impulsados por la globalización y la apertura imparable de mercados. Se incrementa así la ya destacada presencia española en campos tan importantes como las telecomunicaciones, la energía o la banca, protagonizada por empresas que, además de contar con las últimas tecnologías y el mejor servicio, son capaces de afrontar con éxito las fuertes inversiones requeridas. Convendría, sin embargo, que esta buena imagen de la economía y de las empresas españolas no se viera empañada por nuevos episodios de injerencias políticas, de intervencionismo trasnochado o de un proteccionismo innecesario, como los recientemente vividos en torno a las opas sobre Endesa. L DEMOCRACIA TELEVISADA EN FRANCIA ON más de veinte millones de espectadores, el debate entre los dos candidatos a la presidencia francesa ha logrado situarse a la altura de los grandes espectáculos televisados, y algo similar ha sucedido en España con los dos programas de la serie Tengo una pregunta para usted en los que recientemente participaron el presidente del Gobierno y el líder de la oposición y que han llevado a políticos y televisiones a redescubrir el fenómeno de la comunicación directa con los ciudadanos. De una forma u otra, parece haberse conseguido que los primeros hablen, por fin, de las cosas que les interesan a los segundos, y que estos puedan tener la sensación de que ven más de cerca a los dirigentes políticos, recorriendo problemas que por muchas razones se desvanecen a menudo en los farragosos debates institucionales. En España, donde existe una sana tradición de seguir las retransmisiones de los debates en el Congreso, pocas veces se había registrado una repercusión como la que tuvo el ciudadano, hasta entonces anónimo, que le preguntó al presidente del Gobierno por el precio de un café. Nuestros vecinos franceses, por su parte, han esperado a esta confrontación televisada para confirmar sus preferencias, después de haber visto a un Nicolas Sarkozy resuelto y prudente frente a una Ségolène Royal que no sólo no despejó las dudas sobre sus carencias programáticas, sino que apareció en ciertos momentos incluso demasiado nerviosa. La exhibición de los políticos ante focos y cámaras y bajo ciertos formatos tiene efectos casi siempre inesperados para todos y, por lo que revelan los índices de audiencia, a los ciudadanos les parece una forma muy atractiva para observarlos y enjuiciarlos. En el lado negativo, si este fenómeno no se administra adecuadamente, la sociedad corre el riesgo de que los políticos se conviertan en telecandidatos y que la telegenia se transforme en una variable que sustituya las propuestas de fondo, que siempre han de ser la base de la acción política. Llevado al extremo, a los creadores de formatos televisivos se les podrían ocurrir fórmulas que no tardarían C en banalizar e incluso ridiculizar la actividad la política, como si se tratase de una simple variante del mundo del corazón Quienes ejercen responsabilidades públicas deben merecer cierto grado de respeto por parte de sus administradores, y hacer de esa relación un espectáculo no contribuiría nada a la estabilidad social. Hace ya mucho tiempo que algunos profesionales de la política se han dedicado, por desgracia, a actuar con reflejos de pura mercadotecnia electoral, ofreciendo a los votantes simples señuelos y ocultando una verdad que, por miedo a ser rechazada por los electores, sustituyen por mentiras hechas a la medida de las demandas sociales menos realistas. No cabe duda de que la comunicación directa, aunque se produzca a través de la pantalla de televisión, abre nuevos resquicios a la verdad. Más vale que los políticos se acostumbren a acercarse a la vida real de la gente desde la pequeña pantalla que esperar a que sean los personajes populares del mercado de la comunicación quienes se conviertan en políticos, aprovechando que gozan de una cercanía que no dudan en explotar. Los partidos han sido hasta ahora los intermediarios, prácticamente exclusivos, entre políticos y ciudadanos, lo que tiende a reducir a los electores en militantes incondicionales y a transformar muy fácilmente el debate en confrontación estéril. La persistencia de las listas cerradas es un buen ejemplo de esa relación imperfecta entre los administrados y los dirigentes políticos, en los antípodas de lo que parece sugerir este interés masivo de la sociedad por la interlocución directa con los candidatos y los responsables públicos. La televisión es un formidable medio de comunicación, pero hay otros, como internet, en los que se pueden abrir muchas más posibilidades para lograr que los los ciudadanos recuperen su interés por la política y vuelvan a tener la impresión de que quienes les gobiernan conocen bien y se interesan por los problemas que preocupan de verdad les preocupan. La democracia sirve precisamente para eso, para permitir a los individuos intervenir en la vida política. PRENSA ESCRITA Y FUTURO O es fácil adivinar cuál será el resultado final de la apuesta de Rupert Murdoch por el control del Wall Street Journal el diario económico más influyente del mundo. Los analistas financieros estiman que los propietarios actuales mantienen una posición firme, y es probable que aparezcan otras ofertas para competir con la que presenta el magnate australiano. El mundo de la prensa escrita está más vivo que nunca a pesar de los pronósticos catastrofistas, muchas veces interesados. Es indudable que internet y los medios audiovisuales adquieren un gran protagonismo en la era de la globalización y de la sociedad de masas, a pesar de lo cual el prestigio de las grandes cabeceras de prensa sigue siendo un valor en alza. Por lo demás, Murdoch y su grupo mediático son una buena prueba de la posibilidad de hacer compatibles ofertas muy diversas, unas dirigidas al gran público y otras a los sectores sociales y económicos de mayor nivel educativo y cultural. Si la operación se cierra favorablemente para sus intereses, News Corporation será propietaria, además de sus periódicos actuales- -como el sensacionalista The Sun y el histórico The Times -del diario emblemático del grupo Dow Jones, creador del famoso índice bursátil, todo ello sin olvidar que este empresario australiano maneja también canales de televisión y empresas editoriales, es decir, un imperio multimedia que genera importantes beneficios. N La prensa escrita cumple una función decisiva en el panorama de los medios de comunicación cuando a la información objetiva y bien elaborada se suma el análisis riguroso a cargo de firmas acreditadas. Es absurdo pretender que el comunicador se convierta en protagonista de la noticia. La clave está en ganar la confianza del público a través de la veracidad y de las opiniones bien argumentadas. Algunos se han apresurado a certificar la defunción de un medio que goza de buena salud y tiene un gran futuro por delante si sabe adaptarse a las nuevas realidades. En todo caso, las adivinanzas sobre el último día de los periódicos no pasan de ser un juego retórico que la realidad se encarga de desmentir con la fuerza concluyente de los hechos. Nadie pagaría millones de dólares por una empresa sin futuro, ni es imaginable que las grandes corporaciones de ámbito universal se enfrenten por razones puramente honoríficas o sentimentales, como el control de una cabecera histórica. La prensa escrita mantiene su influencia y su rentabilidad, y así lo demuestra la lucha en torno al Wall Street Journal sea cual sea el resultado final. Los padres fundadores de los Estados Unidos aseguraban que, en un sistema constitucional, los periódicos son más importantes que el Gobierno, una reflexión que expresa la importancia decisiva de la opinión pública en una sociedad democrática.