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ABC JUEVES 3- -5- -2007 TOROS www. abc. es toros 93 César Rincón pincha una magistral faena en la Feria de Aguascalientes GUILLERMO LEAL AGUASCALIENTES (MÉXICO) Si la faena de su primero la hubiese hecho en Sevilla o en Madrid, también habría sido reconocida como aquí, porque tuvo solera, tuvo magisterio, tuvo el sello de César Rincón, ese torero al que los aficionados le dicen, por donde pasa, nos va a hacer mucha falta Y es que en su segunda tarde en Aguascalientes, Rincón estuvo reposado, variado, torerísimo, con la seriedad y la honestidad de un torero que, efectivamente, la Fiesta va a extrañar. No parecía que iba a ser así, pero Rincón hizo todo para que la faena- -que no fue rubricada con la espada, pese a que se tiró a matar recibiendo- -quedara en la mente de los aficionados. Lo sacaron al tercio con mucho merecimiento. Su segundo se quedó parado y paradójicamente a ése sí lo mató de un estoconazo que le valió salir a los medios. El triunfador de la Plaza México, Arturo Macías, volvió a estar muy voluntarioso con su primero, al que toreó bien para cortarle una oreja. Su toro exigía y él hizo el esfuerzo que le da su corta experiencia. Su segundo fue malo y entonces el ganadero de Begoña le regaló otro astado, que resultó muy bueno y al que de no haber pinchado le corta la oreja. El maestro Eloy Cavazos poco pudo hacer con un lote complicado en el que se vio obligado a abreviar. Con tres cuartos de entrada, se lidiaron toros de Begoña, descastados en conjunto. Cavazos, pitos en su lote. Rincón, saludos en ambos. Macías, oreja, silencio y ovación. Bella muerte del primer victorino tras una buena estocada de Uceda Leal IGNACIO GIL Tan lejos de Borgoñés LAS VENTAS Monumental de las Ventas. Miércoles, 2 de mayo de 2007. Última de la miniferia (Corrida Goyesca) Unas 17.000 personas. Toros de Victorino Martín, muy disparejos de presentación, serios; se salvaron algo el 1 y el 6 dentro de un conjunto descastado y con peligro. Uceda Leal, de caña y azabache. Estocada corta (saludos) En el cuarto, cuatro pinchazos y estocada caída (silencio) López Chaves, de blanco y azabache. Media delantera (saludos) En el quinto, tres pinchazos y estocada corta, trasera y atravesada y dos descabellos. Aviso (ovación) César Jiménez, de gris perla y azabache. Estocada atravesada y tres descabellos (algunos pitos) En el sexto, tres pinchazos, estocada corta atravesada y dos descabellos. Aviso (pitos) ZABALA DE LA SERNA MADRID. La bravura humillada del victorino sevillano Borgoñés ha sido tan reciente, tan deslumbrante y tan cercana en el tiempo, que la corrida de ayer parecía de otro hierro, o de otro encaste, lejano al de Victorino Martín. El desconcierto todavía me tiene perplejo. No sé ahora mismo si el sabio ganadero de Galapagar ha querido experimentar con seis toros abiertos de líneas y hechuras, cada cual de su padre y de su madre, o si lo de estirar la camada tanto provoca estos dientes de sierra, serios dientes, en lo que se supone que es, o debe ser, un conjunto. Pero la cuestión de fondo es precisamente, y valga la redundancia, el fondo. Y el fondo de la corrida careció de casta, entrega, nobleza... Se salvan algo primero y sexto. O quizá más que algo. El vareado y fibroso toro que estrenó un ruedo parcheado de golpes de arena para tapar los charcos descolgó de salida y siempre. Uceda Leal anduvo soberbio a la verónica, muy templado y ganando terreno constantemente. Hubo un puyazo duro- -a la corrida en general se le zurró la badana con descaro- -y otro más medido: ¿por qué no lo hacen al revés? Las dobladas de principio de faena desprendieron torería y estética. Surgieron dos derechazos buenos en una serie que creció, toreando Uceda muy a la voz, con pulso. Pero en la siguiente tanda el victorino acortaba el viaje a partir del segundo o tercer muletazo, y por el izquierdo se metía a partir del mismo número, con la reseñada virtud de hacerlo todo por abajo, en la clásica línea de Victorino, que por ello se distinguió del resto, aun costándole un mundo desplazarse un tranco más para subir nota. Cerró el dilema un buen espadazo, y el personal reconoció el esfuerzo de Uceda con una ovación. El otro toro por el que se puede coger la victorinada fue el sexto, un cárdeno claro de adelantados y serios pitones. Las dudas que pueden quedar es que faltó torero para que el toro se viera más o, al menos, se definiera totalmente. César Jiménez toreó sobre las puntas en las primeras acometidas con la muleta y, en cuanto el victorino soltaba nervio en mitad de viaje, el calambre del respingo subía desde las zapatillas por el recargado vestido en el que Jiménez se había enfundado hasta la castañeta. Ligero y desconfiado- -en Sevilla con la de El Ventorrillo tampoco se confió más- las repeticiones del victorino gobernaban la situación y el ritmo. Algún derechazo enganchó más por delante la embestida trepidante, pero en general, con el engaño cada vez más retrasado, perdió la iniciativa y la bata- La corrida de Victorino Martín careció de casta, entrega, nobleza... Se salvan algo primero y sexto. O quizá más que algo lla ante el público. Tras un empellón, quiso enmendarse escondiéndole la muleta, cruzándose al pitón contrario sin echársela de verdad. Le abroncaron después de irse de la suerte varias veces con la espada. El bajo cinqueño lidiado en tercer lugar sufrió un puyazo bárbaro. Y ni por ésas terminó de humillar. Salía de los pases con la cara en plan buendía andarín y descastado. Jiménez, pronto con la zurda, se estancó en muchos enganchones que acarrearon sus primeros pitos. El trajecito de Montesinos se lo puede devolver impoluto... Un valiente López Chaves se estrelló con un marrajo. No confundir marrajo con alimaña, porque la alimaña de Victorino humilla, y éste tiburón asaltillado se ponía por delante, gazapón, midiéndole el pecho. Fue su lote el más manso, especialmente el astifinísimo quinto, terriblemente picado y horriblemente lidiado. Hay que mover los caballos y buscar las querencias cuando el toro ya canta la gallina. Luego Chaves estuvo aguerrido para correr la mano derecha tragando ricino; al natural cazaba el victorino cual depredador. De uno en uno estuvo en tío. Pero la espada se le atragantó. Como a Uceda, curiosamente, con un ancho cuarto que acortó en banderillas y muleta sin opciones.