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ABC JUEVES 3 s 5 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA UN DILEMA MORAL N las puertas del Bósforo, o sea, en el porche de la Unión Europea, la crisis turca ha planteado de golpe una triple duda moral muy incómoda para los arúspices del relativismo, el multiculturalismo y las alianzas de civilizaciones. La primera interrogante versa sobre la posibilidad real de un islam democrático; la segunda, sobre la licitud de una intervención militar en defensa del orden laico y antiintegrista, y la tercera, de índole más pragmática y alcance más inmediato, afecta a la conveniencia de que una nación turbulentamente sometida al debate de las dos IGNACIO primeras cuestiones deba o CAMACHO no proseguir su camino hacialaintegración en laUE. Lopeorparanuestra simplista mentalidad dominante de éticas indoloras es que ninguna de las tres tiene respuestas categóricas. Sobrelaviabilidad deunaauténtica democracia compatible con los valores del islam (con los del islamismo parece que está claro que no hay casamiento posible) sólo pueden responder los propios turcos, y no parece que tengan nada clara la respuesta habida cuentadelas tensiones desencadenadas en los últimos días. En cuanto a las negociaciones con el club europeo, lo más probable es que prime el dócil posibilismo de sus socios relevantes, siempre reacios a soluciones taxativas y amigos de los paños calientes. Pero la segunda cuestión nos interpela de alguna forma a todos los que disfrutamos de la sociedad abierta, porquesetratadeunantiguodilemadeética política: si sepuedeactuardemanera autoritaria contraquienescuestionan democráticamente la democracia. Ésa es la verdadera piedra de toque del asunto, la que amenaza con la siempre peligrosa convulsión que se dirime sobre el filo de las armas. El precedente se llama Argelia, donde el Ejército trató de anular la victoria legítima de los fundamentalistas para salvar un régimen de orden moderno y laico, y la cosa acabó en un crudelísimo baño de sangre que ha aplazado el debate, pero no lo ha solucionado del todo. Ahoravuelve a plantearse en Turquía, cuya milicia se considera a sí misma tutora del legado equilibrado y modernizador de Ataturk, puesto en solfa por la mayoría islamista. Los esfuerzos apaciguadores y tácticos de Erdogan, el amigo de Zapatero, tenían las patas muy cortas y han hecho crisis entre la amenaza de una imposición islámica y el fantasma puro y simple del golpismo. Bonito dilema para los relativistas quisquillosos, que no vale zanjar con una distante negación de ambas premisas porque de todos modos uno de los bandos se va a imponer al otro, y no de un modo delicado ni apacible. La nomenclatura europea ha optado por apoyar a Erdogan, inclinado hacia los islamistas, en otra contradicción alarmante que da la espalda al laicismo democrático. La confusa dicotomía moral del problema sólo puede zanjarse, pues, a partir de la primera cuestión, la de la compatibilidad intrínseca de los conceptos profundos de islam y libertad. La respuesta turca a esa pregunta tan engorrosa va a aflorar sola y en breve, envuelta en una sórdida lucha por el poder. Y, como dicen ahora los adolescentes, va a ser que no. E EL SAHARA CAMBIA, POR FIN L lunes, el Consejo de Seguridad (CS) hacía pública la resolución 1.754 para instar a Marruecos y al Frente Polisario anegociar con urgencia y sincondiciones previas un acuerdo definitivo sobre el Sahara Occidental, un conflicto abierto desde hace más de 30 años. Para dar ese paso, el CS ha percibido posiblemente tres cambios, no de grado sino de naturaleza: 1) Preocupado por los movimientos de Al Qaeda en el Sahara, Estados Unidos ha articulado en 2006 un mando estratégico centroafricano. 2) La diplomacia marroquí ha puesto en marcha un plan de autonomía para el Sahara, eso sí, bajo soberanía marroquí. Y 3) Hay movimientos imprecisos en el Polisario hacia un cambio de rumbo: Sarahauis y marroquíes, agotados, sin soluciones a la vista, habían entrado en una peligrosa fase de fatiga diplomática (así la definía Manuel Marín en la Revista AFKAR, invierno 2004) Marruecos entró en el Sahara Occidental en 1975- ¿recuerdan? -a raíz de la Marcha Verde. Los marroquíes tomaron el control (parcial) de la antigua colonia española, más de 300.000 km 2, y la han ejercido de facto desde hace 32 años. España, también de facto, facilitó la operación. Naciones Unidas noha negadoeloriDARÍO gen de esa franja semidesértica, frente al VALCÁRCEL Atlántico. Todos los argumentos son discutibles, pero los fundamentos históricos y jurídicos aportados por Marruecos sobre su anterior soberanía, en el siglo XIX, podrán discutirse pero no son infundados. España ocupó aquel territorio hace más de 100 años para cubrir un espacio estratégico frente a Canarias. Su estado de abandonoerademostrablehaceunsiglo. EspañasaliódelSaharaen 1975, después de crear grandes instalaciones mineras (fosfatos y otros) Una partedelos habitantes delafranjadesértica huyeron de los marroquíes y fueron instalados en Tindouf, cerca de su territorio, acogidos a la hospitalidad argelina. En Tindouf hay menos de 100.000 saharauis, casi todos encuadrados en el Movimiento Polisario. Los habitantes rebasan el doble de esa cifra, más de 200.000. Desde los años 1970, el Polisario propuso la creación de un estado soberana, apoyadopor unapartede la ultraizquierda española, recién desenganchada del comunismo, a la busca de causas en las que batallar. Marruecos adujo sus títulos y tomó el E control. La ONU pidió un referéndum, lo cual no equivalía a defender la independencia. Marruecos exigió un nuevo censo: adujo razones (para unos) o pretextos (para otros) pero hizo, es locierto, un sólido y tenaz desplieguediplomático. Siguieron los planes Baker I y II, bajo patrocinio de las Naciones Unidas. En el debate subsiguiente se han perdido tres décadas. Los llamados Amigos del Sahara (España, Francia, Estados Unidos, Rusia y Reino Unido) han comenzado a apoyar la iniciativa de Marruecos, sin que eso signifiqueabandono delos refugiados deTindouf (a los quemantienen con el apoyo material de otros gobiernos, nórdicos sobre todo, y el respaldo de Argel) El Sahara Occidental plantea hoy problemas graves. Marruecos controla casi la mitad del territorio. Pero el descontrol de más de 100.000 km 2 permite infiltrarse a Al Qaeda, que estudia el terreno como base de operaciones. Entre otras, por esa razón, debe sacarse este largo pleito de la parálisis. En Washington, 169 congresistas apoyan la iniciativa de Rabat. Otros 48 se inclinan por las antiguas tesis del Polisario. Las cifras no tienen significados absolutos, aunque... Para Marruecos, el antiguo Sáhara español es parte de su soberanía. Alarmada tras el 11- S, la Unión Europea ha preparado tres fases previas para resolver definitivamente el desacuerdo. Argelia calla, pero hay indicios de nuevas corrientes en el mundo oficial. Detrás del diferendo diplomático, está el sufrimiento de 100.000 hombres y mujeres, que esperan en tiendas de campaña desde hace 30 años. Entre tanto, esa parte de la ultraizquierda española mantiene su fijación stalinista en la defensa cerrada, absoluta del Polisario. Los hombres inamovibles, congelados, han atravesado a su modo estos 30 años. El grado de frío industrial ha sido intenso. Se ha querido trasladar la congelación a los defendidos. Tarde pero a tiempo, los refugiados de Tindouf empiezan a saber. El estado saharaui nunca existió. ¿Y si para sus habitantes el concepto de independencia fuera solo una fórmula del Derecho Político? ¿Y si lo que contara fuera la autonomía tangible, plena? ¿Y si Marruecos estuviera dispuesto a reconocerla? ¿Y si los saharauis aceptaran la devolución de sus tierras, la posibilidad comerciar y prosperar, como en medio mundo, mediante la renuncia ante notario a un principio de la Teoría Política?