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78 CULTURAyESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 2 s 5 s 2007 ABC JAZZ Roberto Fonseca Quinteto. Lugar: Sala Clamores. Fecha: 26 de abril Rotundo Fonseca LUIS MARTÍN Desde una cierta perspectiva, este concierto ha sido un auténtico lujo en el espacio del club. El cubano Roberto Fonseca es el pianista que quiso una vez el malogrado Ibrahím Ferrer y, también, el que sigue prefiriendo la volcánica cantante Omara Portuondo. Así que quienes pudieron disfrutar de la insólita oportunidad de verle en Madrid, no habrán salido defraudados con ese bello y elegante ejercicio de compadreo colorista con jazz y son montuno que es, en realidad, su música. Desde el primer y espléndido solo de saxo a cargo de Javier Zalba, Roberto obligó a prestar atención, y mucha, al trabajo de arreglos realizado en el inteligente disco Zamazu Algo del catálogo tradicional, mucho de cosecha propia, un poquito de Abdullah Ibrahim, otro tanto de Juan Pablo Mirand y ese homenaje a Ibrahím Ferrer, que es El Niejo dándose el placer colectivo de hacer malabares de salón con el clasicismo musical del son montuno, la bien amada música reina cubana. Y todo ello, con el mejor de los envoltorios: el club y un quinteto que sabe entender las ideas de Roberto a la perfección. El baterista y el percusionista, más que por la sonoridad, realizan una mezcla interdisciplinada de elementos en función de la inteligencia rítmica que les es inherente en su ámbito cultural. E idéntico juicio merece el contrabajista alimentando su discurso de referencias sonoras bien dispares. Pero es Javier Zalba quien, sobrecogedor en saxo, flauta y clarinete, se lleva el diente del león dándole en Congo árabe a la impronta propia lo que es del César, y a las más que evidentes reminiscencias de Wayne Shorter en Weather Report lo que de Joe Zawinul es, que es mucho. Los arreglos rebosan equilibrio, dan respiro a los explayamientos individuales y huyen de todo efectismo. Fonseca no es un pianista más; lo que hace es un verdadero ejercicio de proximidad, delectación llana y simple para los oídos. Y tiene un único propósito: abogar por la música tradicional de Cuba reconciliada con el jazz y con otras músicas vecinas, y a fe que así se pudo sentir en su impecable exposición. Rotundo. CLÁSICA Juventudes Musicales Obras de Prokofiev y Mahler. Int. Royal Philharmonic Orchestra. Dir. Y. Termirkanov. Solista: R. Torres- Pardo. Auditorio Nacional de Madrid. Fecha: 26 de abril Torres- Pardo, poderosa ANTONIO IGLESIAS Acudió a mi memoria la fuerte impresión que tuve cuando, allá por el año 1935, aquí en Madrid y en la estupenda Cultural que daba sus conciertos en el Teatro de la Comedia, tuve la suerte de escuchar al gran pianista que era Sergei Prokofiev... Y lo recordé ahora, con ocasión de admirar el buen pianismo de la excelente artista Rosa Torres- Pardo, poderosa en el juego de los amplísimos recursos de gran cola de nuestros días. Su interpretación del Concierto núm. 3, Op. 62 de aquel gran ruso, compositor al que entonces apenas se le conocía, tocaba con poder, aunque sintiendo la fuerza que conllevan partituras como las suyas que, por encima de otros extremos, rebosan con ímpetu de toda índole, comunicándonos sus certeras emociones. Esta Rosa Torres- Pardo ABC obra de Prokofiev exige una intencionalidad de su verdadera naturaleza motívica desarrollada tan in extenso sobre el eje del piano superabundante, si pueden mostrarse sus grandes y diversos medios mecánicos, y la Torres- Pardo, que es rica en todos ellos, con pujanza envidiable, supo mostrárnosla así- -sin mengua de sus momentos concertantes- -con dedos envidiables y, lo que más importa, dentro de unos cauces actuales sin descuidar lo escrito en la dificilísima parte solista; es decir, triunfando en toda la línea, sin olvidar lo acústico de ciertos momentos. La primera parte de este concierto la ocupaba Prokofiev. La segunda contenía la siempre admirada Quinta de Gustav Mahler. De ella, trata Yuri Temirkanov, director ruso prestigioso que sabe cómo mandar a los profesores para que estos puedan entenderle cuanto reclaman sus manos- -no utiliza batuta- -con personalidad evidente, dentro de un vasto campo dinámico, logrando matices desde el más sutil, pero siempre corpóreo pianissimo hasta la máxima brillantez. Le recordaremos en el sublime Adagietto, dicho por la cuerda con devocionada unción, siéndolo como honda plegaria y, a la vez, sin esas inflexiones antipáticas que suelen dañar su emotivo decurso. Sólo caben elogios para la parte directorial, y nada digamos de los sesudos profesores de la Royal Philharmonic Orchestra, capaces hasta de llegar al terrible fugato final con increíbles arrestos... ¿Sobresalió algo el metal todo a lo largo de la página mahleriana? Porque en su arriesgada colaboración cuando Prokofiev, se merecen el más cumplido elogio.