Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 1 s 5 s 2007 INTERNACIONAL 35 Blair prepara el anuncio de su dimisión cuando cumple diez años como premier Un decenio ambivalente: mejora económica y modernización, insuficiente progreso en los servicios. Blair se marcha con baja credibilidad tras la guerra de Irak E. J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. Tony Blair anunciará en los próximos días su dimisión como primer ministro británico, justo cuando mañana cumple diez años en Downing Street. El día 3 se celebran comicios regionales en Escocia y Gales y municipales en parte de Inglaterra. El esperado retroceso laborista en esas elecciones supondrá el amargo adiós del líder que en 1997 consiguió la mayoría parlamentaria más amplia lograda por un partido en setenta años. El Nuevo Laborismo- -la marca que Blair y los otros jóvenes dirigentes que se hicieron cargo del partido en 1994 acuñaron para superar los postulados de la vieja izquierda- -llegó al poder hace diez años en medio del entusiasmo mayoritario. Pero transcurridos dos mandatos y medio, Blair deja detrás de sí un legado ambivalente: un innegable progreso económico, una cierta pero insuficiente mejora de servicios básicos como la sanidad y la educación, y la incapacidad por trazar una política claramente definida y duradera en la cuestión territorial y la implicación con la UE. El gran valor político de Blair fue durante años su credibilidad, pero la gestación de la guerra de Irak y su insistencia posterior en defender la intervención sin ninguna autocrítica, han dañado su principal caudal como líder. En 1998, el 67 por ciento de los británicos aprobaban la gestión inicial del primer ministro; en 2006, su popularidad había bajado hasta el 23 por ciento. Ese descenso explica la presión recibida desde su propio partido para una marcha anticipada. Cuando en las últimas elecciones anunció que serían su última cita con las urnas, Blair aún confiaba con cubrir un completo tercer mandato, o al menos apurarlo lo máximo concediendo al final un tiempo de rodaje como primer ministro a su sucesor. Pero el ansia de Gordon Brown, ministro del Tesoro, de tomar las riendas antes de que sea demasiado tarde y el miedo de muchos laboristas a perder su escaño si continúa el descenso demoscópico, propició una revuelta interna que doblegó a Blair. los retos de finales de siglo. Blair ha modernizado la vida diaria- -Londres se ha convertido en meca de las jóvenes generaciones europeas, y otras ciudades como Manchester o Newcastle viven un renacimiento- ha cubierto algunas de las deficiencias endémicas en los servicios y ha dado fortaleza al país en un mundo globalizado. Bajo Blair, el Reino Unido ha gozado de un periodo estable de crecimiento económico. Sin sustanciales incrementos del impuesto sobre la renta, el aumento de la actividad ha supuesto la generación de puestos de trabajo en una situación de práctico pleno empleo y mayores ingresos en las arcas del Estado. Éstos se han destinado principalmente a mejorar la red de transporte y construir nuevas escuelas y hospitales, si bien la calidad de esas prestaciones es menor a la que existe en otros países europeos. Blair se marcha con la cuestión de Irlanda del Norte en principio resuelta. Es probablemente su logro político más importante. No obstante, el blairismo no ha dado una respuesta consistente a la cuestión territorial y de identidad de Gran Bretaña. La devolución de poder a Escocia y Gales, con la creación de sus respectivos parlamentos autonómicos, fue el arranque estelar de la era Blair, pero eso no ha hecho sino alentar los nacionalismos, y el Partido Nacional Escocés puede ganar esta semana por primera vez las elecciones de Escocia, con la propuesta de un referéndum de independencia. A la par que el proyecto de asambleas para las regiones de Inglaterra fue desechado, cada vez hay más voces que reclaman un Parlamento inglés, diferenciado del de Westminster. También la crecida inmigración ha enrarecido el debate sobre la britanidad y el modelo de multiculturalidad que antes se exhibía con orgullo ha sido puesto en duda tras las polémicas sobre el velo islámico y la aparición de células terroristas entre inmigrantes de segunda y tercera generación. En esa falta de una arquitectura acabada en el cuerpo del Nuevo Laborismo también hay que incluir la errática actitud respecto a la reforma de la Cámara de los Lores. Blair llegó con la idea de una cámara totalmente elegida, pero sólo se han realizado algunos retoques y la última propuesta aún habla de una composición mixta. Modernización cotidiana Britanidad en cuestión Blair no alcanza los once años y medio de Margaret Thatcher, pero ha marcado el destino del Reino Unido como en su día hizo la Dama de Hierro. Ella sustrajo a la industria de la garra de los sindicatos, avivó la economía con privatizaciones que otorgaron riqueza a las clases medias y su largo liderazgo dio confianza a los británicos en En 1998, el 67 por ciento de los británicos aprobaban la gestión de Blair; en 2006, su popularidad había bajado hasta el 23 por ciento. El partido laborista optó por acelerar su partida El ideólogo de la tercera vía recrimina el poco europeísmo del líder laborista E. J. B. LONDRES. El sociólogo y politólogo Anthony Giddens hace un balance positivo de los diez años de Tony Blair, pero su valoración no es entusiasta. Autor de La tercera vía (1998) Giddens contribuyó con sus ideas a la construcción del Nuevo Laborismo; al cabo de una década considera que a Blair le ha faltado una mayor persistencia ideológica en política doméstica y que ha fallado en su política internacional. Su crítica más clara se refiere al inefectivo europeísmo de Blair. Ha sido incapaz de invertir el euroescepticismo británico y de poner el Reino Unido en el centro de Europa. El país sigue siendo hoy el reacio europeo que era en 1997 declaró Giddens. Tony Blair, en la puerta del 10 de Downing Street REUTERS