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34 INTERNACIONAL MARTES 1 s 5 s 2007 ABC Florentino Portero TURCO EL DILEMA iles de turcos expresan en las calles su inquietud por el futuro de su país. Desde la revolución que liderara Ataturk, Turquía ha sabido superar el hundimiento del Califato y emprender el camino de la democracia y la modernización, con resultados notables. No puedo dejar de simpatizar con aquellos que expresan su temor porque su sistema de convivencia, su opción de progreso está en peligro. El peligro es real, Erdogan no es una garantía y son muchos los dirigentes islamistas que están dispuestos a conquistar el poder con las leyes democráticas para luego gobernar con la sharía. Sin embargo, el reto de la democracia turca es integrar a una parte de la población islamista para desbaratar los planes de los más radicales. Un sistema de convivencia no se puede articular contra la mayoría del país, algunos de sus argumentos son razonables, y los partidos laicos no siempre han sido modélicos en el respeto de la ley. Según los especialistas en el tema, el auge del islamismo en Turquía va unido a la migración campo- ciudad, un hecho traumático que en España vivimos intensamente en los años sesenta y setenta. Esa gente sufre el desarraigo y el choque de valores entre un mundo tradicional y unas urbes secularizadas. Es normal que reivindiquen unas señas de identidad que les permitan afrontar una situación difícil. Más aún, cuando en Turquía, como en el conjunto del Islam, las fuerzas islamistas gozan de una imagen de honradez y de sincera preocupación por la situación de los más humildes. Las Fuerzas Armadas, los demócratas turcos y la Unión Europea tenemos que actuar conjuntamente para facilitar la incorporación de ciertos sectores islamistas al sistema político, buscando un equilibrio entre su reivindicación de unos valores tradicionales y la democracia liberal. No va a ser fácil, pero no hay opción. Si lo conseguimos, Turquía será de nuevo un modelo de transición para el conjunto del Islam. Si fracasamos, el futuro nos deparará golpes de estado o un nuevo estado islamista. M La candidata socialista, Ségolène Royal, escucha ayer al líder altermundista y candidato en la primera vuelta, José Bové AFP Sarkozy rompe el tabú de la herencia política y social de Mayo del 68 Escozor en la izquierda francesa por la crítica del candidato conservador, que culpa a aquella corriente de los males de la educación francesa y del relativismo moral JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARIS. Ségolène Royal, socialista, partidos e intelectuales de izquierdas, solo han podido responder en orden disperso, confuso y sin vigor, contra los ataques a paso de carga de Nicolas Sarkozy, conservador, contra las herencias políticas, culturales y sociales del difunto pensamiento francés ligado a las jornadas de mayo de 1968. Daniel Cohn- Bendit, el más eminente de los actores de aquellas jornadas, euro diputado alemán hoy, reaccionó al ataque de Sarkozy denunciando su carácter bolchevique En boca de Conh- Bendit, bolchevique aspira a ser el insulto absoluto. Sin embargo, parte de la izquierda socialista, el PCF y todas las extremas izquierdas francesas continúan sintiendo una simpatía visceral por los mismos bolcheviques que Cohn- Bendit ya consideraba sus principales enemigos el mes de mayo del 68. Cohn- Bendit reconoce, al mismo tiempo, que mayo del 68 también tuvo cosas nefastas Ségolène, por su parte, reaccionó desconociendo profundamente en qué consistía el pensamiento 68, defendiendo la herencia tradicionalmente denunciada por Cohn- Bendit y sus amigos libertarios. Para Ségolène, los más positivo de aquellas jornadas fueron los acuerdos sociales de Grenelle, que, en su día, fueron denunciados por Cohn- Bendit como la traición suprema del PCF y la CGT, liquidando el movimiento estudiantil. Entre estudiantes, escritores, profesores, sindicalistas e intelectuales, destaca el silencio abismal ante las acusaciones de fondo de Nicolas Sarkozy: el anti autoritarismo del 68 liquidó la autoridad de maestros y profesores, contribuyó a dinamitar la escuela pública, aceleró la crisis de la universidad, aceleró la devaluación general de los títulos universitarios. Esa crítica de Sarkozy contra el relativismo moral asociado al 68 francés ha sido estudiada con mucha precisión por todos los sociólogos y analistas de la crisis de fondo del sistema escolar forjado por Jules Ferry, entre otros, a mediados del siglo XIX. Y el balance histórico, cultural y político es sencillamente devastador. Indisociable de la crisis generalizada del modelo escolar francés. En el terreno de las ideas, varios de los grandes protagonistas de las jornadas del mes de mayo de 1968, en París, comenzando por André Glucksman, votan hoy por Nicolas Sarkozy. Por razones culturales y políticas de fondo. Entre los pensadores y filósofos que vinieron más tarde, Luc Ferry es el autor de un ensayo de referencia sobre la defunción intelectual del pensamiento 68, vendido en centenares de millares de ejemplares desde hace veinte años. En el terreno de la política, eminentes personalidades de la izquierda cultural, como Max Gallo o Régis Debray, ya emitieron hace veintitantos años, serias dudas de fondo sobre una vieja herencia que comenzó siendo libertaria antes de precipitarse en el cinismo oportunista. Buena parte de la generación 68 comenzó en el maoísmo para acabar copando consejos de administración. En el terreno de la vida cívica, el 68 comenzó siendo una crítica radical contra la escuela y la universidad tradicionales... para convertirse pronto en un campo de ruinas morales: debajo de los adoquines de las grandes arterias del Barrio Latino no se encontró la playa de ningún mundo nuevo, sino la basura ética de un relativismo moral que terminó por hundir los cimientos de la antigua escuela pública. Los dirigentes socialistas, comunistas y troskistas que participan en la campaña presidencial han intentado maquillar sus discursos con viejas escarapelas de pasadas guerras. Quienes conocieron, conocen y sufren, en sus familias, la crisis global de la escuela y la universidad conocen a la perfección los estragos denunciados por Nicolas Sarkozy. De ahí, quizá, que los últimos sondeos continúen anunciando su victoria por 52 53 contra 48 ó 47. Eminentes personalidades de la izquierda cultural, como Max Gallo o Régis Debray, ya emitieron dudas sobre la herencia del 68, que comenzó siendo libertaria y se precipitó en cinismo oportunista