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4 OPINIÓN MARTES 1 s 5 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EL PODER EN TURQUÍA UANDO más cerca parecía encontrarse Turquía del ideal que diseñó Mustafá Kemal Ataturk hace ocho décadas, con medio pie en la puerta de la Unión Europea, la crisis política ha estallado con toda su virulencia. El Gobierno del islamo- conservador de Tayip Erdogan ha dado estabilidad al país y un respiro a la economía, además de haber logrado en Bruselas lo que ningún otro Ejecutivo había podido alcanzar, mientras que en el orden interno, tan sólo se había atrevido a pequeños amagos de rehabilitación de los signos externos musulmanes. En el fondo, los que desconfiaban de que Erdogan pudiera tener lo que se conoce como una agenda secreta seguían mirándolo con el rabillo del ojo, mientras el presidente de la República y, tras él, el Ejército se encargaban de guardar la puerta de las esencias laicas del kemalismo. Pero en cuanto los islamistas han querido imponer su mayoría absoluta para hacerse con el candado de la presidencia de la República, se han encendido todas las alarmas. Erdogan era el primero en saber que esto pasaría y no tenía ninguna necesidad de desencadenar una crisis que, en todo caso, podía estar seguro que iba a ser muy perjudicial para el país. En el puesto de presidente de la República, que encarna precisamente la garantía de unidad del país, no se puede intentar meter con calzador a una persona que suscita semejante división. Aunque el Tribunal Constitucional le dé la razón y por más que intente presentar a su candidato, el ministro de Asuntos Exteriores Abdullah Gul, como una figura razonable y moderada, sabe que una parte muy importante del país no se siente representado por él. Lo malo para los demócratas es que tampoco pueden exhibir como ejemplo el hecho de apoyarse en el comportamiento de los militares, que han vuelto a poner sobre la mesa sus argumentos golpistas, aunque esta vez lo hayan hecho con la postmoderna fórmula de colgar un comunicado en la página web. Pero este es el dilema de Turquía: es una democracia tutelada por el Ejército, que permitió hace tres años que aquellos que considera sus adversarios- -los islamistas- -probasen su lealtad gobernando el país. Y en este tiempo, estos no han logrado desembarazarse de una imagen según la cual su único interés por la democracia y las libertades sería utilizarlas para instaurar un régimen teocrático que acabaría con ellas. Esta vez ha aparecido como factor novedoso el hecho de que la Unión Europea haya salido en defensa del Gobierno islamista (los mismos islamistas que hace diez años se oponían abiertamente al ingreso de su país) y en contra de los militares, lo que no dejará de cultivar el asombro de los partidarios del laicismo, que eran tradicionalmente los fervientes pro- europeos. Es decir, que en el fondo se trata de un pulso entre dos fuerzas, una islámica y otra antirreligiosa, ambas caracterizadas por instrumentalizar la democracia para sus intereses. Al parecer, la verdadera democracia está lejos de Turquía, por desgracia. PULSO POR C LA JUSTICIA COMO ARMA ARROJADIZA A utilización de la Justicia como arma arrojadiza entre partidos políticos pasa factura cuando las resoluciones judiciales no se corresponden con las expectativas creadas. Sin embargo, lo más grave de esta manipulación de los derechos que la Constitución reconoce a los ciudadanos para acudir a los Tribunales es que nadie parece estar obligado a responder, ante ninguna instancia, de los juicios paralelos, de las acusaciones calumniosas ni de los daños al honor de las personas. Recientes y buenos ejemplos de estas carencias del sistema son la absolución del caso del lino y el archivo del presunto fraude electoral en Melilla. Ambos son paradigmas de utilización política de la justicia y del sentido oportunista con el que se pretende aplicar la ley penal. El juicio por el supuesto fraude del caso del lino fue impulsado por la Fiscalía Anticorrupción, cuando su superior era Carlos Jiménez Villarejo, últimamente interesado en sentar a José María Aznar en el banquillo por la intervención militar aliada en Irak. El caso del lino fue la coartada para una feroz campaña socialista contra la ministra de Agricultura, Loyola de Palacio, y para un ataque constante al Partido Popular en las elecciones locales de 2003, sobre todo, por parte del entonces candidato a la presidencia de Castilla- La Mancha, José Bono. La absolución de todos los acusados resuelve este episodio en su aspecto legal, pero deja pendientes otras cuestiones de muy difícil reparación, como los perjuicios morales y el engaño a los electores. No muy distinto ha sido el caso del inexistente fraude electoral en Melilla, presentado como un intento de pucherazo por parte del PP y resuelto con un auto de archivo de la juez de Instrucción, respecto del gerente de ese partido en la ciudad autónoma. El encargo de impresión de formularios para solicitar la documentación necesaria para votar por correo llevó a Zapatero a pedir que no se usaran métodos fraudulentos en las elecciones de 2007. Nada importaba que la falsificación era imposible pues tales impre- L sos no sólo carecen de números de serie, código de barras o sellos oficiales, sino que sólo son auténticos en cuanto son rellenados y presentados por cada elector ante la oficina de correos, siendo este trámite el único en el que cabría un falseamiento, pero no del documento, sino de la identidad del votante. Al final, parece que el problema es, únicamente, una discusión acerca de quién puede elaborar y distribuir los mencionados impresos. Y si el formulario que se presenta en correos no se corresponde con el modelo administrativo, simplemente se rechaza, como ya ha sucedido. Pero esto no es un delito de falsedad documental. El abuso de la persecución penal en el ámbito político durante esta legislatura empieza a ser una notoria infracción de los principios del sistema democrático y del Estado de Derecho. La forma sesgada con la que, por ejemplo, la Fiscalía General está tratando las denuncias por corrupción urbanística, según esté implicado el PP o el PSOE, está en abierta contradicción con el respeto que esa institución debe al principio de legalidad. Algunas de las detenciones de alcaldes y concejales, ordenadas por la Fiscalía y no siempre seguidas de medidas cautelares judiciales- -lo que no quiere decir que las imputaciones no tengan fundamento- constituyen una desproporción inconstitucional en el ejercicio de esa facultad del fiscal, que contrasta con la falta de interés- -rayana en la obstrucción- -que está mostrando en la depuración de responsabilidades en el caso Ciempozuelos que afecta de lleno al PSOE. La democracia española no debe convertirse en un paraíso de impunidad para quienes, por acción u omisión, vulneran sus funciones legales o aprovechan insidiosamente los procesos judiciales en beneficio propio o de intereses espurios. La responsabilidad es inherente al ejercicio de los derechos individuales y de la facultades públicas. Negarlo, como se está haciendo, va a convertir a España en una república bananera donde salga gratis violar las leyes y jugar sucio. SARKOZY Y LA BATALLA DE LAS IDEAS ICOLÁS Sarkozy, gran favorito ante la elección presidencial del próximo domingo en Francia, apuesta fuerte en el debate ideológico. Frente al predominio de la corrección política y la conversión del progresismo en una rutina burocrática, el candidato del centro- derecha proclama sin rodeos la defensa de valores que supuestamente ya no están de moda: esfuerzo, humanismo y orgullo de la propia Historia frente al relativismo y la indiferencia moral que identifica con el espíritu de mayo del 68 Desde una perspectiva espiritual, Benedicto XVI ha llamado la atención con frecuencia sobre la dictadura del nihilismo que atenaza a Occidente. Con Sarkozy, el pensamiento conservador y liberal renueva un mensaje positivo que ha sido víctima durante mucho tiempo de un extraño complejo frente a la izquierda. Ni siquiera la crisis del sistema soviético impide que los intelectuales supuestamente progresistas sigan impartiendo lecciones de democracia a pesar de que muchos de ellos no han renunciado a su simpatía por algunas dictaduras. Mientras la derecha se refugia en una gestión eficaz liberada de la política de ideas, el socialismo y sus afines mantienen el control sobre la lucha ideológica e imponen una determinada forma de ver el mundo. Como es notorio, el comportamiento electoral de muchos ciudadanos está directamente influido por este tipo de planteamientos. N De ahí la importancia de la confrontación intelectual que plantea Sarkozy. El centro- derecha no tiene por qué ocultarse ni debe sentir complejo alguno. Su contribución al mundo moderno ha sido determinante para configurar la democracia constitucional, la economía social de mercado y la sociedad de clases medias. Nadie de buena fe puede identificar a los teóricos de la libertad con ningún tipo de fascismo o totalitarismo. De ahí que el candidato vencedor en la primera vuelta haya logrado el apoyo de los sectores menos dogmáticos (y tal vez, menos subvencionados) del mundo cultural francés. La reacción de cierta izquierda anquilosada es fiel reflejo de su temor a ser derrotada en la batalla de las ideas. Tal vez no sea justo identificar a Ségolène Royal con mayo del 68 porque la candidata socialista ha defendido también el patriotismo y otras virtudes cívicas ajenas al relativismo. Sin embargo, es indudable que hay una izquierda de salón siempre dispuesta a buscar refugio en la cercanía del poder y ha imponer sus propias ideas a fuerza de descalificar a los demás. Sarkozy llama la atención sobre valores de gran relevancia y actualiza el discurso político de un amplio sector de ciudadanos que están hartos de sentirse menospreciados por ciertos dictadores del pensamiento Es una excelente oportunidad para replantear el debate ideológico frente al oportunismo de la política cotidiana.