Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
68 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 30 s 4 s 2007 ABC Veinticinco años de ambición Madonna cumple un cuarto de siglo en el mercado del disco, donde en la primavera de 1982 irrumpió con Everybody para ir transformándose en uno de los productos más depurados de la cultura de masas contemporánea JESÚS LILLO Quizá sea el desahogado Robbie Williams quien, de la mano de los Pet Shop Boys, mejor haya logrado expresar- -con una canción, cultivando el propio lenguaje de su ídolo y musa- -la fascinación que todavía hoy sigue generando la diva norteamericana, una mujer que en la letra de She s Madonna provoca la ruptura de una pareja de enamorados. Williams es el enésimo artista en rendirse a la reina del pop de consumo, figura capital de la industria del ocio cuya naturaleza y genética comerciales no han impedido que decenas de músicos- -de Mina a Björk, pasando por Devendra Banhart o Sonic Youth, que en 1988 llegaron a rebautizarse como Ciccone Youth- -se hayan aproximado a su estudio o su obra en el último cuarto de siglo. Y es que se cumple estos días el veinticinco aniversario de la edición de Everybody primer sencillo de Madonna, una efemérides que roza la categoría de histórica al registrar el estreno de uno de los productos más reconocibles de la cultura contemporánea. A diferencia de otros fenómenos musicales o artísticos, ligados a un tiempo cambiante y con fecha de caducidad, Madonna representa la supervivencia del personaje sobre las circunstancias medioambientales que impregnan su obra, a la vez que revela la capacidad de los grandes empresarios para convertir- -usar y tirar- -los resortes en lastre y forjar una marca comercial única y autosuficiente. El tramo final de la recesión económica de los primeros años ochenta fue el escenario pasajero de una primera función de frivolidad que Madonna ha conseguido prorrogar y representar a lo largo de las últimas décadas, por encima de finales de época, cambios de tercio y simples crisis de agotamiento. Tras asimilar la actitud chulesca del punk norteamericano Madonna no ha dejado de provocar el escándalo a pesar de haber cruzado la frontera de los cincuenta años y lo pirotecnia del primer hiphop, reproducir la calentura corporal de la era de las discotecas, memorizar la sintaxis del pop quinceañero, construir una imagen maleable y aprovechar las herramientas tecnológicas del momento- -promocionales o musicales, de la MTV a las remezclas discográficas de última generación- -Madonna se instaló en el mercado musical para ir transformándose en la marca registrada de una manera global de entender, animar y explotar la cultura de masas más accesible: la última aparición pública de la artista ha sido una monumental campaña publicitaria, paralela a la edición de su colección de ropa para la cadena H M, sellada con la firma de una mujer que, a sus cincuenta años y sin señales de desgaste, todavía es capaz de hacer pasar sus producciones por transgresoras para el gran público. Reducir la figura de Madonna a la de una cantante que, bien asesorada, se las apaña para reinventarse cada dos o tres temporadas y vender millones de discos es reducir al campo de la anécdota y los lugares comunes de la pista de baile la enorme figura de quien con sus astutos movimientos le ha puesto algo más que una discutible banda sonora al último cuarto de siglo, enorme escaparate en el que la cantante ha colocado películas, álbumes de fotos, documentales, libros, coreografías, carteles, sudaderas, video- clips y, llegado el caso, provocaciones: de la música ligera a la ligereza de unas formas artísticas cuya premeditada superficialidad no ha impedido que alcancen la categoría de clásicas. La crisis de la industria discográfica, base de operaciones de quien no ha dejado de ejercer de cantante, ahora metida a caprichosa realizadora de cine independiente, ha hecho mella en sus cifras de ventas, que han caído sensiblemente desde los más de veinte millones de ejemplares registrados por Like A Virgin o True Blue editados a mediados de la década de los ochenta, a menos de la mitad, cantidad que, sin embar- AP Resortes y lastres Madonna representa la supervivencia del personaje sobre las circunstancias medioambientales que impregnan su obra A sus cincuenta años, todavía es capaz de hacer pasar sus producciones por transgresoras Siempre por delante go, situó el último álbum de estudio de Madonna, el muy sonado, radiado y televisado Confessions On A Dance Floor en el número 1 de las listas de los principales mercados internacionales, por delante de una cada vez más nutrida generación de artistas que no ha dejado de imitar sus gestos. Conforme pasa el tiempo, cada vez le resultará más difícil a Madonna igualar sus marcas personales y seguir representando- -en sus clips musicales o en las atléticas puestas en escena de sus espectáculos en directo, genuinas y aceleradas óperas de tecnología punta- -su papel de joven rebelde sin caer en la parodia, algo que hasta ahora ha conseguido: con Hung Up su último y aún reciente éxito, Madonna volvía a bailar en la misma discoteca que hace ahora veinticinco años- Everybody, come on, dance and sing cantaba Madonna- -la vio nacer.