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66 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos ma década del penúltimo siglo aparece en París y en Berlín como vía de propaganda política, seguida de la primera publicidad y con la ingenuidad con que Alfons Mucha vende en sus carteles el primer chocolate Nestlé. En A la sombra de las muchachas en flor menciona Proust por primera vez, en 1918, un cartel que, a la puerta de una iglesia, convoca a votar; ese año, el cartel sería ya arma política en una Rusia necesitada de insuflar al pueblo la reciente revolución. Una aleccionadora exposición de carteles sobre la guerra de España desde la zona gubernamental, preparada por el Cervantes de Berlín sobre una colección de la Fundación Pablo Iglesias, coincide con la publicación de Soviet Posters de Maria Lafont, a partir de la colección privada del magnate ruso Sergo Grigorian, así como con la que en el Museo Histórico Alemán (DHM) confronta Arte y propaganda. La disputa entre las naciones 1930- 45 y varias muestras sobre el aniversario del bombardeo de Guernica que produjo el célebre megacartel de Picasso. Un nombre, el vizcaíno, más importante en todo caso en la historiografía bélica por haber ensayado el terror civil que por sus 300 muertos reales. Por su función educadora se ha apuntado que el cartel fuese heredero de las vidrieras de las catedrales pero, a diferencia de éste, las vidrieras no convocan a nada, sino que relatan una historia a quien ya tiene disposición de conocerla. Pero los escépticos con la imaginería religiosa tendrán más dificultad aún en explicarse la madonna laica y aria de Richard Heymann en Sonniges Leben (1939) el cartel de Viktor I. Goworkow titulado Stalin se preocupa por cada uno de nosotros La madre de los partisanos de Sergei W. Gerassimov, el Hitler de 1936 de El abanderado visto por Hubert Lanzinger con armadura medieval o la orignal escultura Perfil redondo del Duce de Renato Bertelli (1933) así como la pintura bélica de Tom Lea, uno de los artistas enviados al frente por Life revista que dedicó al presidente Franklin D. Roosevelt portadas dignas del NoDo. El Cervantes revisa el esfuerzo de los artistas reunidos LUNES 30- -4- -2007 ABC Miéntannos, pero con arte Una muestra de carteles republicanos de la guerra de España coincide en Berlín con otra del Museo Histórico Alemán sobre Arte y propaganda y con la publicación de Soviet Posters de Maria Lafont R. VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLIN. Todos a votar dice el bello cartel de 1947 de Sheberstov, y muestra al viejo campesino deteniendo su trineo ante el local electoral. No hace falta decir el qué- -no hay el qué- -pero sí llamar a votar y creer imperiosamente en ello en la URSS de Stalin. Cuántos mensajes políticos, del War on terror al No a la mentira pasando por el mero anagrama ZP se han basado sólo en su sonido, cuando no apenas en lo vistoso del envase. Los publicitarios lo descubrieron después: no hay propaganda mala. Así y en distintas medidas los filmes y carteles del feliz sueño americano, hasta el Ché de Korda, la cruzada de Franco, el célebre cuadro sauvez Madrid de Joan Miró o los carteles del progreso de la República, por Bardasano, rehenes de tanta legitimidad como real incapacidad. El siglo XX había encontrado una nueva arma política y legiones de artistas y poetas, de Maiakovski a Alberti, se entregaron abierta y ardientemente a la propaganda, de resultas de lo cual hoy se puede decir que pocas veces el arte se puso nunca tan al servicio del poder político. El cartel es una forma joven, apenas sólo en la penúlti- Imaginería religiosa Hoy sería impresentable un cartel como éste, El socialismo forja que Agusto realizó en 1937 ABC Durante el siglo XX el arte se puso al servicio de la propaganda política, ya fuera con el comunismo, el fascismo o el New Deal americano La fundación Peter Weiss intenta establecer el Día de la Mentira Política B. Klinch celebraba 1 de Mayo en Moscú con este cartel sobre la Utopía protagonizado por el padrecito Stalin ABC en torno a la República para poner a su servicio sus ideas y pinceles, pero marcados, como dice Julio Aróstegui en su prólogo, tanto por la incapacidad como por el sentimiento de legitimidad, además de por la marcada perspectiva internacional del conflicto y la propia revolución de las artes plásticas como canal popular. En Carteles de la guerra 1936- 39 se exhiben 81 piezas de gráficos reconocidos como Bardasano, Melendreras, Huertas, Parrilla, Pedrero, Oliver o Renau, además de extranjeros como Amster y varios anónimos. El DHM de Berlín divide su acercamiento entre arte y política, imágenes de los líderes, imágenes del trabajo y el desarrollo, imágenes del individuo