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22 ESPAÑA LUNES 30 s 4 s 2007 ABC EL OBSERVATORIO Germán Yanke EL FANTASMA DEL FRANQUISMO ARA mostrarse de acuerdo con el auto del juez Garzón sobre ANV el coordi, nador de Izquierda Unida asegura que lo hace frente al furor ilegalizador del PP Lo cierto es que, ante una decisión judicial, colocarse frente a quien pide la ilegalización (que, en este caso, no era tal, sino la suspensión de actividades, ni era el PP el actor) es situarse en el lugar del defensor. Resulta más lógico compartir la decisión del juez contrastándola con la interpretación que el propio Gaspar Llamazares haga de la ley, que con el PP Unos días atrás, el presidente del PNV José Jon Imaz- -más apreciado en la izquierda española que en determinados sectores de su partido- -advertía de los peligros de un ambiente guerracivilista añadiendo que, en esas malditas circunstancias, podría haber un atentado contra alguien del PP Lo cierto es, sin embargo, que en un ambiente guerracivilista (que no se ve por ningún lado) el peligro de recibir un tiro o un bombazo alcanzaría a los nacionalistas vascos. En las actuales, los únicos que están amenazados, escoltados y temerosos de convertirse aún más en víctimas son, junto a otros no nacionalistas, los afiliados al PP Porque no hay guerra, sino víctimas y verdugos. asi al mismo tiempo, el lehendakari Ibarretxe, estropeando lo que de memoria ejemplar podía tener la conmemoración del bombardeo de Guernica, mete de rondón la negociación con ETA y solicita que España pida perdón por los crímenes cometidos durante el régimen de Franco, en un intento de forzar al PSOE para colocarlo en su bando. Porque el bando eficaz parece ser el del antifranquismo más que el de la derecha, la izquierda, el liberalismo, el socialismo, el conservadurismo o el nacionalismo y su contrario. Hasta tal punto es así que una parlamentaria del PSOE en el País Vasco trata de zafarse diciendo que el Gobierno de Zapatero es heredero directo del Gobierno de la República contra el que se sublevaron las tropas franquistas Se diría quelos Gobiernos de la UCD y el PP y no se sabe si incluso los de Felipe González, no lo son. Pertenecen a lo que justifica cualquier política. El Gobierno viene desde hace tiempo no solamente argumentando con la derecha (más bien contra la derecha) sino que, además, legisla con la intención de crear un nexo entre la de- No hay que debatir propuestas, basta con decir que la del adversario es franquista; no hay que basar los acuerdos en programas verosímiles y fundamentados, basta la coalición de los pretendidos antifranquistas; no hay que escuchar los argumentos del PP, basta con situarlo en el inmovilismo del régimen autoritario P de los pretendidos antifranquistas; no hay que escuchar los argumentos del PP basta con si, tuarlo en el inmovilismo del régimen autoritario. En esas estamos. Los hijos y nietos de los franquistas se reparten entre la izquierda y la derecha indistintamente, lo que no pueden negar ni quienes hablan todo el tiempo de uno de sus abuelos, el antifranquista, para no tener que decir nada del otro, el franquista. Pero hay algunos que enarbolan el fantasma de Franco, como si estuviera vivo, para abofetear la sábana que han puesto sobre él. Muchos de ellos (y sus familias) vivieron acomodados y callados durante la dictadura y ahora se desquitan. Quizá crean que se desquitan de antiguos complejos pero, en realidad, lo que apartan es la capacidad de discutir ideológica y políticamente en la sociedad abierta que es hoy España. TA y Batasuna, cuyo carácter criminal no impide la inteligencia estratégica, aprovechan la vaciedad de los falsarios. En los comunicados de la banda exigen, para dialogar, que el Gobierno y sus socios se alejen de una derecha que se pinta como heredera del franquismo. Ahora, ANV para ocultar su dependencia electoral de Batasuna, dice que quienes pretenden impugnar sus listas son los vencedores de la Guerra Civil. Paradójica y tontamente, parece un subterfugio que funciona, como si las distintas opciones en la lucha antiterroristas fueran la franquista y la otra. Cuando no se puede defender que la propia haya sido siempre la ajustada a las exigencias del Estado de Derecho, la trampa dialéctica viene, además, muy bien. Cuando José María Aznar ganólas elecciones con mayoría absoluta dijo aquello de que la Guerra Civil había quedado atrás, es decir, se había disuelto en la realidad el convencimiento de que, en democracia, la derecha no podía ganar así porque se mantendrían los recelos de considerarla sucesora del franquismo. Sin embargo, la razón por la que el franquismo sigue teniendo ese peso simbólico es sorprendente, una mezcla de descalificaciones (en vez de programas) y complejos (en vez de programas) Lo que es evidente es que sólo puede subsistir, sólo puede tener virtualidad en una sociedad como la nuestra, cuando el debate intelectual se arrumba y se sustituye por... descalificaciones y complejos. La tentación totalitaria sobre la que escribió Jean François Revel, no era sólo la de los gobernantes, sino fundamentalmente la de los ciudadanos cuando se conforman con fantasmas y quieren hacer el esfuerzo, a veces costoso, de exigir sentido común y libertad. E C recha democrática de hoy y la dictadura del general Franco. Si no hay modo de defender, en el debate político, una propuesta, se arguye que lo contrario es franquismo o herencia del franquismo. Al mismo tiempo, todo el pasmoso despliegue en torno a la intrínseca contradicción de unir memoria e historia nos lleva, al estilo de los hermanos Kaczynski en Polonia, a un revisionismo político de la Historia que no es otra cosa que su burda manipulación partidista. Los gemelos, cuando no pueden defender racionalmente su estrambótica política, remueven el terreno en busca de antiguos comunistas, vinculan a sus opositores con la antigua dictadura y piden, para que no se oigan las voces críticas, gritos de desvinculación con el comunismo. Aquí, en España, resulta que, ante esta avalancha, no hay ningún Bronislaw Geremek que, como ha hecho el eurodiputado que fuera encarcelado por la dictadura comunista e ideólogo del sindicato de Walesa, se niegue a la pantomima sectaria del Gobierno polaco que obliga a firmar a funcionarios y cargos públicos una declaración de no ha- ber colaborado con los servicios secretos comunistas. Aquí la memoria, o su pretendido sucedáneo (o más bien la falta de memoria) sigue siendo un arma política porque, a diferencia de Geremek, hay muchos que, no habiéndolo sido antes, quieren ser antifranquistas treinta y dos años después de la muerte de Franco. No tiene riesgos y, aunque para ello haya que inventarse tanto un franquismo presente como una historia personal, se le ha encontrado una utilidad política palpable: no hay que debatir propuestas, basta con decir que la del adversario es franquista; no hay que basar los acuerdos en programas verosímiles y fundamentados, basta la coalición Si no hay modo de defender, en el debate político, una propuesta, se arguye que lo contrario es franquismo o herencia del franquismo