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ABC LUNES 30 s 4 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA ESA ADMIRABLE SENSATEZ DE CAMBÓ En el 60 aniversario de su muerte, el mejor homenaje que se puede hacer a Francesc Cambó es recordar su forma de actuar. Su legado. Su actualidad. Esa admirable sensatez que contrasta con la insensatez dominante en una Cataluña política que cada día se asemeja más a una ínsula barataria... ON el tiempo, los personajes históricos adquieren su dimensión exacta. Hablemos de Francesc Cambó. Conviene recuperar su figura, deformada por la opinión y la bibliografía poco amables. Francesc Cambó, por derecho propio, forma parte de la nómina- -no muy larga, por cierto- -de políticos sensatos que ha generado España. En el 60 aniversario de su muerte, nada mejor que reivindicar su legado. Nada mejor que reivindicar su actualidad. Nada mejor que reivindicar su sensatez política en unos tiempos en que la prudencia, la cordura y el buen juicio políticos no abundan en exceso por estos pagos. a biografía sucinta del personaje dice que Francesc Cambó (1876- 1947) fue un abogado, político y financiero que a finales del siglo XIX se incorporó al movimiento catalanista, participó en la creación de la Lliga Regionalista- -un partido interclasista bajo la hegemonía del catalanismo conservador y autonomista que se proponía defender los intereses de amplias capas sociales- ocupó los cargos de concejal del Ayuntamiento de Barcelona, diputado en el Congreso durante varias legislaturas y ministro de Fomento y Finanzas en un par de gobiernos de Antonio Maura. Con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera- -que fue bien vista por una Lliga que sufría en carne propia las consecuencias del pistolerismo y el llamado trienio bolchevique que ensangrentó las calles de Barcelona tras la crisis de 1917- Francesc Cambó se retiró de la política concentrando sus esfuerzos en el coleccionismo artístico, el mecenazgo cultural y el mundo de los negocios. La República- Visca Macià! Mori Cambó! exclamaban las izquierdas enfervorizadas- -condujo de nuevo a Francesc Cambó al Congreso de los Diputados. Cuando estalló el golpe de Estado de julio de 1936, Francesc Cambó- -detalle: en Cataluña la derecha fue perseguida, expropiada, encarcelada y fusilada- -prestó su apoyo a los rebeldes ofreciéndoles ayuda económica y propagandística. Acabada la Guerra Civil, desengañado por la política del Régimen, se afincó en Buenos Aires, donde murió mientras preparaba la reconstrucción de la Lliga y su regreso a España. etrás de esta vida, con algún que otro claroscuro- -no podía ser de otra manera en la España convulsa de la época- están una ideología y una forma de entender la política. ¿La Lliga Regionalista de Cataluña impulsada por Francesc Cambó? Conviene tomar nota del primer artículo de sus estatutos (1901) la Lliga tenía por objeto la defensa de los intereses y la reivindicación de los derechos de Cataluña, trabajando por todos los medios legales para conseguir la autonomía del pueblo Catalán dentro del Estado Español A partir de esta declaración de principios, Francesc Cambó fue elaborando el discurso y la práctica de un catalanismo moderado que reivindicaba la autonomía de Cataluña dentro de España, que se mo- C L vía en el marco de la legalidad constitucional, que apostaba por la negociación y el pacto con el Gobierno y la participación en las instituciones y la política españolas. Un discurso y una práctica que, además de oponerse al caciquismo que a la manera de la Restauración se había instalado en los ayuntamientos y diputaciones catalanes, se proponía modernizar Cataluña y España a través de reformas económicas, educativas, culturales y sociales que mejoraran la eficacia productiva y el bienestar de los ciudadanos. Y a Francesc Cambó la cosa- -sobre todo, la cosa política- -no le fue fácil si tenemos en cuenta que tuvo que hacer frente a las concepciones de, por ejemplo, un Enric Prat de la Riba- -alma mater de la Lliga- -que entendía que España no era una nación, sino un Estado o entidad artificial a diferencia de Cataluña, que era patria nacionalidad histórica y nación concebida como una entidad natural, necesaria, anterior y superior a la voluntad de los hombres, que no podían deshacerla ni mudarla Y Enric Prat de la Riba- -que hablaba en términos de raza y de nacionalismo lingüístico, que consideraba que el carácter catalán había degenerado al contactar con el español- -daba una vuelta de tuerca reivindicando el principio de las nacionalidades del siglo XIX según el cual a cada Nación un Estado Cosa que debía traducirse en la constitución de un Estado catalán en unión federativa con los Estados de las otras nacionalidades de España Un Estado catalán que debía incluir Valencia y Mallorca, el Principado y el Rosellón como paso previo a la creación de un imperio colonial catalán que pudiera tutearse con los imperios europeos del momento. Frente a todo eso, se erige la figura de Francesc Cambó, la figura del político sensato que no se rinde al antiespañolismo de la Lliga de Enric Prat de la Riba y rechaza el principio de las nacionalidades y el federalismo por considerarlos fracasados y germen de conflictos y enfrentamientos futuros. Nuestro político rehúsa actuar meramente de partido nacionalista planteando pleitos al Estado y prefiere actuar como hombres de gobierno presentando enmiendas que mejoren los proyectos gubernamentales. Y es por ello por lo que Francesc Cambó negocia con el Gobierno, pacta las cesiones inherentes a todo compromiso, no pretende forzar la legalidad en beneficio propio, forma parte de los gobiernos de la Restauración con la lucidez y generosidad del político con vocación de estadista que pone los intereses del todo por encima de los intereses de la parte. Y es por ello por lo que Francesc Cambó apoya el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932- -por cierto, convenientemente recortado por las Cortes de la República sin más lamentaciones, aspavientos y amenazas de la cuenta- -aduciendo que, además de reconocer la personalidad y autonomía de Cataluña como un hecho intrínsecamente español, permite solucionar el contencioso entre el autogobierno catalán y el gobierno español. En definitiva, si el problema catalán existe, debe resolverse involucrándose en la gobernación de una España de la cual se forma parte. Sensatez, decíamos más arriba. C D ualquier parecido con la actualidad es mera coincidencia. Quizá, hablando de sensatez, habría que pensar en Jordi Pujol. Nada que ver con Pasqual Maragall y José Montilla y sus adláteres republicanos y comunistas reciclados de verde, blanco y violeta. Nada que ver, tampoco, con la Convergència Democràtica de Catalunya de Artur Mas. ¿Unió Democràtica de Catalunya? Josep Antoni Duran Lleida se esfuerza, pero su partido es la pata débil de la federación de Convergència i Unió. Sí, están el Partit Popular de Catalunya y Ciutadans, aunque tienen pocos escaños en el Parlament del Parque de la Ciudadela de Barcelona. Pregunta: ¿por qué la manera de hacer de Francesc Cambó está excluida de la política catalana de hoy? Porque se aleja de la política nacionalmente correcta- -del Régimen- -instalada en Cataluña. En lugar de la integración de la parte en el todo, la afirmación heráldica. En lugar del compromiso, la confrontación. En lugar de la seriedad, la confusión y el exabrupto. En lugar de la implicación en el Gobierno de la nación, la sola gestión de la región. En lugar de la aceptación escrupulosa de la legalidad constitucional, la amenaza de rebelión ante cualquier recorte estatutario. En el 60 aniversario de su muerte, el mejor homenaje que se puede hacer a Francesc Cambó es recordar su forma de actuar. Su legado. Su actualidad. Esa admirable sensatez que contrasta con la insensatez dominante en una Cataluña política que cada día se asemeja más a una ínsula barataria. MIQUEL PORTA PERALES Crítico y escritor