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6 OPINIÓN DOMINGO 29 s 4 s 2007 ABC AD LIBITUM MÁRTIRES Y O DIFUNTOS L laicismo, el concepto de moda para la separación tradicional de las dos Españas, es una idea cambiante. Hace unos cuantos siglos, especialmente en Inglaterra, en el XVI, así se llamaba el movimiento que reivindicaba para los legos- -los seglares sin fuero eclesiástico- -el derecho a gobernar la Iglesia. Hoy, no sin matices y variaciones, solemos entender como laicismo la independencia del Estado, y del individuo, frente a las influencias religiosas. Naturalmente una larga historia nacional impregnada de un sentido teocrático del poder, y la utilización simbiótica de ese poder enM. MARTÍN tre la corona y la mitra, FERRAND suscitaron multitud de confusiones que, en lo bueno y en lo malo, aún sobreviven. Así, cuando estábamos en la crispada turbación que genera la sectaria memoria histórica con la que José Luis Rodríguez Zapatero, de un solo tiro, supera los complejos familiares y consuela- -mal e inoportunamente- -a la media España que perdió la Guerra Civil, la Conferencia Episcopal Española anuncia para el próximo otoño, en Roma, la beatificación de 498 víctimas de la otra media. El cuento de nunca acabar. Pero hay una diferencia notable que distingue estas dos pulsiones simultáneas. La tardía, interesada y provocadora iniciativa de Zapatero es la formulación de un Gobierno que debiera representar a las dos Españas, a las que se supone refundidas en una sola a partir de la Constitución del 78. No solo a la hemi- nación republicana. La iniciativa de la Iglesia afecta únicamente a sus fieles y se costea por sus propios medios. La reivindicación laicista es conveniente y necesaria. Muchos de los males, subterráneos y de superficie, que alteran la vida española arrancan de haber perpetuado más de la cuenta el cabildeo Iglesia- Estado que culminó sus excesos con el nacionalcatolicismo que conformó el franquismo. Erradicar esos excesos del pasado no conlleva el radicalismo hostil a la Iglesia y sus representantes y fieles. Ser ateo, o agnóstico, es, en principio, tan respetable como ser creyente católico o de cualquier otra confesión; pero se da el caso, típicamente español, de los antiteo. Gentes que odian irracionalmente cualquier manifestación de fe y devoción. Eso complica las cosas. El anuncio de la masiva beatificación de mártires de la persecución religiosa de los años treinta según el eufemismo de la Conferencia Episcopal, ha puesto en marcha la rabia de los antiteo, cuyo principal signo externo suele ser el anticlericalismo. ¿Por qué la Iglesia no puede honrar a sus difuntos como le venga en gana y con la solemnidad que se le antoje? Al final, de uno y otro lados, brota la intolerancia que, hay que temerlo, resulta esencial en la vida española. El laicismo y la fe católica no solo son compatibles; sino que su serena convivencia es, precisamente, la civilización cristiana. PROVERBIOS MORALES GARMENDIA tanto, escribió monografías sobre la guerra civil y la posOSÉ Mari Garmendia nació en Legorreta (Guipúzguerra, sacó su cátedra de Historia Contemporánea en la coa) hace cincuenta y cuatro años. Él tenía diecioUniversidad del País Vasco, dirigió congresos y tesis doccho y yo acababa de cumplir los veinte cuando nos torales y dejó, entre quienes lo conocieron, un recuerdo detuvieron juntos. Escapábamos de la policía, tras una amable. El cáncer se lo ha llevado el pasado miércoles. manifestación estudiantil, y con un admirable sentido No hay, sobra decirlo, nada similar a una raza vasca, de la orientación enfilamos por la calle Gordóniz, donde pero el país produce a veces tipos que parecen calcados se hallaba la Comisaría Central de Bilbao. Sólo tuvieron de los paradigmas que el arte o la literatura han propuesque estirar el brazo para trincarnos mientras pasábato como exponentes de un modo de ser e incluso mos por delante de la puerta. Dedicamos las sede una apariencia característica, y, en tal sentitenta y dos horas de confinamiento en el calabodo, José Mari Garmendia tenía algo de prototípizo a alabarnos mutuamente nuestras excelentes co, en la mejor acepción del término. Parecía sadisposiciones naturales para la guerrilla urbacado de un cuadro de los Zubiaurre o de los na y salimos del trance con una amistad indesArrúe: una de esas figuras asténicas, de perfil estructible y sendas multas gubernativas. tilizado, nariz afilada y un sempiterno rictus iróProcedía José Mari, como yo, de un entorno fanico que denotaba un espíritu burlón y tolerante. miliar nacionalista. A él le quedó esa ropa estreBarojiano, diría, si no temiese incurrir en un lucha antes que a mí, y contribuyó no poco a librarJON gar demasiado común. Euscaldún de cuna, su leme de los restos de semejante educación sentiJUARISTI ve tartamudeo producía una engañosa impremental. Era un ilustrado que, de haber caído en sión de timidez o inseguridad, pero estaba lejos de lo que el mundo dos siglos antes, habría sido un Caballerito de prescribe el tópico de la cortedad verbal de los vascos. Azcoitia, de la cuadrilla de Samaniego y del conde de PeEra, por el contrario, de una exactitud y una precisión ñaflorida. En aquellos primeros años setenta produjo prodigiosas en sus dos lenguas. Un falso aldeano en un tebastantes resmas de crítica marxista al nacionalismo, rritorio poblado por aldeanos indelebles disfrazados de papel cebolla clandestino firmado con un nombre de gueministros. rra fastuoso, Iratze, el helechal, que despistaba dobleAunque todo conspiraba para que su destino fuese comente al sugerir autoría femenina y efluvios de caserío. mo el de estos, José Mari supo agenciárselas por su cuenNada tenía José Mari de rural ni de epiceno, y mucho de ta para salir del bosque tenebroso en que su generación precoz intuición política. Antes de que Franco desapare- -la mía- -se extravió, y consiguió poner en el paisaje de ciera, abandonó la extrema izquierda y se transfirió al la regresión étnica una pincelada liberal que ahora se esPCE, donde, si no fue el más joven teórico vasco del eurofuma con su muerte. No ha alcanzado a oír la última bracomunismo (porque Hermann Tersch todavía gastaba vuconada del gobierno de Ibarreche- -la exigencia de pantalones cortos) llegó a ser, sin duda, el más brillante. que España pida perdón a los vascos por el bombardeo de El episodio eurocomunista fue en el país vasco breve Guernica- correlato obligado de la hipócrita contriy crepuscular. Antes de que concluyera, José Mari emción del lehendakari ante las víctimas del terrorismo. Peprendió su trayectoria académica con una rigurosa Hisro no me cuesta imaginar cuál habría sido su reacción, la toria de ETA, la primera de todas, que todavía hoy resulde Garmendia, con su acostumbrada justeza, desde la suta indispensable para documentarse sobre los orígenes perioridad que le otorgaba el saber histórico. Algo así code la banda. Volvió al mismo asunto en sus años finales, mo: Bu... bueno, va... vaya gilipollez O algo igualmenparticipando en una obra colectiva junto a Antonio Elorte definitivo. Te vamos a echar mucho de menos, Iratze. za, Florencio Domínguez, Patxo Unzueta y otros. Entre E J