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10- 11 S 6 LOS SÁBADOS DE DIENTES SANOS ciado a su labor educativa: A un chaval que hace algo reprobable en la calle o en un transporte público nadie le recrimina Para Urra habría que reformar la Ley del Menor, porque genera cierta indefensión en los padres: Hasta los 14 años, un menor que comete un delito es impune ante la ley. Esto habría que revisarlo. Se hizo para que los Servicios Sociales tomaran cartas en el asunto. Pero si esto no ocurre, ¿quién interviene? Se debería intervenir en algunos casos cuando un menor de 14 años empieza a cometer delitos. No con afán sancionador, sino para que vea que hay ciertos límites y que si los padres no se los ponen, lo hará la sociedad Para Siles a la hora de indagar en las causas es crucial tener en cuenta la transmisión de valores que está recibiendo el menor de su entorno social y lo que ve en televisión. Vivimos en una sociedad en la que impera el éxito rápido, sin valorar mucho los medios para conseguirlo. Y la televisión lo refleja. Incluso algunos programas muestran conductas verbales o físicas abiertamente violentas. Y estos programas que están entre los favoritos de los adoles- Errores más frecuentes: La psicóloga María Jesús Álava aconseja evitar: -Intentar ser colegas o querer comprarlos haciendo de bueno, porque es más fácil que ponerlos en su sitio. A veces no queda más remedio que asumir papeles incómodos. Hay que actuar con seguridad- -aunque en ocasiones sea difícil- -y transmitir ese sentimiento a los niños y adolescentes. -Protegerlos en exceso y hacer que el mundo gire en torno a ellos. Llega un momento en que pierden pie por completo y ya no saben dónde situarse. -Ceder constantemente para evitar conflictos y pensar que esto se pasará con el tiempo. -Intentar dialogar cuando el niño tiene actitudes violentas. Ante una conducta de este tipo- -en la que se transgreden las normas- -tiene que haber consecuencias claras. El diálogo habrá que dejarlo para cuando estén más calmados y en actitud de escucha. Los discursos en ese momento sirven de poco. Hasta que no ven las consecuencias de sus acciones en el día a día no van a reaccionar. Hay que unificar criterios en la pareja y a veces también con el resto de la familia y el colegio. -Cerrar los ojos ante síntomas que empiezan a aparecer y que suelen notar primero las personas del entorno. Es frecuente pensar que los demás son alarmistas o echar la culpa al otro miembro de la pareja, cuando en realidad se están cerrando los ojos a una realidad que resulta difícil afrontar. -Favorecer el consumismo. Muchas peleas con los niños y adolescentes, son precisamente por este motivo. -No ser más perseverante que ellos. Los adolescentes por principio son muy tenaces. Con paciencia y coherencia generalmente se logra encauzar la situación. Estrés y ansiedad l estrés y la ansiedad son dos factores de riesgo para la salud bucodental que en ocasiones pueden terminar produciendo la movilidad de los dientes y muelas y finalmente su caída. El estrés se puede definir como fuerza, presión o compulsión entre otras muchas definiciones. El estrés no debe implicar obligatoriamente daño, o ser dañino, puesto que tal estado de presión o compulsión representa una reacción de alerta, o sea, defensiva, por parte de nuestro organismo ante un peligro. Por este motivo nuestro cuerpo, responde liberando adrenalina que producida y segregada por las glándulas suprarrenales nos prepara para acometer cualquier situación difícil. Cuando el estrés y la ansiedad se produce de forma continuada, y no se consigue controlar se pueden crear alteraciones orgánicas y síquicas. Antes de que esto ocurra debemos reaccionar para evitar los síntomas que les voy a citar: dolor de cabeza, afecciones cutáneas, digestivas, aumento de la tensión arterial, daño cardíaco, desgaste de los dientes, sensibilidad dental que puede precisar de un tratamiento de endodoncia, para eliminar el nervio porque la sensibilidad se hace insoportable, en ocasiones se producen alteraciones de los tejidos que sostienen los dientes, e incluso es necesario la extracción de algunos de ellos. Por último se puede producir un desplome psíquico que puede originar depresión por agotamiento. En la ciudad es difícil, casi imposible, vivir sin un cierto grado de estrés. El ruido, el tráfico, la prisa, la competitividad laboral, y la incomunicación personal son un foco inagotable de estrés. ¿Qué podemos hacer? Técnicas de relajación, medicación si procede, acudir al dentista si nota sensibilidad en los dientes, dolores o molestias en los oídos, chasquidos, dolor de cabeza, inflamación continua de las encías y movilidad de las piezas dentales y desde luego siempre habrá que corregir los motivos o causas que lo originan y practicar 2 ó 3 veces por semana algún deporte o simplemente caminar. Cuide su boca. La boca es vida. E Por Luis Cabeza Ferrer Transmitir valores centes de alguna manera le sirven de modelos Aunque también es verdad, reconoce, que el tiempo del niño con los padres cada vez se reduce más y el grupo de amigos, los juegos de ordena- ABC dor, los chats y programas de la televisión tienen casi más influencia que los propios padres Los tres expertos coinciden en afirmar, sin embargo, que cargar las tintas sobre la familia y los padres no sería justo. Entre otras razones porque incluso desde algunos sectores profesionales se transmitió hace años la idea errónea de que a los niños había que dejarles en total libertad sin recriminarles su comportamiento. Y muchos padres dejaron de ejercer como tales, renunciando a su autoridad- -confundiendo el progresismo con la ausencia de normas- -y pasaron a ser colegas de sus hijos. Un tremendo error, según Álava, porque los chavales necesitan referencias y normas adecuadas a su edad. Y es que la importancia de poner límites es tal que no es infrecuente que los chavales más talluditos manifiesten a los psicólogos que los atienden: Yo creo que a mis padres no les importo nada, porque haga lo que haga nunca me regañan Aunque tan perjudiciales como la carencia de límites son los ambientes familiares en los que no hay una buena comunicación, advierte Siles. En su opinión, detrás de muchos casos de comportamientos límite tal vez no haya habido ese margen de comunicación que necesita un preadolescente para expresar sus emociones y opiniones en una familia que no le escucha, no le atiende, o no le pone límites. Si hubiera tenido ese espacio para expresar su propia rebeldía- -que, por otro lado, se considera normal en la adolescencia- -no tendría necesidad de llegar a relacionarse con otros chavales violentos o agresivos